default

El trabajo infantil


Periódicamente, grupos y organismos locales, haciéndose eco de informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la problemática del trabajo infantil, exteriorizan advertencias y elaboran mensajes contra lo que consideran es una explotación que atenta contra los derechos del niño y una violación de los derechos humanos. Nosotros, en cada ocasión, nos preguntamos si el ocio y la vagancia callejera no representan acaso un peligro mayor.
Partamos de una base cierta, Panamá es un país con más de 35% de pobreza, la mitad de la cual es extrema, de aquellos que no tienen ni un balboa diario para comer. Sumado a eso, cargamos un desempleo cercano al 15%. Ambos indicadores traen desnutrición, delincuencia, deserción escolar, etc. Y frente a tales problemas, la solución es proveer empleos, pero éstos no salen del aire sino con inversiones y crecimiento económico. ¿Cómo hacerlo con un Producto Interno Bruto anémico de 2%?
Una ley aprobada por el Legislativo acaba de aumentar de 5 a 7 años de cárcel la pena máxima para los menores delincuentes. La iniciativa, pendiente aun de la sanción presidencial, refleja que los delitos perpetrados por menores se ha convertido en una preocupación general. Y en este aspecto, todos los estudios coinciden que el ocio juega un papel generador de vicios y crímenes, de primer orden. Obviamente, estudiar no es ocio, como tampoco lo es el deporte y otras actividades recreacionales propias de la niñez y la juventud. Por ocio malsano entendemos, por ejemplo, el sentarse en una acera a molestar transeúntes o espiar vecinos, dilapidar el tiempo en tertulias callejeras, deambular por las vías en grupo, tirarse bajo un árbol a ver pasar las horas y los días, mientras la mente viaja en busca de fantasías pocas veces positivas, que muchas veces se concretan en maldades tales como el consumir drogas o alcohol, fumar, provocar embarazos precoces, involucrarse en pandillas o en actos delictivos.
Nada de eso le ocurre a quien ocupa su tiempo trabajando. Al cabo de 8 ó 10 horas, el cuerpo no pide sino descanso. Y en ese accionar, al tiempo que se evitan las tentaciones de los malos pasos, se gana honradamente el sustento y se crea el hábito y la cultura del trabajo honesto, no el de la zanganería institucionalizada que pregonamos en los países en desarrollo.
En Estados Unidos, que es la nación más rica del planeta, existe y se fomenta en los niños la cultura del trabajo. Muchos niños y jóvenes, de familias de medio y alto ingreso inclusive, son estimulados por sus padres para que trabajen y ganen algún dinero, lavando autos, limpiando jardines, paseando perros, cuidando niños por unas horas, acompañando a la abuela del vecino, o más abiertamente, como meseros y lavaplatos, sin que por eso pierdan apellido o corona alguna.
En nuestro propio país, vemos en cualquier lujoso almacén de Vía España, a la familia entera de comerciantes, incluyendo a niños de muy corta edad, ayudando, empacando, practicando en la caja, envolviendo regalos, cargando bolsas, en fin, trabajando. Nada malo tiene. ¿ Por qué hay menos delincuencia juvenil en el campo que en las urbes? El peligro mayor está en el ocio, en la cultura de que los padres lo den todo y el niño o joven no aporte ni sea parte de nada. El trabajo en familia une, enaltece, da orgullo y aleja de los vicios.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América