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El suplicio diario de los niños palestinos


Imagine las repercusiones políticas si todos los niños y niñas en Panamá hubieran perdido dos meses de clases el año pasado, porque los profesores no pudieron llegar al colegio. Piense en la angustia de los padres y el escándalo si el sistema educativo en el país viera que las notas aprobatorias en los exámenes de español han caído del 71% al 38% en un año. Ahora, imagine a su propio hijo, traumatizado por el terror de que cada día el camino al colegio significa pasar por tanques, soldados y puntos de control. Esta pesadilla es la realidad que encaran los padres y profesores palestinos y cerca de un millón de alumnos palestinos -equivalente a la población escolar de una capital europea principal - en la Franja de Gaza y Cisjordania, después de dos años de Intifada.
Las principales causas de la crisis educacional son los toques de queda y los cierres impuestos por las autoridades de Israel en su intento por hacer frente a los militares palestinos. Estos han afectado el programa educativo de la Autoridad Palestina y las Naciones Unidas. La ONU, a través de su Organismo de Socorro para los Refugiados Palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés), tiene a su cargo 264 colegios para casi 250,000 alumnos en Gaza y Cisjordania. El año pasado, se perdieron un promedio de 29 días de clases por colegio debido a que el personal o los alumnos no pudieron llegar a las aulas. Ese mismo año, en total se perdieron 72,000 días de trabajo sumando todos los profesores ausentes, los exámenes sólo se pudieron tomar cuando los toques de queda fueron levantados, y hubo una escasa asistencia en las escuelas de verano, diseñadas para crear un ambiente seguro para los niños.
Este año parece que las cosas están empeorando. Desde que empezó el período escolar el 31 de agosto pasado, 36 colegios de Naciones Unidas en Cisjordania han sido cerrados entre dos y 15 días. El ingreso a los colegios en Nablus ha sido tan difícil que algunos profesores han sido contratados solamente a través de entrevistas telefónicas y se reunirán con sus supervisores únicamente cuando puedan ir a trabajar. Pero los colegios cerrados son sólo una parte de la historia. Operaciones militares -realizadas principalmente por Israel, pero en algunas ocasiones por facciones palestinas- han violado la santidad de las escuelas en todo el territorio ocupado. Varios colegios han sido usados como centros de detención, casi 200 han sido dañados por los disparos y más de 170 estudiantes han sido arrestados. De acuerdo a un informe de Amnistía Internacional publicado este mes, 250 estudiantes de colegios palestinos han sido asesinados desde setiembre 2000.
No es inusual que tropas israelíes revisen a los niños, cuando éstos se dirigen o regresan al colegio, y sean abusivos con ellos, ni tampoco que los niños sean sujetos de bombas lacrimógenas y disparos de alerta cerca de los puntos de control. Este ambiente aterrador ha tenido un efecto devastador en los niños. Las notas aprobatorias en los exámenes en árabe y matemáticas se han venido abajo, y las tasas de deserción escolar están comenzando a aumentar por primera vez en una década. Asaltos de alumnos hacia sus profesores, algo impensable en el pasado, han empezado a aparecer. Los profesores están reportando con más frecuencia signos de trauma psicológico.
El UNRWA ha empleado consejeros para motivar a los niños a compartir sus experiencias, ha estimulado sus programas educacionales correctivos y de escuela de verano, y ha ampliado el año escolar, en un esfuerzo por mitigar los peores efectos del conflicto. Sin embargo, cada vez es más evidente que los niños palestinos están pagando doblemente por la crisis en Cisjordania y la Franja de Gaza. Ellos ya han pagado con la pérdida de su seguridad, su inocencia y su educación. Pero también pagarán por sus futuros. Pagarán con la pérdida de oportunidades, de desarrollo y de esperanza que una sólida educación trae.
Esta es una tragedia para el pueblo palestino que, con tantas desventajas que superar, ha apostado tradicionalmente por la educación. Las tasas de alfabetismo palestinas estuvieron entre las más altas de la región. Las niñas palestinas fueron las primeras en el mundo árabe en alcanzar igualdad con los niños en términos de educación. Todo lo cual significó que los ingenieros educados en Palestina pudieran ayudar a construir la región del Golfo y que los doctores educados en Palestina hayan beneficiado a comunidades desde California hasta El Cairo. Es imperativo que las autoridades de Israel comiencen a levantar ahora los toques de queda y los cierres en los centros poblados palestinos, antes que se cause mayor daño a los niños palestinos. Israel, por supuesto, tiene preocupaciones por la seguridad- y Amnistía Internacional informa que 72 de sus niños han sido asesinados desde el inicio de la Intifada. Pero no puedo creer que esas preocupaciones están siendo atendidas privando a una generación de palestinos de su derecho a un futuro.
*Peter Hansen es el Comisionado General del Organismo de Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA)

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