default

El Tapón del Darién: otra vez llover sobre mojado


Hace poco la Embajadora de Estados Unidos en Panamá, Linda Watt, en declaraciones entregadas al periódico El Panamá América, en el marco de la firma del Tratado de canje de deuda por conservación entre Estados Unidos y la nación panameña, manifestó que "el interés de su país era la preservación de la flora y la fauna en la zona limítrofe con Colombia", y enfatizó que "el Tapón del Darién cumple con la función de un cordón sanitario para el ingreso de enfermedades provenientes de Suramérica".
En las declaraciones de la diplomática se evidencia su desconocimiento sobre algunos aspectos fitosanitarios que en las décadas del 70 y 80 fueron motivo de controvertidos debates, pero que desde 1991, cuando el Departamento de Agricultura de su país certificó los avances de Colombia en la erradicación de la fiebre aftosa en la región fronteriza, pasaron hacer asuntos del pasado.
De manera que volver a presentar esos mismos argumentos, trece años después que el organismo rector de la política agropecuaria de Estados Unidos refrendara que Colombia había cumplido con los requisitos exigidos en esta materia, realmente no tiene razón de ser volver sobre lo mismo. Es un recalentado que solamente tiene como trasfondo un espíritu perverso de desplegar una campaña tendiente a crear un clima adverso a la coyuntura política que en los últimos meses se ha venido formando al rededor de la apertura de la frontera y máxime cuando la Sociedad Colombiana de Ingeniería emitió un pronunciamiento con argumentos sólidos sobre la viabilidad de la obra.
No existen razones de peso para que a estas alturas del partido, la representante diplomática estadounidense en Panamá vuelva a esgrimir razonamientos que fueron suficientemente debatidos en años anteriores, sólo con el ánimo de confundir a la opinión pública.
En cuanto a los aspectos que tienen que ver con la ruta de empalme, la viabilidad técnica y ambiental también son temas que han sido abordados con suficientes análisis en los estudios realizados por prestigiosas firmas de ingeniería.
De allí que las declaraciones de la embajadora Watt están siendo utilizadas como caballito de batalla por los sectores opositores para señalar que el gobierno de Estados Unidos no está de acuerdo con la continuación de la Panamericana, cuando en la misma entrevista la embajadora dijo "que la decisión era del gobierno de Panamá".
Sin embargo, estas opiniones están siendo aprovechadas por los ambientalistas para desplegar una campaña de desinformación, ignorando que la apertura de la frontera, indudablemente, es una iniciativa que va de la mano con los proyectos de construcción de la línea de interconexión eléctrica y el gasoducto desde Venezuela hasta Panamá.
Tres proyectos de gran interés para el afianzamiento de los acuerdos de cooperación entre los dos países, y como dijo, el embajador Harmodio Montaner, "la relaciones entre los dos países pasan por su mejor momento".
Según Montaner "en los últimos tres años las inversiones colombianas en Panamá ascienden a los 1,000 millones de dólares y el crecimiento de las mismas ha sido de un 72%".
Montaner atribuye ese crecimiento a "la evolución de las inversiones colombianas en su país", y la vez recomienda "que se hace necesario el fortalecimiento de la política comercial entre los dos países".
Es decir, estamos a las puertas de avanzar hacia una verdadera integración entre las dos naciones. Estos logros comerciales sumados a los tres proyectos son motivos alentadores para continuar estrechando nuestros vínculos como países hermanos.
Desafortunadamente algunos sectores de la dirigencia panameña siguen pensando que manteniendo la barrera natural en la línea fronteriza, es la mejor manera de evitar la "invasión" de la violencia colombiana. Nada más alejado de la realidad, pese a las políticas de seguridad puestas en marcha por el gobierno panameño en los dos últimos años, las incursiones de los actores de la violencia colombiana a territorio panameño es una prueba irrefutable que las selvas de Darién no son barreras de seguridad, sino refugio seguro para la delincuencia.
Como van las cosas las selvas, que supuestamente son un eslabón para evitar el desplazamiento de los actores de la violencia colombiana, se están constituyendo en el elemento más estratégicos para la expansión de los cultivos ilícitos y la delincuencia hacia Panamá.
En conclusión, si los panameños continúan ignorando esta realidad, a la vuelta de los años las cosas pueden ser a otro precio para la sociedad panameña.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América