El status quo en "standy by"
Panamá importa de todo, hasta los modelos económicos. El modelo económico actual relacionado con la globalización, está dirigido a buscar la eficiencia de los agentes económicos con el fin de elevar el grado de competitividad en los mercados. Para el sector primario de la economía esto implica un impacto traumático por carecer con antelación, del período de gracia indispensable para codearse con la mejor tecnología, que igualmente se importa, para asimilarla y adaptarla a las condiciones nuestras.
Los caminos conducen a la destrucción sistemática de la producción agropecuaria llevándose consigo a una parte importante de la mano de obra no calificada que será reconvertida en los principales centros urbanos del país, despoblando los campos y modificando sus formas de vida, para polarizar la estructura ocupacional hacia el sector servicios que nos viene de vocación desde la época colonial. Debemos reconocer que un 20% de la fuerza laboral que se concentra en las actividades del sector primario produce sólo un 10% del Producto Interno Bruto recayendo en los otros sectores el 90 por ciento de la generación de riqueza con una absorción de empleo del 80 por ciento.
Sabemos que este 10 por ciento no es suficiente para cubrir las necesidades de la población porque históricamente se han venido importando productos alimentarios que no se producen en las cantidades adecuadas o por falta de adaptación al rigor climático del país como son productos como: el trigo, la lenteja, ajo, etc. Se podría colegir que nuestro país al lograr satisfacer las necesidades alimentarias de la población, tendría un sector agropecuario con un nivel de participación en la economía mucho mayor, no obstante pueden pasar una buena pila de años para ver brotar de nuestros campos manzanas y uvas que sería como pedirle peras al olmo si es que encontramos olmos, ya que tampoco producimos peras.
Como lo anterior, quizás no suceda, tendremos que amoldarnos y absorber una cultura que de la moda, música y modismos abarque también los gustos culinarios de otras regiones más avanzadas todo a favor de singapurizar nuestro sistema productivo copiando a la vez las tomas de las costas para construir complejos hoteleros y condominios. El experimento puede resultar en provecho de la sociedad siempre que estemos seguros los panameños que eso es lo que queremos por conveniencia, pero, tomando las previsiones necesarias para que los futuros elevados ingresos per cápita, lleguen efectivamente a los grupos tradicionalmente marginados al incorporarnos a la nueva ola productiva, evitando con ello abrir más la brecha que separa a ricos y pobres. Por el contrario, si decidimos mantener el status quo o por mejor decir, dejarlo stand by mientras se oxigenan los productores agropecuarios no sabemos si saldrán de esta encrucijada como el Ave Fénix o como Lázaro de la cueva mortuoria, o para agonizar lánguidamente, o para morir dos veces, debido a la falta de brújula de la nave estatal o por rompimiento temporal con los esquemas de nuevo cuño, es conveniente que la pausa consiga fructificar las estrategias que debemos establecer para no entrar con las vestiduras rotas al concierto que amenizan los países que reparten las partituras para que la música suene a rock, vals o country.
En la República de Panamá, no conocemos cómo se preparan las ciudades para recibir a una masa laboral desplazada que, explorando otras áreas y condiciones de trabajo deseosos de abrirse paso en ambientes diferentes jefaturados a punta de saco y corbata, puede original nuevos cordones de pobreza y emplazamientos en condiciones deprimentes, de promiscuidad y miseria, o acrecentar los problemas de las áreas citadinas existentes sino aclaramos el panorama al borde del principio de un nuevo milenio.
La dirección a escoger depende del concepto de nación que queremos sin soslayar los evidentes cambios que se están dando en la comunidad internacional no para estar a la par de los grandes centros de política, riqueza, cultura y tecnología sino avanzar atrás en paralelo y no en vía contraria para evitar el impacto de la colisión.
Los caminos conducen a la destrucción sistemática de la producción agropecuaria llevándose consigo a una parte importante de la mano de obra no calificada que será reconvertida en los principales centros urbanos del país, despoblando los campos y modificando sus formas de vida, para polarizar la estructura ocupacional hacia el sector servicios que nos viene de vocación desde la época colonial. Debemos reconocer que un 20% de la fuerza laboral que se concentra en las actividades del sector primario produce sólo un 10% del Producto Interno Bruto recayendo en los otros sectores el 90 por ciento de la generación de riqueza con una absorción de empleo del 80 por ciento.
Sabemos que este 10 por ciento no es suficiente para cubrir las necesidades de la población porque históricamente se han venido importando productos alimentarios que no se producen en las cantidades adecuadas o por falta de adaptación al rigor climático del país como son productos como: el trigo, la lenteja, ajo, etc. Se podría colegir que nuestro país al lograr satisfacer las necesidades alimentarias de la población, tendría un sector agropecuario con un nivel de participación en la economía mucho mayor, no obstante pueden pasar una buena pila de años para ver brotar de nuestros campos manzanas y uvas que sería como pedirle peras al olmo si es que encontramos olmos, ya que tampoco producimos peras.
Como lo anterior, quizás no suceda, tendremos que amoldarnos y absorber una cultura que de la moda, música y modismos abarque también los gustos culinarios de otras regiones más avanzadas todo a favor de singapurizar nuestro sistema productivo copiando a la vez las tomas de las costas para construir complejos hoteleros y condominios. El experimento puede resultar en provecho de la sociedad siempre que estemos seguros los panameños que eso es lo que queremos por conveniencia, pero, tomando las previsiones necesarias para que los futuros elevados ingresos per cápita, lleguen efectivamente a los grupos tradicionalmente marginados al incorporarnos a la nueva ola productiva, evitando con ello abrir más la brecha que separa a ricos y pobres. Por el contrario, si decidimos mantener el status quo o por mejor decir, dejarlo stand by mientras se oxigenan los productores agropecuarios no sabemos si saldrán de esta encrucijada como el Ave Fénix o como Lázaro de la cueva mortuoria, o para agonizar lánguidamente, o para morir dos veces, debido a la falta de brújula de la nave estatal o por rompimiento temporal con los esquemas de nuevo cuño, es conveniente que la pausa consiga fructificar las estrategias que debemos establecer para no entrar con las vestiduras rotas al concierto que amenizan los países que reparten las partituras para que la música suene a rock, vals o country.
En la República de Panamá, no conocemos cómo se preparan las ciudades para recibir a una masa laboral desplazada que, explorando otras áreas y condiciones de trabajo deseosos de abrirse paso en ambientes diferentes jefaturados a punta de saco y corbata, puede original nuevos cordones de pobreza y emplazamientos en condiciones deprimentes, de promiscuidad y miseria, o acrecentar los problemas de las áreas citadinas existentes sino aclaramos el panorama al borde del principio de un nuevo milenio.
La dirección a escoger depende del concepto de nación que queremos sin soslayar los evidentes cambios que se están dando en la comunidad internacional no para estar a la par de los grandes centros de política, riqueza, cultura y tecnología sino avanzar atrás en paralelo y no en vía contraria para evitar el impacto de la colisión.