El subsidio a los partidos políticos
No hay duda de que otorgar más de 15 millones en un período de cinco años a los partidos políticos es una medida polémica e impopular. La mayoría de la población piensa que el país tiene necesidades mucho más apremiantes y que los partidos no representan los intereses de las mayorías.
En el siglo XVII sólo las personas adineradas podían acceder al poder, fue entonces cuando surgieron espontáneamente los partidos políticos tal como los conocemos hoy, constituyéndose en intermediarios entre la sociedad civil y el Estado y como un medio para institucionalizar los conflictos sociales. También es cierto que la aversión a los partidos políticos es tan antigua como ellos mismos.
No sé si en otras latitudes sucede igual, pero en Panamá la satanización de los partidos se ha convertido en moda y en una de las maneras más efectivas que tienen los medios de comunicación para captar la atención de la ciudadanía. Pienso que, al igual que muchas instituciones, los partidos políticos son en parte víctimas del cambio de época que estamos viviendo, en la cual los cambios tecnológicos hacen que la vida en todas sus facetas sea demasiado rápida como para que entidades como la familia, la iglesia, la educación y los partidos, entre otros, respondan adecuadamente a las necesidades de la gente.
Los partidos hoy se encuentran ante la encrucijada de democratizarse o modernizarse. En primera instancia pareciera que una medida excluye a la otra, puesto que la democratización implica la consulta permanente para cada decisión importante que se tome en la agrupación política, este proceso es lento y difícil; mientras que la modernización exige la rápida acción del partido frente al acontecer nacional y las necesidades de la gente.
Si entendemos la democracia no en su acepción ideal, sino tomando en cuenta sus posibilidades reales de tipo procedimental, entonces quizás encontremos una justificación al subsidio de los partidos políticos panameños. Para lograr un balance entre modernización y democratización debe existir la posibilidad de arrebatarle el financiamiento de los partidos a las elites económicas que actualmente cargan con los costos de su funcionamiento. Si el Estado aporta dinero para el funcionamiento de los partidos, se abre la posibilidad de que la ciudadanía en general pueda participar sin preocuparse en aportar parte de su patrimonio económico. De esta forma podrán tener acceso a los cargos de dirección a lo interno de los partidos y tomar decisiones rápidas y acordes a los intereses de las mayorías que representan. El subsidio a los partidos políticos es una forma de fortalecer el sistema democrático real y por ende al país.
Mi pregunta es ¿están los ciudadanos dispuestos a participar? Es más fácil criticar las cosas desde afuera, que hacerlas desde adentro. En nuestro querido país la opinión pública ha dibujado una caricatura del político sin tomar en cuenta los grandes sacrificios que se hacen para estar en política; se le quita tiempo a la familia, hay que actualizarse constantemente, se sacrifican las relaciones interpersonales, no se duerme bien y se adquieren compromisos con la gente. ¿Cuántos están dispuestos a hacer todo esto teniendo como norte un mejor país?
No ignoro las grandes y justificadas decepciones sufridas por la gente gracias a las malas prácticas de los partidos (ninguno se salva), pero debemos tomar en cuenta que éstos no son entes extraterrestres que aterrizaron aquí para hacernos daño. Ellos no son más que el reflejo de lo que todos somos como sociedad y hacen lo que les permitimos hacer. Ensayemos diferentes formas de fortalecer nuestro sistema democrático real participando activamente en la vida política. Lo podemos hacer desde las agrupaciones de la sociedad civil o desde los partidos políticos, aunque la naturaleza de las organizaciones de la sociedad civil se trastocaría si tuvieran como razón de ser el acceso directo al poder. Para eso están los partidos, escojan y militen en el que más les agrade.
En el siglo XVII sólo las personas adineradas podían acceder al poder, fue entonces cuando surgieron espontáneamente los partidos políticos tal como los conocemos hoy, constituyéndose en intermediarios entre la sociedad civil y el Estado y como un medio para institucionalizar los conflictos sociales. También es cierto que la aversión a los partidos políticos es tan antigua como ellos mismos.
No sé si en otras latitudes sucede igual, pero en Panamá la satanización de los partidos se ha convertido en moda y en una de las maneras más efectivas que tienen los medios de comunicación para captar la atención de la ciudadanía. Pienso que, al igual que muchas instituciones, los partidos políticos son en parte víctimas del cambio de época que estamos viviendo, en la cual los cambios tecnológicos hacen que la vida en todas sus facetas sea demasiado rápida como para que entidades como la familia, la iglesia, la educación y los partidos, entre otros, respondan adecuadamente a las necesidades de la gente.
Los partidos hoy se encuentran ante la encrucijada de democratizarse o modernizarse. En primera instancia pareciera que una medida excluye a la otra, puesto que la democratización implica la consulta permanente para cada decisión importante que se tome en la agrupación política, este proceso es lento y difícil; mientras que la modernización exige la rápida acción del partido frente al acontecer nacional y las necesidades de la gente.
Si entendemos la democracia no en su acepción ideal, sino tomando en cuenta sus posibilidades reales de tipo procedimental, entonces quizás encontremos una justificación al subsidio de los partidos políticos panameños. Para lograr un balance entre modernización y democratización debe existir la posibilidad de arrebatarle el financiamiento de los partidos a las elites económicas que actualmente cargan con los costos de su funcionamiento. Si el Estado aporta dinero para el funcionamiento de los partidos, se abre la posibilidad de que la ciudadanía en general pueda participar sin preocuparse en aportar parte de su patrimonio económico. De esta forma podrán tener acceso a los cargos de dirección a lo interno de los partidos y tomar decisiones rápidas y acordes a los intereses de las mayorías que representan. El subsidio a los partidos políticos es una forma de fortalecer el sistema democrático real y por ende al país.
Mi pregunta es ¿están los ciudadanos dispuestos a participar? Es más fácil criticar las cosas desde afuera, que hacerlas desde adentro. En nuestro querido país la opinión pública ha dibujado una caricatura del político sin tomar en cuenta los grandes sacrificios que se hacen para estar en política; se le quita tiempo a la familia, hay que actualizarse constantemente, se sacrifican las relaciones interpersonales, no se duerme bien y se adquieren compromisos con la gente. ¿Cuántos están dispuestos a hacer todo esto teniendo como norte un mejor país?
No ignoro las grandes y justificadas decepciones sufridas por la gente gracias a las malas prácticas de los partidos (ninguno se salva), pero debemos tomar en cuenta que éstos no son entes extraterrestres que aterrizaron aquí para hacernos daño. Ellos no son más que el reflejo de lo que todos somos como sociedad y hacen lo que les permitimos hacer. Ensayemos diferentes formas de fortalecer nuestro sistema democrático real participando activamente en la vida política. Lo podemos hacer desde las agrupaciones de la sociedad civil o desde los partidos políticos, aunque la naturaleza de las organizaciones de la sociedad civil se trastocaría si tuvieran como razón de ser el acceso directo al poder. Para eso están los partidos, escojan y militen en el que más les agrade.