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El tentempié del transporte


Cuando uno está a punto de desfallecer de hambre, y aún no llega la hora de la comida, se come un bocadillo que en muchos países llaman "tentempié" y, como el término indica, es un poco de alimento que nos mantiene de pie hasta la hora de comer.

Cuando analizamos el tema de transporte público de pasajeros para el área metropolitana, tenemos que llegar a la conclusión que mientras llega la solución definitiva, necesitamos un tentempié en el sector. Sólo así podemos apoyar la idea de un sistema que el Gobierno ha bautizado como Transmóvil.

La idea de un metro, un tren ligero, buses articulados, monorriel, teleféricos, o una combinación de todos o parte de ellos, junto a autobuses, taxis y taxis colectivos tomará varios años en decidirse y hacerse realidad. De acuerdo con lo que se decida, puede ser de cuatro a diez años de construcción y progresiva puesta en operación del nuevo sistema de transporte público metropolitano. Mientras tanto, no podemos seguir padeciendo de los "diablos rojos" y sus operadores.

Lógico, pues, parece ser lo que propone el Gobierno: Traer autobuses modernos y nuevos, con dos juegos de puertas más la de seguridad, con área para asientos para personas de la tercera edad, embarazadas y enfermos; con espacios para sillas de ruedas, con aire acondicionado, conductores asalariados y cubiertos por las prestaciones sociales, uniformados y educados, con inspectores que hagan cumplir la Ley y los reglamentos, y a un precio que se pueda pagar. Si todo esto puede funcionar con puntualidad, aseo y orden desde paradas y piqueras modernas, cómodas y limpias, podremos aguantar mejor y sin apuros electoreros hasta que llegue el plato fuerte del transporte.

101 años de Panamá América

 
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