El suicidio (II)
El ser humano es el único animal que puede justificar una agresión hacia sí mismo (suicidio) o hacia otro (homicidio), justificación que indica que más allá de todo acto, el hombre está sujeto a las estructuras del lenguaje.
Dicha justificación se fundamenta, por ejemplo, en creencias que controlan la vida de una persona y que la llevan a mantener ideales, aunque estén destinados al fracaso.
El hombre es fácilmente adoctrinable, se ajusta muy bien a las doctrinas. En el caso de los suicidas terroristas, queda perfectamente evidenciado que un ideal pesa más que la propia vida y que el instinto de auto conservación no existe en el ser humano.
Cada persona está sujeta a una estructura de creencias que lo hace comportarse de tal o cual manera. Estas creencias están determinadas por su individualidad, experiencias, formación intelectual, influencias sociales y familiares.
Enrique Rojas (psiquiatra español), hace ya varios años, indicó la existencia de una sociedad orientada hacia cuatro principios que imponen la dinámica de la vida post moderna: Permisivismo, consumismo, relativismo y el hedonismo. Hablamos aquí de una vida de la ligereza, de la instantaneidad, la búsqueda incesante de placer instantáneo, y la acumulación de bienes materiales marcan el sentido de la existencia.
El permisivismo y el relativismo se refieren a una sociedad moralmente flexible, donde todo es permitido, porque todo es relativo, ya que no existen líneas claras entre lo bueno y o malo.
Esta flexibilidad moral, junto al principio del consumismo hedonista, hace vulnerable al hombre a caer en cuadros depresivos, pues todo razonamiento, todo ideal del psiquismo, gira en torno a estos parámetros. A esto agreguemos que los seres humanos tienen una tendencia a derrotarse a sí mismos por ser hedonistas a corto plazo, y conseguir beneficios inmediato más que a largo plazo.
En nuestro país hasta hace poco se suscitó una especie de suicidios masivos, lo que pudo estar determinado por una caotización social, en la cual, a través de los medios de comunicación, la tragedia de otros era proyectada, y que en cada caso particular existía gente que se identificaba con la misma, como si cada quien, en sus problemas individuales, copiara el comportamiento del otro.
El problema es que en Panamá la gente no recurre a psicoterapias, básicamente por ignorancia cultural, pues es más fácil buscar la ayuda de un astrólogo o esotérico que la de un profesional.
Pienso que una psicoterapia llevada por un profesional reduciría en gran medida la incidencia de suicidios, ya que un individuo con ideas suicidas o cuadros melancólicos, en sesiones terapéuticas articularía en el discurso la información que mentalmente retiene. Pues, el problema de la depresión es también un problema de "cerrazón"; es decir, la persona se encierra en sí, se aísla social y voluntariamente, la cual la vulnera aún más.
La perdida de apetito, el insomnio, el aislamiento social voluntario, dificultades familiares serias, inclusive, tentativas de suicidio, son síntomas que deben tenerse en cuenta para detectar un posible suicidio.
También es importante mencionar que sólo un 25 % de las personas que expresan su intención de suicidarse, lo hace; y un 50% de los que se suicidan atraviesa por cuadros depresivos. Es por ello que el suicidio, en ciertas circunstancias, es inesperado y sorpresivo, y solamente ciertos parámetros teóricos, como el principio del narcisismo, podrían explicar tales eventos.
Dicha justificación se fundamenta, por ejemplo, en creencias que controlan la vida de una persona y que la llevan a mantener ideales, aunque estén destinados al fracaso.
El hombre es fácilmente adoctrinable, se ajusta muy bien a las doctrinas. En el caso de los suicidas terroristas, queda perfectamente evidenciado que un ideal pesa más que la propia vida y que el instinto de auto conservación no existe en el ser humano.
Cada persona está sujeta a una estructura de creencias que lo hace comportarse de tal o cual manera. Estas creencias están determinadas por su individualidad, experiencias, formación intelectual, influencias sociales y familiares.
Enrique Rojas (psiquiatra español), hace ya varios años, indicó la existencia de una sociedad orientada hacia cuatro principios que imponen la dinámica de la vida post moderna: Permisivismo, consumismo, relativismo y el hedonismo. Hablamos aquí de una vida de la ligereza, de la instantaneidad, la búsqueda incesante de placer instantáneo, y la acumulación de bienes materiales marcan el sentido de la existencia.
El permisivismo y el relativismo se refieren a una sociedad moralmente flexible, donde todo es permitido, porque todo es relativo, ya que no existen líneas claras entre lo bueno y o malo.
Esta flexibilidad moral, junto al principio del consumismo hedonista, hace vulnerable al hombre a caer en cuadros depresivos, pues todo razonamiento, todo ideal del psiquismo, gira en torno a estos parámetros. A esto agreguemos que los seres humanos tienen una tendencia a derrotarse a sí mismos por ser hedonistas a corto plazo, y conseguir beneficios inmediato más que a largo plazo.
En nuestro país hasta hace poco se suscitó una especie de suicidios masivos, lo que pudo estar determinado por una caotización social, en la cual, a través de los medios de comunicación, la tragedia de otros era proyectada, y que en cada caso particular existía gente que se identificaba con la misma, como si cada quien, en sus problemas individuales, copiara el comportamiento del otro.
El problema es que en Panamá la gente no recurre a psicoterapias, básicamente por ignorancia cultural, pues es más fácil buscar la ayuda de un astrólogo o esotérico que la de un profesional.
Pienso que una psicoterapia llevada por un profesional reduciría en gran medida la incidencia de suicidios, ya que un individuo con ideas suicidas o cuadros melancólicos, en sesiones terapéuticas articularía en el discurso la información que mentalmente retiene. Pues, el problema de la depresión es también un problema de "cerrazón"; es decir, la persona se encierra en sí, se aísla social y voluntariamente, la cual la vulnera aún más.
La perdida de apetito, el insomnio, el aislamiento social voluntario, dificultades familiares serias, inclusive, tentativas de suicidio, son síntomas que deben tenerse en cuenta para detectar un posible suicidio.
También es importante mencionar que sólo un 25 % de las personas que expresan su intención de suicidarse, lo hace; y un 50% de los que se suicidan atraviesa por cuadros depresivos. Es por ello que el suicidio, en ciertas circunstancias, es inesperado y sorpresivo, y solamente ciertos parámetros teóricos, como el principio del narcisismo, podrían explicar tales eventos.