El tabú del centenario
Dedico este artículo a mi madre, Maritza Guizado Paredes, hoy 2 de noviembre de 2003, cuando se cumple el 38º aniversario del fallecimiento de su padre, el Ing. José Ramón Guizado, ex presidente de la República de Panamá.
Un tabú es una prohibición explícita o tácita en la cultura de una sociedad. Así, por ejemplo, el incesto y el canibalismo son los tabúes clásicos estudiados por la antropología, especialmente durante la etapa estructuralista, por su presencia generalizada en casi todas las culturas conocidas. La Europa victoriana decimonónica, por su lado, es ampliamente conocida por un puritanismo que silenciaba los temas relacionados con el sexo y la sexualidad, considerándolos temas prohibidos de ser hablados o estudiados abiertamente, y cuya práctica era regida por normas sociales muy rígidas establecidas por su moral. Estas prohibiciones (que pueden ser explícitas, implícitas, conscientes o inconscientes, impuestas o autoinflictas) son generalmente producto del conflicto entre valores de la cultura, intereses personales y de grupo, así como de ideologías políticas. Y los tabúes actúan de manera oculta y sutil muchas veces, pero con una eficacia muy poderosa en producir sentimientos de temor, vergüenza y sufrimiento, asociados con los temas prohibidos, en los miembros de la sociedad que las dicta. En el caso que me ocuparé seguidamente, señalaré y analizaré, desde una perspectiva antropológica de la historia, un tema que viene siendo sistemáticamente "olvidado", omitido y ocultado en las reflexiones sobre la Historia de la República de Panamá, en casi todos los facsímiles, artículos, revistas, reportajes y conferencias realizadas por nuestros políticos e intelectuales, en los medios de comunicación, desde 2001, con motivo de la preparación y celebración del primer centenario de nuestra república: me refiero al golpe de Estado parlamentario contra el ex presidente José Ramón Guizado Valdés en 1955.
"Se lo saltan, siempre se lo saltan" nos dice, con su voz frágil por la edad, pero todavía sentenciosa, la Nena Guizado, la menor de seis hermanos de José Ramón Guizado, al referirse a la abundante literatura escrita, radial y televisiva, generada por el centenario de la República de Panamá. Y resulta que éste es, precisamente, uno de los episodios más apasionantes de nuestra historia republicana por intrigante, vergonzoso y salvaje, en la lucha de poder entre distintos "caciques" de la clase dominante de Panamá.
El Ing. José Ramón Guizado llegó a la presidencia de la República de Panamá el 3 de enero de 1955, como consecuencia del asesinato del entonces Presidente de la República, José Antonio Remón Cantera, y por designio Constitucional, dado que el Ing. Guizado era el primer vicepresidente de la República.
A los pocos días (creo que 11) de haber tomado posesión legítima de la Presidencia de la República, el Ing. Guizado fue detenido en la Cárcel Modelo, para ser enjuiciado por la Asamblea de Diputados, como autor intelectual del asesinato del Presidente Remón, gracias al único testimonio y "prueba" contra él, las declaraciones luego contradichas del abogado Rubén Miró, quien señaló al Ing. Guizado como autor intelectual del asesinato al Presidente Remón.
En consecuencia, hablar del ex presidente José Ramón Guizado exige recordar y hablar de tres temas altamente sensitivos, por escandalosos y vergonzosos, de nuestra historia: (1) La impunidad del asesinato al Presidente Remón; (2) el golpe de Estado parlamentario, con la injusta prisión por tres años, del presidente Guizado; y (3) la usurpación del poder, o toma de posesión ilegítima de la presidencia de la República, por parte de Ricardo Arias Espinosa. Sobre el particular, han realizado elocuentes análisis jurídicos sobre la corrupción y vicio del proceso legal en el juicio a José Ramón Guizado los juristas Carlos Iván Zúñiga (El Proceso Guizado) y Juan Materno Vásquez (Anatomía de una infamia), principalmente. Sobre el carácter politizado de la Asamblea de 1955 y su golpe de Estado han publicado, además de las referencias anteriores, ilustrados artículos de opinión Mario Rognoni y Guillermo Cochez, además del reciente libro del profesor José Vicente (Del caso Remón-Guizado). Sobre la vinculación del narcotráfico internacional en el asesinato de Remón, la victimización de Guizado y el rápido enriquecimiento de Arias Espinosa durante su administración presidencial, recomiendo al prestigioso historiador de la Universidad de Cornell, Walter LaFeber ( en: The Panama Canal). Una excelente compilación de documentos históricos relacionados con el asesinato de Remón es, también, el libro publicado por José Ramón Guizado (El extraño asesinato del presidente Remón). Otra fuente de necesaria lectura para el estudio de estos escalofriantes temas, es el libro de Larry LaRae Pippin (The Remon era: An analysis of a decade of events in Panamá 1947-1957). Por último, una síntesis actualizada y científica de estos episodios nos la ofrecen los historiadores nacionales Celestino Araúz y Patricia Pizzurno (en: Estudios sobre el panamá republicano: 1903-1989).
La ventilación y memoria de estos sucesos de nuestra historia exige valentía, honestidad histórica y salud cardíaca, porque indudablemente señalan rasgos terriblemente vergonzosos y dolorosos de nuestra sociedad, nuestros dirigentes, amigos y hasta parientes. Estos hechos desenmascaran: la falta de solidaridad de clase (por la rivalidad entre líderes de la oligarquía panameña y su clientelismo con las clases subalternas), la traición familiar (porque esta intriga ataca los valores raizales de la unidad familiar, resquebrajando, principalmente, a la familia Arias: José Ramón Guizado era casado con una tía de Ricardo Arias Espinosa y Rodolfo Saint Malo, otro inocente agredido, era hermano de su cuñado), la corrupción y la arbitrariedad del sistema democrático que llegan a su punto más crítico en 1955 cuando abrazan y encubren, por vez primera en nuestra historia ¡el asesinato de un presidente de la República y la prisión injusta de otro! Estos hechos nos muestran la cara más oscura y deforme de la democracia panameña y la ambición desmedida, la corrupción y el deshonor de un grupo de "hombres fuertes", tomados por "caballeros" tanto por sus seguidores del pueblo como por la alta sociedad de Panamá, en los años 50. La Asamblea del 55 (salvo las honrosas excepciones de los valientes Diputados y caballeros que no vendieron su voto), así como el Gobierno Nacional de Arias Espinosa, los dirigentes de la Guardia Nacional y los dueños de los principales medios de comunicación, entre otros, acuerparon la falsa acusación, juicio enviciado, golpe de Estado e injusta prisión de José Ramón Guizado. Estas gravísimas decisiones se vincularon a otra, todavía peor: ¡El encubrimiento e impunidad del asesino (o asesinos) del Presidente Remón! Estos panameños "ilustres" estuvieron dispuestos a todo, por adueñarse de la piñata de la Presidencia de la República de Panamá, en 1955.
Es comprensible, entonces, que nadie desee recordar esta podredumbre que corroe nuestra auto estima y pasado colectivo. Como posiblemente ocurrirá en la celebración del segundo centenario de la República respecto a la corrupción del Panamá actual, su Asamblea Legislativa, Ejecutivo y Corte Suprema de Justicia de 2003.
La represión de la memoria histórica representa un acto de negación y autodestrucción de la nacionalidad, por parte de nuestros intelectuales del centenario, quienes olvidan sistemáticamente, tal vez involuntariamente, por esas jugadas que nos hace el inconsciente cuando desea defenderse del dolor, la vergüenza o el temor. O ¿será que omiten el tema por autocensura deliberada, con el fin de evitar herir susceptibilidades de quienes los patrocinan y de ofender a posibles candidatos, descendientes algunos de ellos de los protagonistas de esta intriga contra José Ramón Guizado?
Lo cierto es que reprimir la memoria colectiva, por la razón que sea, a través de omisiones groseras de nuestra historia, equivale a profundizar una gran injusticia histórica y deuda moral contra un panameño meritorio y víctima de su tiempo, como fue el ex presidente José Ramón Guizado, socava la credibilidad e idoneidad de nuestros historiadores e intelectuales del centenario y, por encima de todo, nos deshabilita a los panameños como nación frente al reto de combatir la crisis institucional del presente y construir nuestro futuro nacional con la fuerza renovada que ofrecen la honestidad, la autocrítica y la justicia en la reflexión histórica.