El tamborito de Afú
Cuando en nuestro lenguaje cotidiano decimos " armó un tamborito" o "se formó un tamborito", queremos expresar que ha ocurrido un desorden o alguien provocó un acto bochornoso. El tamborito del pasado domingo 8 de febrero, en la ciudad de Las Tablas, protagonizado por la Sra. Presidenta Mireya Moscoso y el Legislador Tito Afú, nos mostró un espectáculo desagradable y de un cinismo mayúsculo; aunque algunos lo presentaron como un acto jocoso y carnavalesco.
Los tres golpes y la seguidilla ejecutados por esta pareja sui géneris, nos lleva a meditar sobre el origen de esta relación tan bien acompasada. No hay que olvidar que el señor Afú fue el personaje principal en el caso CEMIS, cuando de forma espectacular se declaró confeso de recibir una coima por la aprobación del proyecto del mismo nombre. La actitud "valiente" de Afú se debió a que, viéndose acorralado por la acusación que le hiciera la Legisladora Balbina Herrera de haber recibido un maletín lleno de dinero para que votara a favor en la escogencia de los magistrados Spadafora y Cigarruista, no le quedó otra alternativa que hundirse con toda la tripulación de la Asamblea Legislativa, aunque el naufragio nunca llegó.
La presidenta Moscoso es reconocida por su astucia política. El método para lograr sus objetivos no es otro que el favoritismo y la traición.
La corrupción como arma política encuentra el más benéfico caldo de cultivo en la desvergüenza y maleable conciencia de personajes políticos que, como el legislador Afú, "al son que le tocan baila".
La actitud justificadora con que nos sorprende la Presidenta por cada uno de sus actos, ha alcanzado su máxima expresión en los hechos ocurridos en la ciudad de Las Tablas. El acto de proceder para la construcción de unas carreteras fue promovido con bombos, bailes y platillos. La clara politización de este hecho no deja lugar a dudas. El Legislador Afú fue paseado y presentado (en una aplanadora del MOP) como el modelo de legislador que debe imitar la presente y futura generación. "...Sé que usted no votó conmigo... -pero se dejó comprar por mí, debió añadir la Presidenta-, pero sí apoyó, sí ayudó y va a seguir ayudando después del 2 de mayo". Esta única frase en ese acto oficial viola claramente los preceptos constitucionales sobre el uso de los recursos del Estado en las campañas políticas. Pero a la Presidenta esto le tiene sin cuidado y regaña a los magistrados por irrespetarla cuando éstos le solicitan al fiscal electoral que investigue estos hechos.
Los magistrados, por su parte, callan con una complicidad pasmosa, impotentes ante el engendro que han creado a través del sietemesino decreto 20.
Lo más triste de todo esto es que la sociedad es incapaz de reaccionar enérgicamente ante estos abusos. Voces pusilánimes he escuchado en los medios de comunicación que afirman que no es el momento propicio para llamar a la Presidenta a la Asamblea Legislativa a rendir cuenta de sus actos, pues argumentan, que puede ser perjudicial para el proceso democrático; como si la actitud de la Presidenta y del gobierno no estuviera de hecho atentado contra la tranquilidad política y social.
Si se toma como premisa que existen momentos que no son propicios para juzgar un delito, un corolario inevitable sería aceptar que existen momentos propicios para violar la Ley. Parece que el final de una campaña electoral es el momento más adecuado para violar la Constitución.
Ninguno de los principales actores políticos nos ha proporcionado una respuesta adecuada a este espectáculo tan bochornoso y degradante. Nadie ha llamado a una movilización de masas o una concentración nacional a favor de la democracia que tanto dicen defender. ¿Le tienen temor o desconfianza al pueblo? Si es así, pronto las fuerzas populares, cansadas de tanta podredumbre, sobrepasarán a los políticos demagogos, timoratos y corruptos.
Los tres golpes y la seguidilla ejecutados por esta pareja sui géneris, nos lleva a meditar sobre el origen de esta relación tan bien acompasada. No hay que olvidar que el señor Afú fue el personaje principal en el caso CEMIS, cuando de forma espectacular se declaró confeso de recibir una coima por la aprobación del proyecto del mismo nombre. La actitud "valiente" de Afú se debió a que, viéndose acorralado por la acusación que le hiciera la Legisladora Balbina Herrera de haber recibido un maletín lleno de dinero para que votara a favor en la escogencia de los magistrados Spadafora y Cigarruista, no le quedó otra alternativa que hundirse con toda la tripulación de la Asamblea Legislativa, aunque el naufragio nunca llegó.
La presidenta Moscoso es reconocida por su astucia política. El método para lograr sus objetivos no es otro que el favoritismo y la traición.
La corrupción como arma política encuentra el más benéfico caldo de cultivo en la desvergüenza y maleable conciencia de personajes políticos que, como el legislador Afú, "al son que le tocan baila".
La actitud justificadora con que nos sorprende la Presidenta por cada uno de sus actos, ha alcanzado su máxima expresión en los hechos ocurridos en la ciudad de Las Tablas. El acto de proceder para la construcción de unas carreteras fue promovido con bombos, bailes y platillos. La clara politización de este hecho no deja lugar a dudas. El Legislador Afú fue paseado y presentado (en una aplanadora del MOP) como el modelo de legislador que debe imitar la presente y futura generación. "...Sé que usted no votó conmigo... -pero se dejó comprar por mí, debió añadir la Presidenta-, pero sí apoyó, sí ayudó y va a seguir ayudando después del 2 de mayo". Esta única frase en ese acto oficial viola claramente los preceptos constitucionales sobre el uso de los recursos del Estado en las campañas políticas. Pero a la Presidenta esto le tiene sin cuidado y regaña a los magistrados por irrespetarla cuando éstos le solicitan al fiscal electoral que investigue estos hechos.
Los magistrados, por su parte, callan con una complicidad pasmosa, impotentes ante el engendro que han creado a través del sietemesino decreto 20.
Lo más triste de todo esto es que la sociedad es incapaz de reaccionar enérgicamente ante estos abusos. Voces pusilánimes he escuchado en los medios de comunicación que afirman que no es el momento propicio para llamar a la Presidenta a la Asamblea Legislativa a rendir cuenta de sus actos, pues argumentan, que puede ser perjudicial para el proceso democrático; como si la actitud de la Presidenta y del gobierno no estuviera de hecho atentado contra la tranquilidad política y social.
Si se toma como premisa que existen momentos que no son propicios para juzgar un delito, un corolario inevitable sería aceptar que existen momentos propicios para violar la Ley. Parece que el final de una campaña electoral es el momento más adecuado para violar la Constitución.
Ninguno de los principales actores políticos nos ha proporcionado una respuesta adecuada a este espectáculo tan bochornoso y degradante. Nadie ha llamado a una movilización de masas o una concentración nacional a favor de la democracia que tanto dicen defender. ¿Le tienen temor o desconfianza al pueblo? Si es así, pronto las fuerzas populares, cansadas de tanta podredumbre, sobrepasarán a los políticos demagogos, timoratos y corruptos.