El SVI o síndrome de la voracidad insaciable
SINO EL PRIMERO, con seguridad entre ellos, advertí contra los desmanes de la dama que ocupa la jefatura del Ministerio Público. Apenas estrenado el cargo, una de sus acciones casi inmediatas fue volarse al Director del Instituto de Medicina Legal. A esa defenestración siguió la de la mayoría de los médicos forenses que allí prestaba sus servicios profesionales, para sustituirlos con otros fabricados a la carrera en un "diplomado", cuya consistencia suscita muchas dudas.
En el tiempo que lleva en el cargo, la flamante procuradora ha destituido o "renunciado" a un elevado número de fiscales de todas las categorías, por supuestas "faltas disciplinarias", y sin un debido proceso. En algunos casos invocando causales que, estirando mucho la cuerda, tal vez, hubieran dado lugar a una sanción menor; en otros, cuando no era viable echar mano a ese pretexto, porque, simple y sencillamente, "le dio la gana".
Después de esas medidas amedrentadoras, y teniendo en cuenta que todos los funcionarios del Ministerio Público son "interinos", pues no existe allí una carrera que les garantice estabilidad en sus cargos, no es difícil imaginar la zozobra en que viven los 1,500 funcionarios de esa institución. El único cheque seguro es el último que cobraron; ninguno sabe si cobrará el próximo. Cuando corre el rumor de que la señora procuradora o sus cancerberos más inmediatos proyectan visitas a las oficinas de sus subalternos, un terror generalizado cubre como un manto ominoso a los despachos escogidos para las pesquisas inquisitoriales.
Objetivamente, es una descomunal vergüenza que en el Ministerio Público no exista una carrera similar a la judicial. Allí impera la más rampante arbitrariedad.
Con la supuesta reorganización del Instituto de Medicina Legal, que lo subordinó el poder omnímodo de la procuradora y de sus cancerberos más inmediatos, se "asesinó" la independencia que todos los sistemas judiciales serios reconocen a los peritos. Los médicos forenses, al igual que todos los otros peritos que coadyuvan con sus conocimientos técnicos al esclarecimiento de los hechos objetos de una investigación criminal, deben tener absoluta libertad para expresar con independencia sus opiniones profesionales. ¿Cómo pueden hacerlo, pregúntese usted, siendo subalternos de la jefatura del Ministerio Público? Habría que ver cuántos se atreven a diferir con los fiscales.
La jefa del Ministerio Público, desde el inicio de su gestión, no dejó dudas de su ambición de someter a su absoluto control y subordinación a todos los funcionarios responsables o vinculados a la investigación de los delitos. En ese empeño ha demostrado una voracidad insaciable. Al grueso de los funcionarios, compuesto por los fiscales y personeros los tiene en un puño, desde el momento en que todos son de su libre nombramiento y remoción; con los del Instituto de Medicina Legal ya logró su propósito; pero le quedaba por someter a la Policía Técnica Judicial.
Hace unos meses, desató la campaña contra el director de la PTJ, acusándole de faltas imaginarias que nunca pudo sustentar. Pensábamos que había desistido de su empeño, al no poder sustanciar un proceso contra el director Jácome, que justificara pedirle su remoción a la Corte Suprema de Justicia, a la que por Ley compete esa decisión. Pero ahora vuelve a las andadas. So pretexto de que la institución necesita ser reorganizada, pero con el único y claro propósito de sacar al director de la PTJ, en componenda con la ministra de Gobierno y Justicia, y practicando nuevamente las tácticas golpistas en las que es ducha "la patria nueva", sorpresivamente, se ha presentado un proyecto de ley, para su discusión (entiéndase aprobación con la mayoría cómplice del PRD en la Asamblea), con "urgencia notoria", que transfiere de la Corte Suprema a la flamante procuradora, la facultad de remover de su cargo al director de la Policía Técnica Judicial.
Tan pronto esa mamarrachada legal esté aprobada, el Director de la PTJ, al igual que los otros 1,500 funcionarios del Ministerio Público, quedará sujeto a los caprichos de la procuradora, pues, de hecho, también será de su libre nombramiento y remoción. ¡Y que viva "la patria nueva"! que para eso es la dueña del país.
Para la mayoría de los panameños, que rechazamos la supuesta reencarnación del PRD, no son una sorpresa los métodos dictatoriales de quienes detentan el poder; pero sí nos sorprende la pasividad, la indolencia y hasta la celebración frente a sus repetidos y cada vez más descarados desafueros. Varios medios de comunicación, por ejemplo, han consignado como un chiste la tropelía legal montada para sacar del cargo al director Jácome. Si el gobierno de "la patria nueva" y su procuradora no pudieron sustentar ninguna causa, en un debido proceso para sacar del cargo del director de la PTJ, que ahora recurran a su obsecuente aplanadora legislativa para colocarlo en situación de interinidad y botarlo cuando le plazca, es una marranada política, que debe merecer repudio y no ser motivo de festín.
Los partidos de la "llamada oposición" y todas las organizaciones cívicas y sociales que pretenden que se las tenga como serias deben protestar, enérgicamente. La indolencia y la pasividad frente al "descoyuntamiento institucional" que practica, de manera reiterada el régimen de "la patria nueva", sólo servirá para alentarlo a continuar en su camino de someter al país a sus designios dictatoriales.
En el tiempo que lleva en el cargo, la flamante procuradora ha destituido o "renunciado" a un elevado número de fiscales de todas las categorías, por supuestas "faltas disciplinarias", y sin un debido proceso. En algunos casos invocando causales que, estirando mucho la cuerda, tal vez, hubieran dado lugar a una sanción menor; en otros, cuando no era viable echar mano a ese pretexto, porque, simple y sencillamente, "le dio la gana".
Después de esas medidas amedrentadoras, y teniendo en cuenta que todos los funcionarios del Ministerio Público son "interinos", pues no existe allí una carrera que les garantice estabilidad en sus cargos, no es difícil imaginar la zozobra en que viven los 1,500 funcionarios de esa institución. El único cheque seguro es el último que cobraron; ninguno sabe si cobrará el próximo. Cuando corre el rumor de que la señora procuradora o sus cancerberos más inmediatos proyectan visitas a las oficinas de sus subalternos, un terror generalizado cubre como un manto ominoso a los despachos escogidos para las pesquisas inquisitoriales.
Objetivamente, es una descomunal vergüenza que en el Ministerio Público no exista una carrera similar a la judicial. Allí impera la más rampante arbitrariedad.
Con la supuesta reorganización del Instituto de Medicina Legal, que lo subordinó el poder omnímodo de la procuradora y de sus cancerberos más inmediatos, se "asesinó" la independencia que todos los sistemas judiciales serios reconocen a los peritos. Los médicos forenses, al igual que todos los otros peritos que coadyuvan con sus conocimientos técnicos al esclarecimiento de los hechos objetos de una investigación criminal, deben tener absoluta libertad para expresar con independencia sus opiniones profesionales. ¿Cómo pueden hacerlo, pregúntese usted, siendo subalternos de la jefatura del Ministerio Público? Habría que ver cuántos se atreven a diferir con los fiscales.
La jefa del Ministerio Público, desde el inicio de su gestión, no dejó dudas de su ambición de someter a su absoluto control y subordinación a todos los funcionarios responsables o vinculados a la investigación de los delitos. En ese empeño ha demostrado una voracidad insaciable. Al grueso de los funcionarios, compuesto por los fiscales y personeros los tiene en un puño, desde el momento en que todos son de su libre nombramiento y remoción; con los del Instituto de Medicina Legal ya logró su propósito; pero le quedaba por someter a la Policía Técnica Judicial.
Hace unos meses, desató la campaña contra el director de la PTJ, acusándole de faltas imaginarias que nunca pudo sustentar. Pensábamos que había desistido de su empeño, al no poder sustanciar un proceso contra el director Jácome, que justificara pedirle su remoción a la Corte Suprema de Justicia, a la que por Ley compete esa decisión. Pero ahora vuelve a las andadas. So pretexto de que la institución necesita ser reorganizada, pero con el único y claro propósito de sacar al director de la PTJ, en componenda con la ministra de Gobierno y Justicia, y practicando nuevamente las tácticas golpistas en las que es ducha "la patria nueva", sorpresivamente, se ha presentado un proyecto de ley, para su discusión (entiéndase aprobación con la mayoría cómplice del PRD en la Asamblea), con "urgencia notoria", que transfiere de la Corte Suprema a la flamante procuradora, la facultad de remover de su cargo al director de la Policía Técnica Judicial.
Tan pronto esa mamarrachada legal esté aprobada, el Director de la PTJ, al igual que los otros 1,500 funcionarios del Ministerio Público, quedará sujeto a los caprichos de la procuradora, pues, de hecho, también será de su libre nombramiento y remoción. ¡Y que viva "la patria nueva"! que para eso es la dueña del país.
Para la mayoría de los panameños, que rechazamos la supuesta reencarnación del PRD, no son una sorpresa los métodos dictatoriales de quienes detentan el poder; pero sí nos sorprende la pasividad, la indolencia y hasta la celebración frente a sus repetidos y cada vez más descarados desafueros. Varios medios de comunicación, por ejemplo, han consignado como un chiste la tropelía legal montada para sacar del cargo al director Jácome. Si el gobierno de "la patria nueva" y su procuradora no pudieron sustentar ninguna causa, en un debido proceso para sacar del cargo del director de la PTJ, que ahora recurran a su obsecuente aplanadora legislativa para colocarlo en situación de interinidad y botarlo cuando le plazca, es una marranada política, que debe merecer repudio y no ser motivo de festín.
Los partidos de la "llamada oposición" y todas las organizaciones cívicas y sociales que pretenden que se las tenga como serias deben protestar, enérgicamente. La indolencia y la pasividad frente al "descoyuntamiento institucional" que practica, de manera reiterada el régimen de "la patria nueva", sólo servirá para alentarlo a continuar en su camino de someter al país a sus designios dictatoriales.