El terrorismo y el contralenguaje
El terrorismo muestra que nuestras vidas penden de un hilo, en medio de las luchas por el poder, la ambivalencia y la marcada complicidad de las leyes económicas, políticas y sociales internacionales, y también enseña lo perverso del discurso religioso, que históricamente evidencia las luchas más sangrientas, auspiciadas por los mismos dioses, dioses de la guerra, dioses de la muerte, en una lógica, que patentiza palabras del mismo Lacan (sicoanalista) sobre la ambigüedad de las creencias, citado aquí en estos términos: "para el creyente sus creencias no son creencias, sino verdades".
En resumidas cuentas, de lo que se trata es de imponer las verdades de unos, sobre las de otros. Y es en esta lucha fratricida que nuestro mundo, el mundo de todos, no de unos cuantos, peligra.
El terrorismo es prácticamente un fenómeno moderno en cuanto a que las imágenes viajan a la velocidad de la luz, a través de los medio de masas; esta transformación de la tragedia en un espectáculo hace de la noticia una mercancía de consumo.
Para los que ejecutan el acto, el hecho de sembrar el terror no es tan gratificante como el de ser presenciado, ser atendido, como el niño que demanda la atención de sus padres por medio de un berrinche. Su acto no es interpretado como un acto criminal, sino como heroico, el cual dichosamente se atribuyen, como un logro, mostrando lo perverso del discurso, en tanto que el deseo se sustenta en el goce del otro, que cumple las veces de un Dios.
La voluntad proviene del otro, ese dios de ellos, que es su fantasma, y que induce a ese sacrificio como una forma de ritual, que retrotrae a los rituales ofrecido a esos dioses de la antigüedad, minimizando el lugar de los otros(personas) a simples víctimas.
Pero aquí quisiera proferir en torno a este tema el siguiente análisis, haciendo cita del fenómeno literario conocido como el Marqués de Sade.
Sade, cuyo arte literario marcado por el discurso más perverso posible, escandaloso para muchos, surge o se engendra en los regazos de la monarquía absolutista de Francia.
Para Deleuze el pensamiento de Sade eminentemente político, se fundamenta esencialmente en el siguiente punto. "Los tiranos nunca nacen en la anarquía, uno los ve erigirse a las sombras de las leyes o basarse en ellas. El tirano habla del lenguaje de las leyes y no tiene otro lenguaje. Tiene necesidad de la sombra de las leyes y los héroes de Sade se encuentran investidos de una extraña antitiranía, hablando como ningún tirano podrá nunca hacerlo, como ningún tirano lo hizo instituyendo un contra lenguaje
En esto, habría que considerar hasta qué punto esos pequeños tiranos se forman, se engendran como consecuencia de esta lógica, la lógica del contralenguaje que redunda en esa transgresión de la ley, pero bajo la operación de oposición al gran tirano.
A ciencia cierta se sabe que Osama Bin Laden, al igual que Noriega entre otros, fueron parte de ese organismo de inteligencia que le llaman CIA. Pero he ahí donde me pregunto, qué aprendieron, de qué manera ese lenguaje interactuó con su lenguaje propio, independiente mente de las características sicopática que estos personajes posean, convirtiéndose ya no en parte del sistema, sino en fugitivos como lo es Osama actualmente, condición bajo la cual es más peligroso.
Es en esta condición de segregados, en esa declaración de lucha contra el terrorismo que la contra identificación ya establecida por ese sector del Medio Oriente, se realimenta.
Esta cuestión del contralenguaje establece que lo que se pudo articular en un discurso, en Sade, articulado en la literatura, es fenómeno que no simbolizado se convierte en acto, puesto en escena a través de la violencia.
En referencia a este tema vale reforzar esta idea con un ejemplo citado por Agustín hipona. "Con toda profundidad le respondió al célebre Alejandro un pirata caído prisionero, cuando el rey en persona le pregunto: ¿Qué te parece tener el mar sometido a pillaje? Lo mismo que a ti, le respondió, tener el mundo entero. Solamente que a mí que trabajo en una ruin galera, me llaman bandido, y a ti por hacerlo con una flota te llaman emperador". Ese sucinto ejemplo muestra las dos caras de la moneda, la del transgresor de la ley y la del no transgresor, el que está autorizado por la ley, y su relatividad a la significante ley.
En resumidas cuentas, de lo que se trata es de imponer las verdades de unos, sobre las de otros. Y es en esta lucha fratricida que nuestro mundo, el mundo de todos, no de unos cuantos, peligra.
El terrorismo es prácticamente un fenómeno moderno en cuanto a que las imágenes viajan a la velocidad de la luz, a través de los medio de masas; esta transformación de la tragedia en un espectáculo hace de la noticia una mercancía de consumo.
Para los que ejecutan el acto, el hecho de sembrar el terror no es tan gratificante como el de ser presenciado, ser atendido, como el niño que demanda la atención de sus padres por medio de un berrinche. Su acto no es interpretado como un acto criminal, sino como heroico, el cual dichosamente se atribuyen, como un logro, mostrando lo perverso del discurso, en tanto que el deseo se sustenta en el goce del otro, que cumple las veces de un Dios.
La voluntad proviene del otro, ese dios de ellos, que es su fantasma, y que induce a ese sacrificio como una forma de ritual, que retrotrae a los rituales ofrecido a esos dioses de la antigüedad, minimizando el lugar de los otros(personas) a simples víctimas.
Pero aquí quisiera proferir en torno a este tema el siguiente análisis, haciendo cita del fenómeno literario conocido como el Marqués de Sade.
Sade, cuyo arte literario marcado por el discurso más perverso posible, escandaloso para muchos, surge o se engendra en los regazos de la monarquía absolutista de Francia.
Para Deleuze el pensamiento de Sade eminentemente político, se fundamenta esencialmente en el siguiente punto. "Los tiranos nunca nacen en la anarquía, uno los ve erigirse a las sombras de las leyes o basarse en ellas. El tirano habla del lenguaje de las leyes y no tiene otro lenguaje. Tiene necesidad de la sombra de las leyes y los héroes de Sade se encuentran investidos de una extraña antitiranía, hablando como ningún tirano podrá nunca hacerlo, como ningún tirano lo hizo instituyendo un contra lenguaje
En esto, habría que considerar hasta qué punto esos pequeños tiranos se forman, se engendran como consecuencia de esta lógica, la lógica del contralenguaje que redunda en esa transgresión de la ley, pero bajo la operación de oposición al gran tirano.
A ciencia cierta se sabe que Osama Bin Laden, al igual que Noriega entre otros, fueron parte de ese organismo de inteligencia que le llaman CIA. Pero he ahí donde me pregunto, qué aprendieron, de qué manera ese lenguaje interactuó con su lenguaje propio, independiente mente de las características sicopática que estos personajes posean, convirtiéndose ya no en parte del sistema, sino en fugitivos como lo es Osama actualmente, condición bajo la cual es más peligroso.
Es en esta condición de segregados, en esa declaración de lucha contra el terrorismo que la contra identificación ya establecida por ese sector del Medio Oriente, se realimenta.
Esta cuestión del contralenguaje establece que lo que se pudo articular en un discurso, en Sade, articulado en la literatura, es fenómeno que no simbolizado se convierte en acto, puesto en escena a través de la violencia.
En referencia a este tema vale reforzar esta idea con un ejemplo citado por Agustín hipona. "Con toda profundidad le respondió al célebre Alejandro un pirata caído prisionero, cuando el rey en persona le pregunto: ¿Qué te parece tener el mar sometido a pillaje? Lo mismo que a ti, le respondió, tener el mundo entero. Solamente que a mí que trabajo en una ruin galera, me llaman bandido, y a ti por hacerlo con una flota te llaman emperador". Ese sucinto ejemplo muestra las dos caras de la moneda, la del transgresor de la ley y la del no transgresor, el que está autorizado por la ley, y su relatividad a la significante ley.