El tongo adentro
En la época más oscura de la dictadura militar, los panameños tuvimos que aprender a que el amor por nuestra patria significaba muchas veces denunciar en foros internacionales los abusos que cometían las autoridades. Los gorilas de entonces se quejaban de los “malos panameños” que les estropeaban el maquillaje de democracia que mal querían lucir ante extranjeros, que no necesariamente conocían con precisión sus hechos, o los atributos de su desempeño público. Más allá de los grados de verdad y mentira en esta o aquella afirmación, la práctica anti-democrática de los militares consistía en su intento permanente de frustrar el ejercicio de la libertad de expresión mediante una coacción moral que invariablemente se anunciaba como el preludio de una necesaria coercíon física. En democracia, las autoridades y los ciudadanos, independientemente de su signo ideológico, tienen que aprender a respetar las opiniones de los demás, ya sean académicos, profesionales, empresarios, o comunicadores, sobre todo cuando estas opiniones pudieran serles adversas, o tener efectos que no son los queridos o los esperados. Da pena ver cómo ciertos ciudadanos y grupos sigue usando la etiqueta de “malos panameños” contra aquellos que no se suman a sus particulares intereses, o a su forma de ver las cosas. Los que se creen dueños del país por sus conexiones con el poder de turno, no dejan de pensar un poco como aquellos gorilas quejosos para quienes el país era la suma de sus intereses gorileros. Una dosis de tolerancia es nuestro el mejor remedio para quienes lleven el tongo adentro.