El temible regreso de la tuberculosis
A unque pensábamos en la tuberculosis como una enfermedad del pasado, está de regreso, más amenazante y más peligrosa que nunca. Este problema es gigantesco desde el punto de vista social, terapéutico y económico. En 1990 se calcularon más de siete millones de nuevos casos de la enfermedad en los países en desarrollo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), a fines de 1991, estimó en 7.6 millones los nuevos casos en el tercer mundo y 400,000 casos en los países industrializados, para un total de ocho millones de nuevos enfermos de tuberculosis. Es preocupante que 95% de los nuevos enfermos viven en países pobres. La mayor concentración (cerca de cinco millones) se detecta en Asia.
Pero, el problema es más inquietante en Africa, donde hay 230 casos por cada 100,000 habitantes, donde la enfermedad y las muertes se concentran en el grupo más productivo de la población (15 a 55 años). La situación se agrava por el aumento de la resistencia a muchos de los fármacos que se utilizan para curar a los tuberculosos. Las tasas más elevadas de tuberculosis multiresistente se han reportado en Nepal (48%), Gujural, India (33,8%), Bolivia (15,5%) y Corea (14,5%). Además, se ha comprobado una asociación entre la infección HIV (inmunodeficiencia humana) y la resistencia a algunos fármacos antituberculosos. Adicionalmente, los pacientes con SIDA son incapaces de absorber adecuadamente las medicinas contra la tuberculosis debido a patologías gastrointestinales que aparecen conjuntamente.
La pobreza, el incumplimiento del régimen prescrito, la vigilancia insuficiente o la selección de un esquema de tratamiento farmacológico inapropiado son las principales causas del surgimiento de la resistencia.
Un estudio hecho en Boston demostró que en un grupo de personas tuberculosas, indigentes y sin hogar, el 60% sufría infección resistente.
En los países en desarrollo, donde los programas de vigilancia epidemiológica son deficientes, se hace perentorio efectuar investigaciones y estudios para definir en mejor grado el alcance y la magnitud del problema, detectar el estado de la infección por HIV en las personas con tuberculosis, pronosticando el efecto del HIV sobre las tendencias futuras de la tuberculosis y, muy especialmente, estudiar los patrones de efectividad de las medicinas utilizadas.
La señal de alarma que en 1993 lanzó la OMS parece no haber tenido el impacto necesario. Las políticas de salud de los gobiernos desarrollados estuvieron alerta en los años 70, cuando existió un gran número de casos de tuberculosis. Los países desarrollados instrumentaron planes de acción, monitoreo y prevención que lograron curar a mucha gente. Pero cuando se consideró erradicada, el presupuesto para estos programas se fue reduciendo, lo que significó una mayor propagación de la enfermedad y la resistencia a medicamentos. Además de la difícil situación, sin políticas de prevención y con presupuestos reducidos, se confronta la falta de investigación y de inversión que conduzcan al descubrimiento de nuevos medicamentos. En los últimos seis años se han aprobado apenas nueve, de los cuales sólo dos cuentan con un nuevo mecanismo de acción.
Lo grave es que mientras las empresas farmacéuticas se niegan a invertir en investigación y desarrollo de nuevas medicinas, debido a la nula o baja rentabilidad prevista y por el acelerado crecimiento de medicamentos genéricos más baratos que terminan reemplazando a los más caros, la enfermedad sigue creciendo aceleradamente, hasta el punto que hoy hay más muertos por tuberculosis que nunca antes.
Desde hace algunos años, la OMS y el Banco Mundial colaboran en la lucha contra la enfermedad, especialmente en los países del tercer mundo. Se calcula que con una inversión adicional de 900 millones de dólares, la tuberculosis podría tratarse y posiblemente eliminarse en los próximos 10 años. Pero esto no se logrará sin una efectiva política de salud que ofrezca incentivos a la investigación e invierta en el desarrollo de nuevos medicamentos. Ello y un manejo adecuado de las patentes lograrán evitar que se convierta en una amenaza mundial.
(* Mejía-Vergnaud es director general del Instituto Desarrollo y Libertad y académico de International Policy Network. Sánchez-David es médico, investigador y profesor de la Universidad del Bosque (Bogotá). (c) www.aipenet.com)
Al menos el asesor legal de la directiva interina de SITRACHILCO, Alvaro Muñoz, aseguró que con el respaldo que le han dado las bases a la nueva dirigencia y el desconocimiento a Morris, el que se encuentra ilegal es él.
"Es la primera vez en la historia que ocurre algo tan grande. El comercio, transportistas, empresarios y la comunidad se han mostrado solidarios, algo que ha sido desconocido. Hasta se les ha llamado políticos o terroristas", indicó Muñoz.
Agregó que quienes protestaron son gente común y corriente de las bananeras que lucha por el mandato de las Asambleas, consideradas por las bases como la máxima autoridad, donde solicitaron la renuncia de Morris y nombraron una nueva junta.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), a fines de 1991, estimó en 7.6 millones los nuevos casos en el tercer mundo y 400,000 casos en los países industrializados, para un total de ocho millones de nuevos enfermos de tuberculosis. Es preocupante que 95% de los nuevos enfermos viven en países pobres. La mayor concentración (cerca de cinco millones) se detecta en Asia.
Pero, el problema es más inquietante en Africa, donde hay 230 casos por cada 100,000 habitantes, donde la enfermedad y las muertes se concentran en el grupo más productivo de la población (15 a 55 años). La situación se agrava por el aumento de la resistencia a muchos de los fármacos que se utilizan para curar a los tuberculosos. Las tasas más elevadas de tuberculosis multiresistente se han reportado en Nepal (48%), Gujural, India (33,8%), Bolivia (15,5%) y Corea (14,5%). Además, se ha comprobado una asociación entre la infección HIV (inmunodeficiencia humana) y la resistencia a algunos fármacos antituberculosos. Adicionalmente, los pacientes con SIDA son incapaces de absorber adecuadamente las medicinas contra la tuberculosis debido a patologías gastrointestinales que aparecen conjuntamente.
La pobreza, el incumplimiento del régimen prescrito, la vigilancia insuficiente o la selección de un esquema de tratamiento farmacológico inapropiado son las principales causas del surgimiento de la resistencia.
Un estudio hecho en Boston demostró que en un grupo de personas tuberculosas, indigentes y sin hogar, el 60% sufría infección resistente.
En los países en desarrollo, donde los programas de vigilancia epidemiológica son deficientes, se hace perentorio efectuar investigaciones y estudios para definir en mejor grado el alcance y la magnitud del problema, detectar el estado de la infección por HIV en las personas con tuberculosis, pronosticando el efecto del HIV sobre las tendencias futuras de la tuberculosis y, muy especialmente, estudiar los patrones de efectividad de las medicinas utilizadas.
La señal de alarma que en 1993 lanzó la OMS parece no haber tenido el impacto necesario. Las políticas de salud de los gobiernos desarrollados estuvieron alerta en los años 70, cuando existió un gran número de casos de tuberculosis. Los países desarrollados instrumentaron planes de acción, monitoreo y prevención que lograron curar a mucha gente. Pero cuando se consideró erradicada, el presupuesto para estos programas se fue reduciendo, lo que significó una mayor propagación de la enfermedad y la resistencia a medicamentos. Además de la difícil situación, sin políticas de prevención y con presupuestos reducidos, se confronta la falta de investigación y de inversión que conduzcan al descubrimiento de nuevos medicamentos. En los últimos seis años se han aprobado apenas nueve, de los cuales sólo dos cuentan con un nuevo mecanismo de acción.
Lo grave es que mientras las empresas farmacéuticas se niegan a invertir en investigación y desarrollo de nuevas medicinas, debido a la nula o baja rentabilidad prevista y por el acelerado crecimiento de medicamentos genéricos más baratos que terminan reemplazando a los más caros, la enfermedad sigue creciendo aceleradamente, hasta el punto que hoy hay más muertos por tuberculosis que nunca antes.
Desde hace algunos años, la OMS y el Banco Mundial colaboran en la lucha contra la enfermedad, especialmente en los países del tercer mundo. Se calcula que con una inversión adicional de 900 millones de dólares, la tuberculosis podría tratarse y posiblemente eliminarse en los próximos 10 años. Pero esto no se logrará sin una efectiva política de salud que ofrezca incentivos a la investigación e invierta en el desarrollo de nuevos medicamentos. Ello y un manejo adecuado de las patentes lograrán evitar que se convierta en una amenaza mundial.
(* Mejía-Vergnaud es director general del Instituto Desarrollo y Libertad y académico de International Policy Network. Sánchez-David es médico, investigador y profesor de la Universidad del Bosque (Bogotá). (c) www.aipenet.com)
Al menos el asesor legal de la directiva interina de SITRACHILCO, Alvaro Muñoz, aseguró que con el respaldo que le han dado las bases a la nueva dirigencia y el desconocimiento a Morris, el que se encuentra ilegal es él.
"Es la primera vez en la historia que ocurre algo tan grande. El comercio, transportistas, empresarios y la comunidad se han mostrado solidarios, algo que ha sido desconocido. Hasta se les ha llamado políticos o terroristas", indicó Muñoz.
Agregó que quienes protestaron son gente común y corriente de las bananeras que lucha por el mandato de las Asambleas, consideradas por las bases como la máxima autoridad, donde solicitaron la renuncia de Morris y nombraron una nueva junta.