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El Tapón: refugio de delincuencia (V)


La apertura del Tapón de Darién es de vital importancia para Panamá y Colombia porque permitirá el aumento de los niveles de seguridad y la capacidad de defensa en la región fronteriza. Territorio que desde la época de la dominación española ha estado estrechamente ligado al tráfico ilegal mercancía. Es evidente que gran parte del tráfico de indocumentados y drogas ilícitas hacia Estados Unidos, así como la introducción de armas para la delincuencia colombiana pasan por esta frontera.
Desde la década del 70, las selvas de la región fronteriza se transformaron en una franja estratégica para el cultivo, procesamiento y tráfico ilegal de droga, situación que se inició con los cultivos de marihuana y a partir de los años 80, con los de base de coca y amapola. Y tras el flagelo del tráfico de armas y drogas, la región pasó a ser uno de los corredores estratégico que disputan militares, narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares por la supremacía en el control del río Atrato y con éste, las principales rutas del comercio ilegal y la región productora de banano.
En las luchas por el dominio del norte del Chocó no sólo están en juego los corredores estratégicos sino las nuevas zonas de cultivo de droga en la cuenca media y baja del Atrato y sus afluente en la región fronteriza.
Dada las características selváticas de la región, paso a paso, Darién se ha convertido en el refugio de delincuentes que huyen de las autoridades legítimas y los desarraigados que cruzan la frontera en la búsqueda de protección. Ahora, se ha sumado un nuevo ingrediente en el fenómeno de los cultivos ilícitos: la política de erradicación y fumigación que desarrolló el gobierno colombiano en el sur del país está generando un paulatino desplazamiento de los cultivos hacia las selvas del Chocó, y sobre todo, hacia las cuencas altas de los ríos de la frontera con Panamá.
Los panameños no pueden seguir ignorando el fenómeno del desplazamiento de los cultivos ilícitos hacia su territorio. Para combatir esta peste no sólo bastan las medidas militares sino políticas de inversión estatal en materia económica y social para mejorar los niveles de desarrollo en los habitantes de la franja fronteriza.
En el caso de Colombia, por varias décadas, el gobierno ignoró el fenómeno de la expansión de los cultivos de Brasil y Perú hacia las selvas de los Llanos orientales, y fue por esa misma negligencia del Estado que el portento de las drogas se extendió desde el sur hacia todo el país.
El terreno fértil que encontró el narcotráfico fue el de una región selvática, aislada con altos índices de pobreza y escasa presencia estatal.
Panamá está a tiempo de cerrarle el paso a la expansión los cultivos hacia Centroamérica. Paso que no se cierra siempre y cuando se siga pensando que la mejor manera de evadir el asunto es manteniendo una frontera selvática y aislada de los principales centros urbanos del país.
El fenómeno del desplazamiento de las drogas de Colombia hacia Panamá debe ser un asunto que ambos gobiernos deben abordar con celeridad, y sobre todo, el panameño, que está a tiempo de ejecutar un plan de desarrollo a largo plazo para evitar que los campesinos de la provincia de Darién cambien los cultivos tradicionales por plantaciones de coca y amapola. Por eso, la conexión vial servirá para acentuar la soberanía tanto del lado de Colombia como de Panamá y tendrá su principal efecto en el empuje comercial y en el intercambio de bienes, servicios y el flujo de capitales. Estas inversiones permitirán avances significativos de las fuerzas productivas en las regiones fronterizas.
Y como dice el investigador de la Universidad Nacional de Colombia, y autor de varios estudios sobre la región, Luis Fernando González Escobar, "el Darién no puede seguir siendo el sitio de la absoluta conservación que se ha pensado, pero tampoco debe ser el lugar abierto al arrasamiento absoluto. Todas las controversias que se presentan por el paso de la carretera es la pérdida de fe en la razón y la tecnología, el anuncio de las amenazas de la catástrofe ecológica, devolvieron al Darién su razón utópica; por el surgimiento de los conceptos de la naturaleza virgen, los ambientalistas y los ecologistas han convertido al Darién en un territorio intocable, virgen, impoluto y en una naturaleza sacralizada".
La apertura de la frontera también permitirá que los gobiernos adelanten políticas binacionales en materia de inversión social, económica y ambiental en procura de conservar
(joemosbe@epm.net.co)

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