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El sofisma del índice predictivo


UNA SITUACIÓN en especial, que ha llamado poderosamente la atención recientemente, es lo que se suscitó con las pruebas de admisión en la Universidad de Panamá. Resulta, que debido al debacle de los resultados de los exámenes de admisión, se tuvo que bajar el índice predictivo de uno (1.00) a (0.71). Esta decisión del Consejo Académico de la Universidad de Panamá, ha traído consigo posturas adversas.
Nuestra posición, se basa en que lo "predictivo" no es más que indicativo, tal cual fue planteado por Einstein y Heisenberg, "la matemática rigurosa no refleja la realidad, nos aleja de ella". Y, esto es así, porque su génesis es reduccionista en vista que dada la influencia cartesiana "el todo lo dividen en parte", y ese indicador predictivo, no refleja el todo, sino, la parte estudiada. ¿Qué tendría que decir al respecto, los defensores del paradigma cartesiano frente a las recientes investigaciones de la inteligencia múltiples?
El principio de complementariedad de Heisenberg, que en esencia subraya la incapacidad humana de agotar la realidad desde una sola perspectiva, punto de vista, enfoque, óptica o abordaje, es decir, un solo intento de captarla. Como corolario, nos reitera Aristóteles: "el ser nunca se da a sí mismo como tal (y menos en su plenitud), sino sólo por medio de diferentes aspectos o categorías". Por esto, es necesario una racionalidad más respetuosa de los diversos aspectos del ser del pensamiento, una racionalidad múltiple. Habermas añade: "la racionalidad tendría que ser accesible al mismo tiempo en tres esferas del conocimiento especializado, es decir, creando una interacción sin restricciones de los elementos cognitivos con los prácticos, los morales y las expresiones estéticas".
Matizando lo anteriormente señalado, ¿dónde quedan los cartesianos ante los avances de la neurofisiología? Ahora, con recientes investigaciones que han demostrado que la predominancia hemisférica izquierda, arrinconó el desarrollo de la creatividad del ser humano, y que es necesario para un desarrollo pleno intelectual desde lo cognitivo hasta lo metacognitivo la participación de una postura más bifuncional; es decir, ambas estructuras hemisféricas. ¿Cuántos talentos han sido subvalorados y hasta desterrados por el desconocimiento de una interacción sin restricciones de los elementos cognitivos con los prácticos, los morales y las expresiones estéticas?
Por lo tanto, es menester un nuevo abordaje de la sociedad del aprendizaje, centrado más en las estructuras de pensamiento de quien aprende, y no sólo del que enseña. Esto, en la "jurisprudencia pedagógica", conlleva a la condición de mejores estrategias para construir el pensamiento y la inteligencia desde una visión transdisciplinaria, en donde no sólo se conjugan disciplinas, sino que además se integran, se fusionan y se replantean nuevas situaciones de aprendizaje. Esto, obviamente, demanda docentes con competencias profesionales transdiciplinarias con la finalidad, como bien dijo Tobón Sergio, "concebir al ser humano dentro de una multiplicidad de dimensiones interdependientes con un modo de pensar complejo y cuya realización se da compartiendo e interactuando con los otros y el contexto".
Se ha demostrado que el "índice predictivo", tal como está concebido en la realidad, se encuentra incompleto e inacabado, producto de su enfoque reduccionista; por lo tanto, no es recomendable usarlo como una tabla rasa "per sé", porque de ser así, es antipedagógico, discriminador y hasta deshumanizante, pues parafraseando a Aristóteles, se argumenta que todos los seres humanos tienen las mismas facultades (facultades para el conocimiento); lo que lo hace diferente es el uso que le dan a dichas facultades; por tanto, poseen una potencia (facultad) y esta se expresa en actos (actuaciones particulares). La potencia es posibilidad y el acto es lo que se da realmente, siendo el devenir el paso a la potencia al acto, de la materia a la forma, ¿entonces, el índice predictivo es potencia o es acto?
Einstein fue un claro caso de genio que tuvo éxito más en el "acto". Mozart, genio de la música erudita, es otro ejemplo, pues su padre (gran maestro) desde muy pequeño le desarrolló todo un componente de estructura mental; es decir, facilitó el aprendizaje para que su propio hijo lo potencializara hasta niveles de genialidad en cada unas de sus obras. Estas y otras vivencias del talento humano vistas desde otra perspectiva que no sea únicamente la cartesiana, ha conllevado a estudiar mejor el paradigma de la genialidad, no como la consecuencia exclusiva del mapa genético, sino que, además, como un desarrollo de cualidades de disciplina, perseverancia y motivos de compromiso éticos. Surge la premisa: "¡El genio se hace, no nace!"
Desconocer lo complejo de la conducta humana y su "factum sapiens", y reducirlo a la mera explicación cartesiana, es incurrir en apreciaciones y conductas peligrosas para el desarrollo del talento humano, con los consabidos juicios de mentes totalmente ignorantes y atrevidas que se permiten calificar con epítetos a aquellos que no lograr tal índice.
En consecuencia, el papel de la educación, es concretizar el devenir mediante el paradigma emergente (transdiciplinario) que le provee al estudiante una formación integral, mediante competencias profesionales en una sociedad de la incertidumbre.
¡Adiós!, a la subestimación de nuestros jóvenes y adultos panameños sobre su talento humano. Por el contrario, los momentos actuales y futuros nos obligan en repensar, conscientemente, el desarrollo y afianzamiento de la creatividad, la innovación, la idoneidad y el espíritu de excelencia, dentro del marco de la sociedad del aprendizaje y la formación del talento humano que requiere la sociedad actual.

101 años de Panamá América

 
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