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El síndrome que nadie conoce



Con una preocupación en ascenso, la comunidad nacional ha visto en la última semana cómo los medios revelan el incremento en el número de personas muertas, como consecuencia de lo que se ha llamado "el síndrome desconocido".
Dramático y lamentable clima, porque solo hace un par de años también en el Hospital Oncológico se registró una situación similar, aunque en ese caso se pudo determinar que se trató de un accidente y los responsables fueron señalados y llevados a los tribunales.
Independientemente de la forma que adopten, en el fondo la situación revela la misma deficiencia médico-administrativa que transforma a pacientes y hasta a personas sanas en víctimas de una inconsecuencia que de ninguna manera se puede seguir permitiendo. ¿Cómo se puede mantener la confianza en Instituciones que en lugar de cuidar y poner a salvo la vida, se han transformado en sospechosa cámara de incineración, por la irresponsabilidad y el descuido de quienes tienen el deber de estar vigilantes y prevenir situaciones como estas?
Lo primero es esa respuesta facilista a la que han acudido las autoridades de salud: "el síndrome desconocido". Es decir que los primeros responsables de la salud en el país no tienen ni la más remota idea de lo que ha sucedido y como infantes acorralados, han acudido a la ayuda internacional, donde, obvio, tampoco tienen idea de lo que ha acontecido. ¿Qué hacen entonces esas autoridades en sus puestos? Y no se trata siquiera de regímenes de turno. Lo será solo en la medida en que el gobierno actual no actúe con toda la energía que reclaman los hechos.
Se sabe que desde que la crisis estalló el presidente Martín Torrijos exigió al Ministro de Salud y al Director de la Caja de Seguro Social respuestas inmediatas y claras. ¿Se han producido, sin embargo?
No es posible que la degradación de la responsabilidad pública llegue a tal nivel. Somos una sociedad que pone en sus dirigentes una confianza que tiene que ser honrada, y que de lo contrario debe ser penada de manera ejemplar, porque además debe servir como referente para las administraciones futuras.
No es posible que la indiferencia política, esté por encima del dolor humano.

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