El torneo electoral
Cuando inicié mi recorrido, el domingo 3 de mayo, sentí un ambiente bastante similar al vivido en 1989. Mucha algarabía y poses victoriosas de los seguidores del partido de los militares y un silencio mayoritario en el resto de la población. Casas, vehículos, perros, gatos, caballos y cuanta cosa existiera, eran adornados con los emblemas del PRD, mientras observaba a una inmensa cantidad de carros sin banderas y símbolos.
“Se va a repetir el mismo fenómeno de 1989”, le comenté a mi esposa. El voto silencioso, no jactancioso ahogará la ostentación del partido de gobierno. Mi hijo fue sarcástico en uno de sus comentarios. “Papá, creo que hasta en las ropas íntimas cargan los colores rojo, blanco y azul”. Esa actitud de prepotencia política no les ofrecerá réditos a futuro. Hasta en la hora de perder percibí esa postura belicosa, atrevida.
La campaña de la Ing. Herrera, de mostrar sus raíces y de expresar que Martinelli estaba en contra de los humildes, puso de relieve algo que pasó de moda…la lucha de clases. En vez de sumarle le restó. Recuerdo cuando investigué sobre el origen de una de las familias más ricas e influyentes de Panamá. Los cinco hermanos Motta se levantaron de la miseria. Alberto Motta, en vida, vendió periódicos, confites. Cuando adolescentes sólo contaban con un par de zapatos apropiado para las fiestas. Se turnaban el uso de él. Se imaginarán que a uno le quedaba apretado y a otro le bailaba en el pie.
Su cierre de campaña también la terminó de sepultar. Si considero que la promesa de Martinelli de cien balboas para los no jubilados que tengan 70 años o más me parece difícil, Balbina la botó con aumentar a 162 balboas y bajar la edad a 65 años. El hecho de decir que abriría los corredores entre seis y nueve de la mañana y de cuatro a siete de la noche fue exagerado. La economía del país se está enfermando y todavía no tocamos fondo. Para rematar, Balbina prometió abrir el negocio del transporte selectivo. “Cada panameño que tenga su vehículo podrá transportar a la gente”, dijo.
Esto no le cayó bien a los sectores del volante, lo que se pudo traducir en menos voto para la candidata. Las medidas populistas del presidente Torrijos también contribuyeron a la derrota. Eso de abrir los corredores en diciembre del año pasado, de ofrecer gratis la autopista de Arraiján-La Chorrera y de Madden a Colón, se convirtió en un bumerang. El pueblo ya no come de cuentos; sabe diferenciar entre realidades y demagogia. La lucha encarnizada a lo interno del PRD, en las primarias; el abandono que le dio el sector económico a la ingeniera y la unión de los panameñistas con Martinelli, acabaron con las aspiraciones de Balbina Herrera.
No podemos soslayar su pasado. Éste pesó a la hora de las elecciones. A todo ello súmele a un Martín Torrijos tirando su investidura de Presidente de la República, para ponerse el chaleco de secretario general del PRD. Su mensaje transmitido por radio y televisión apoyando a Balbina, encendió más el deseo de salir a votar contra los partidos de gobierno.
Quiero ver a un Martinelli subir a la presidencia, el uno de julio, con una banda donde se unan los colores de los partido que le apoyaron y bajar con los matices de nuestra gloriosa bandera, expresando: “Subí como representante de una coalición de partidos y ahora bajo como presidente de todos los panameños y para ellos trabajaré sin distingo alguno”. Espero que las lecciones sirvan para que perdedores y ganadores entiendan y comprendan que hay un país que está por encima de los partidos políticos, que existe un pueblo que espera el cambio verdadero a partir del uno de julio.