El trabajo como instrumento de poder
Los sociólogos y estudiosos en materias de orden social coinciden en que las condiciones sociales, económicas y políticas en el mundo laboral latinoamericano -no solo en la época del neoliberalismo- son un ejemplo del contenido eminentemente político del tema “trabajo como instrumento de poder”, al que se dedicó un ciclo de conferencias realizado en la Universidad de Viena, en el semestre de invierno 1998-1999, y al que fueron invitados a participar a representantes de diversas disciplinas científicas. Igualmente, se examinaron detenidamente los procesos histórico-estructurales en el marco de estas conferencias, en las que además se trató desde una perspectiva científico-social, política, económica y sociológica la historia del mundo laboral y sus relaciones, una vez que también esta es historia de la sociedad.
En este punto, vale decir, se han de mencionar igualmente las transformaciones de los paradigmas relacionados al concepto de “trabajo” y de “trabajador” en un sistema inconstante de valores económicos, religiosos y morales. A principios del siglo XVIII imperaba un concepto moderno de trabajo según el cual era posible alcanzar el bienestar y la emancipación; en el siglo XIX se establecieron los conceptos de “civilizar” y “humanizar”; en la utopía marxista se agrega el valor “liberador” que permite la realización individual una vez superada la fase de dependencia del trabajo remunerado. Agregado a ello, el movimiento obrero logró que las legislaciones incluyeran los conceptos de seguridad social.
Si bien desde hace tiempo, el concepto de “trabajo” no se circunscribe solo al trabajo “remunerado”, sí se sigue refiriendo exclusivamente al espacio público y excluye el trabajo informal y el no remunerado. Las distintas sociedades laborales difieren, en efecto, según sean centros o periferias. Mientras en los centros se sigue debatiendo sobre la relación personal y la ocupación plena, la movilidad es menos y los mercados laborales están más protegidos y regulados, en las periferias predominan las relaciones inestables e informales.
Las estructuras coloniales y poscoloniales de las sociedades de trabajo (formas de esclavitud, trabajo remunerado, trabajo no remunerado, trabajo informal, subsistencia, etc.) constituyen el tema de estudio actual sobre todo lo que se relaciona con el trabajo en general. La transformación de los espacios públicos de acción de los sindicatos y de los grupos de presión se examina según las características del sistema gubernamental y económico, ocupando un lugar central las formas de resistencia frente a las condiciones laborales dentro y fuera de las estructuras corporativas y sindicales y frente a las empresas, los gobiernos y los partidos políticos. También son dignos de consideración, de estudio, discusión y debate, las distintas formas de trabajo en el sector informal, el trabajo infantil y de las mujeres, así como la discriminación étnica en el mundo laboral.
En la actualidad, también se discuten los aspectos de la “economía invisible”, por ejemplo, la subsistencia como una forma alternativa, y se analizan las consecuencias de la nueva división internacional del trabajo y sus esfuerzos por la racionalización. El cambio de sector, es decir, de trabajo remunerado a economía informal, refleja no solo la realidad política y económica, sino también el valor que la sociedad otorga a las distintas formas de trabajo. Un grupo importante lo conforma la migración como característica histórico-social constante desde la época colonial hasta bien entrado el siglo XX.
La migración implica también la transferencia de “códigos” culturales como, por ejemplo, la concepción política, y produce sociedades complejas y pluriculturales con conflictos inherentes, especialmente en el sector laboral. A propósito, para América Latina falta todavía la prueba de que economía de mercado y democracia conducen a una participación más intensa de los segmentos pobres de la población en el bienestar material. La comprensión de este contexto exige diferenciaciones conceptuales entre democracia y Estado, así como también entre desigualdad social y justicia social.
Finalmente, convenimos en que todo lo relacionado con el trabajo y su correspondiente historia a través de los siglos, sobre todo en la región latinoamericana, no deja de ser interesante, importante y necesario su tratamiento y discusión constante, toda vez que nos permite actualizarnos en un tema siempre vigente y cuyo valor social está fuera de cuestión.