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El trabajo de enfermería


Cuando me inicié como enfermera, nunca me imaginé lo que sería el largo camino que tendría que recorrer, apoyada en una vocación, una voluntad y el deseo sincero de servir a mi semejante. Lo especial y diferente del trabajo de una enfermera, es la relación humana que mantiene constantemente con el paciente, esté sano o enfermo, siempre se comparte el dolor en diferentes intensidades. Existen caracteres diferentes, que hay que saber sobrellevar las 24 horas del día. En mi largo peregrinaje, me encontré con recién nacidos que partían el alma, cuando debido a malformaciones congénitas, no podían recibir su alimento por vía oral y había que alimentarlos, a través sus pequeñas venas. Cuidaba a esos niños con el mismo sufrimiento dulce de su madre.
Cuando trabajaba en las salas de medicina con adultos de todas las edades, muchos en estado grave y algunos en fase terminal, mientras caminaba por el largo pasillo administrando medicamentos, muchas voces me llamaban: ¡enfermera, quiero ver a mi mamá!, mientras que un anciano me gritaba improperios, sin merecerlos: ¡enfermera, se me salió la venoclisis! . De otro cuarto salía un grito, ¡Pedro se está bajando de la cama para irse a tirar por el balcón! Otro decía ¡quiero una paleta por favor, que ya me estoy...! ¡enfermera, la llaman por teléfono! Y no faltaba un médico que preguntara expediente en mano: ¿Qué pasó con esta orden médica que no se ha cumplido aún? ¿En qué cama está Jacinto? En eso, el auxiliar me anunciaba... viene un paciente del Cuarto de Urgencias... ¡y no hay más camilla! Otro paciente, revisaba lentamente los medicamentos antes de tomarlos y me preguntaba, para qué era cada uno. Seguía con mi carro de medicamentos por el largo pasillo. Al llegar a la puerta de otro cuarto alguien me solicitaba ayuda para cambiarle la cama a Juan, porque estaba ¡empapadito! Otro paciente decía... ¡llamen al señor de aseo que se volteó el urinal... y ya viene la visita! De pronto al cambiar a Juan de posición, como estaba tan grave, hizo su paro cardíaco, y entonces, la que gritaba era yo: ¡el ambú! (bolsa de caucho depresible que se usa para dar respiración manual) ¡doctor venga rápido, que Juan cayó en paro!. En eso se me pasaba una hora en maniobra de resucitación cardio-pulmonar, (RCP) que cuando tenía éxito y el paciente recuperaba la función cardíaca, la vigilancia era muy estrecha y si por el contrario moría, mi sufrimiento era silencioso y surgían en mí, una mezcla de sentimientos, acompañados de un gran cansancio, porque el esfuerzo físico que se imprime en la maniobra, equivale a correr, sin tener condiciones físicas, más o menos un km. En terreno plano. Al día siguiente, los dolores musculares de tórax y cuello son molestosos.
Al salir de la abstracción, ya el comedor había cerrado y me quedaba sin comer. De todos modos, me las arreglaba con una empanada y una chicha. El trabajo atrasado había que retomarlo y cuando el turno finalizaba, tenía montañas de informes que escribir y al salir del hospital después de la media noche , ya no había autobuses y para llegar a mi casa a la una de la mañana, tenía que pagar B/. 5:00 a un taxi. Eso no es nada, tenía que madrugar y arreglar a mis hijos para la escuela, preparar la comida, y cuando parpadeaba, ya tenía que retomar el turno de 3-11 p.m, nuevamente. Cuando podía ir al comedor, de paso llamaba a mis hijos por teléfono, para preguntar cómo la habían pasado en la escuela y recomendarle que hicieran las tareas, que su padre las revisaría en la noche. Y nuevamente la ¡angustia!. A las 11:00 p.m. el relevo no llegó y hay que seguir hasta las 7:00 de la mañana del día siguiente. Pero...¿quién dijo dormir cuando llegaba a mi casa amanecida? Mis hijos ya no estaban. Mis oficios domésticos me esperaban. El asunto es más complicado aún: la enfermera que estaba de 7-3 p.m. desde temprano sabía, que doblaría turno, porque yo era su relevo, y no iría, por estar amanecida. Todo es una cadena de inconvenientes. Había que llamar a otra enfermera, que estaba libre, para que asistiera a trabajar en su día de descanso. Y qué hablar de un Cuarto de Urgencias, en donde todo el que llega, que camina y habla, se cree que es el de peor condición y exige atención y ¡rápido!, aumentando el estrés del personal ya recargado de trabajo.
En el "argot" hospitalario se dice: "el Cuarto de Urgencias está prendido" Recuerdo que tenía que trabajar muy rápido, como si tuviera muchas manos, para canalizar las venas en serie, administrar medicamentos de urgencia, preparar venoclisis, ayudar en una entubación de tráquea, para colocar un ventilador mecánico, hacer un relevo en (RCP), lavar las heridas que llegaban, atender a familiares de los accidentados o graves. Como enfermera yo también "apagaba fuego".
Cuando trabajaba en los cuidados intensivos (CI), experimentaba mucho estrés por la alta tecnología, porque cuando se usa una función mal en la "PC" borras información y no pasa nada; pero en las computadoras de un (CI) puedes borrar "otra cosa"... El trabajo era agotador por la cantidad de traumatizados y más de una vez, recibí un "golpe" de algún paciente, que mentalmente estaba fuera de control y no sabía lo que hacía. Había mucho riesgo de contagio de enfermedades . En los cuartos de parto, en los quirófanos y en psiquiatría, también "se apaga fuego".
Los pasajes descritos, son algunas de las experiencias de las enfermeras en la actualidad, porque nuestro trabajo es muy intenso y complicado en todos los rincones de un hospital. La atención en enfermería está más recargada, porque la población, las enfermedades contagiosas resistentes a tratamiento, la violencia en las calles y los accidentes de carretera han aumentado vertiginosamente.

101 años de Panamá América

 
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