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El TLC de Colombia


Mientras celebrábamos carnavales, nos vino la noticia. Colombia culminó con éxito sus negociaciones con Estados Unidos para la firma de un tratado de libre comercio (TLC). La reacción de su sector agrícola es de preocupación, en especial de los avicultores, que dicen emplear a más de 300 mil personas. Pero también los productores de arroz y porotos, entre otros, muestran inquietud.
El gobierno del presidente Alvaro Uribe, enfrascado en una campaña de reelección, ha estallado de euforia. Espera ratificar el tratado en el Congreso durante el presente mes. Y ha reiterado que lo que importa es el saldo positivo total, luego de balancear pro y contra. Colombia cuenta con una vigorosa industria, entre otros, en el rubro textil. Fuera de eso, es en país de gente en extremo industriosa. A nuestro juicio, nada tienen que temer y sí mucho que ganar. Pero mientras los colombianos hacen su inventario y lo discuten, lo importante para nosotros es destacar que nuestro país queda de ese modo rodeado por vecinos que cuentan cada cual con su propio TLC. Centroamérica lo tiene y, en especial Costa Rica, que más temprano que tarde lo va a ratificar, pese a la actual oposición interna. Además, lo tiene también República Dominicana y, ahora Colombia.
¿Nos conviene o no tener un TLC? Por supuesto que sí, sobre todo siendo una nación con un minúsculo mercado, que impide crecer a plenitud. Y el grado de conveniencia depende no sólo de los términos negociados sino también de saber aprovecharlos; porque como quiera se le mire es una oportunidad para ampliar el mercado. Tan sólo los hispanos, en Estados Unidos, suman 30 millones, de altos ingresos que conservan los mismos gustos que sus hermanos del sur.
Estados Unidos es el mayor -por su poder de compra - y el más apetecido mercado del planeta. Si lo vemos desde otro punto de vista, nos haría mucho daño y sería intolerable quedarnos sin tratado, cuando todos los demás de nuestros vecinos lo tienen o están en vías de tenerlo. Si alguna inversión extranjera opta por no echar raíces en nuestro suelo, que no sea por no tener lo que todos los demás tienen y, dicho de otro modo, el tratado de libre comercio con Estados Unidos, debe ser parte del paquete de ofertas que debemos poder brindar a todo inversionista que toque a nuestra puerta. Es lo mismo que le ofrecerá nuestra competencia.

101 años de Panamá América

 
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