El subdesarrollo y el factor humano
Cuando hace unos años apareció públicamente el término "subdesarrollo", y países subdesarrollados, entramos en una etapa nueva a la cual nos habían llevado las coyunturas circunstanciales, tal vez los cambios de la postguerra, y el distanciamiento generacional que permitieron ambiciones en los hombres poderosos que manejaron las riquezas distribuyéndolas desequilibradamente.
De allí viene la diferencia que se ha dado en llamar el desarrollo y el subdesarrollo.
Generalmente, cuando algo sale bien, o las circunstancias se presentan positivamente, nos damos los méritos a nosotros mismos, sin pensar siquiera en lo circunstancial ni en los instintos. Pero, cuando la vida nos golpea y la desesperanza se apodera de nosotros, tendemos a culpar a alguien que no sea uno mismo, de los males que nos aquejan. Los pobres culpan a los ricos; los ricos consideran que los pobres no están a la altura de la situación y son culpables del fracaso de su negocio. Los hijos culpan a los padres; los padres, a los maestros ... y así continúa la cadena interminable.
Desde luego, los países pobres culpan a los ricos por su pobreza. Yo, personalmente, no comparto esa teoría que no busca más que lavar nuestras manos y responsabilizar a otros por lo que no hemos sabido hacer. No señores, el subdesarrollo es producto de la forma de pensar y de actuar de cada ser humano, de cada habitante. Cuando se piensa como pobre, como inútil, como rezagado, se termina siendo un acomplejado, un ser sin motivación, sin deseos de superación.
En la sociedad de libre consumo existen los que tienen las posibilidades de inventar, de crear, de producir, y esto no podemos criticarlo. Gracias a ellos, los menos favorecidos estamos en condiciones de aprovechar sin riesgos, lo que aquellos lograron con dificultad. Lo malo es cuando nos acostumbramos a vivir en segundo plano, y no tenemos incentivos de producción y creatividad.
Entonces, el subdesarrollo está en nuestras mentes. Cuando violamos las leyes y reglamentos, actuamos con subdesarrollados. Cuando nos estancamos en las decisiones, cuando nos corrompemos, cuando hacemos gobiernos poco serios, demostramos subdesarrollo. Cuando pensamos que otros son mejores que nosotros y por lo tanto tienen la culpa de nuestras desgracias, estamos propiciando el subdesarrollo.
Si no nos consideramos aptos para llevar a cabo un trabajo, una obra, o para afrontar la vida con responsabilidad, jamás saldremos de la pobreza, trátese de las personas o de los países.
Los únicos culpables somos nosotros mismos que no cambiamos nuestro interior para ser mejores, para ser felices, para reír, para superar las circunstancias y salir adelante. En nuestro pensamiento y en las actitudes está la culpabilidad de los males que nos aquejan.
Recuerden: quien vive como pobre, será pobre. Quien piensa como mísero vivirá siempre en la miseria, sea esta material o emocional. Quien anda mal, mal acaba. Por esto debemos cambiar nuestros pensamientos y actitudes.
De allí viene la diferencia que se ha dado en llamar el desarrollo y el subdesarrollo.
Generalmente, cuando algo sale bien, o las circunstancias se presentan positivamente, nos damos los méritos a nosotros mismos, sin pensar siquiera en lo circunstancial ni en los instintos. Pero, cuando la vida nos golpea y la desesperanza se apodera de nosotros, tendemos a culpar a alguien que no sea uno mismo, de los males que nos aquejan. Los pobres culpan a los ricos; los ricos consideran que los pobres no están a la altura de la situación y son culpables del fracaso de su negocio. Los hijos culpan a los padres; los padres, a los maestros ... y así continúa la cadena interminable.
Desde luego, los países pobres culpan a los ricos por su pobreza. Yo, personalmente, no comparto esa teoría que no busca más que lavar nuestras manos y responsabilizar a otros por lo que no hemos sabido hacer. No señores, el subdesarrollo es producto de la forma de pensar y de actuar de cada ser humano, de cada habitante. Cuando se piensa como pobre, como inútil, como rezagado, se termina siendo un acomplejado, un ser sin motivación, sin deseos de superación.
En la sociedad de libre consumo existen los que tienen las posibilidades de inventar, de crear, de producir, y esto no podemos criticarlo. Gracias a ellos, los menos favorecidos estamos en condiciones de aprovechar sin riesgos, lo que aquellos lograron con dificultad. Lo malo es cuando nos acostumbramos a vivir en segundo plano, y no tenemos incentivos de producción y creatividad.
Entonces, el subdesarrollo está en nuestras mentes. Cuando violamos las leyes y reglamentos, actuamos con subdesarrollados. Cuando nos estancamos en las decisiones, cuando nos corrompemos, cuando hacemos gobiernos poco serios, demostramos subdesarrollo. Cuando pensamos que otros son mejores que nosotros y por lo tanto tienen la culpa de nuestras desgracias, estamos propiciando el subdesarrollo.
Si no nos consideramos aptos para llevar a cabo un trabajo, una obra, o para afrontar la vida con responsabilidad, jamás saldremos de la pobreza, trátese de las personas o de los países.
Los únicos culpables somos nosotros mismos que no cambiamos nuestro interior para ser mejores, para ser felices, para reír, para superar las circunstancias y salir adelante. En nuestro pensamiento y en las actitudes está la culpabilidad de los males que nos aquejan.
Recuerden: quien vive como pobre, será pobre. Quien piensa como mísero vivirá siempre en la miseria, sea esta material o emocional. Quien anda mal, mal acaba. Por esto debemos cambiar nuestros pensamientos y actitudes.