El trabajo infantil
La Organización Internacional del Trabajo y entidades no gubernamentales alrededor del mundo se encuentran promoviendo una campaña de concientización contra el trabajo infantil, la cual ha de culminar con la firma de un tratado que reitere conceptos que en ese sentido se han pronunciado en el pasado, al tiempo que se refuerzan otros.
El problema es particularmente grave en naciones en desarrollo de Asia y América Latina, donde los requerimientos de mano de obra barata ha conducido a la explotación de mujeres y niños, por no decir de familias enteras, que se dedican a tediosos y prolongados trabajos manuales, entre ellos, la elaboración de alfombras y filigramas en madera, piedra y marfil.
La toma simbólica hace dos años del famoso Bloomingdales de New York por parte de organizaciones opuestas a este tipo de explotación, que atribuían a fábricas filiales del establecimiento emplazadas en Canadá, el estar dedicadas a la confección de ropa y calzados con marcas famosas bajo el condenable sistema, vino a constituir la primera gran campanada en el seno de la capital comercial del planeta.
Hoy se han organizado gigantescas marchas en Europa y Asia, con participación de niños explotados en diversas partes del globo, abogando por la abolición de la más reprochable forma de esclavitud moderna.
En nuestro país, la explotación del trabajo infantil tienen en las ventas callejeras su forma más ruin. Estudios hechos desde hace dos décadas por la Dirección de Bienestar Social del Ministerio de Trabajo, ha demostrado que son los padres y padrastros de los niños quienes los inducen a involucrarse en tareas de mendicidad y venta en semáforos y, cuando no, en la prostitución, comercio de drogas y la comisión de otros delitos al amparo de la relativa inmunidad legal de que gozan los menores en material penal.
Muchos esfuerzos se han hecho desde entonces, a cargo de alcaldes y trabajadores sociales de diversas entidades a fin de solucionar el problema. Pero lamentablemente, los mismos han carecido de una adecuada coordinación y visión estratégica de conjunto.
Hoy se sabe cuántos y quiénes son los involucrados, pero de allí no se pasa. Es menester que el nuevo Ministerio de la Mujer, el Niño, la Juventud y la Familia, se involucre en serio en dar una respuesta. Todos estamos hartos de propaganda gastada. El primer derecho de todo niño es ser niño.
El problema es particularmente grave en naciones en desarrollo de Asia y América Latina, donde los requerimientos de mano de obra barata ha conducido a la explotación de mujeres y niños, por no decir de familias enteras, que se dedican a tediosos y prolongados trabajos manuales, entre ellos, la elaboración de alfombras y filigramas en madera, piedra y marfil.
La toma simbólica hace dos años del famoso Bloomingdales de New York por parte de organizaciones opuestas a este tipo de explotación, que atribuían a fábricas filiales del establecimiento emplazadas en Canadá, el estar dedicadas a la confección de ropa y calzados con marcas famosas bajo el condenable sistema, vino a constituir la primera gran campanada en el seno de la capital comercial del planeta.
Hoy se han organizado gigantescas marchas en Europa y Asia, con participación de niños explotados en diversas partes del globo, abogando por la abolición de la más reprochable forma de esclavitud moderna.
En nuestro país, la explotación del trabajo infantil tienen en las ventas callejeras su forma más ruin. Estudios hechos desde hace dos décadas por la Dirección de Bienestar Social del Ministerio de Trabajo, ha demostrado que son los padres y padrastros de los niños quienes los inducen a involucrarse en tareas de mendicidad y venta en semáforos y, cuando no, en la prostitución, comercio de drogas y la comisión de otros delitos al amparo de la relativa inmunidad legal de que gozan los menores en material penal.
Muchos esfuerzos se han hecho desde entonces, a cargo de alcaldes y trabajadores sociales de diversas entidades a fin de solucionar el problema. Pero lamentablemente, los mismos han carecido de una adecuada coordinación y visión estratégica de conjunto.
Hoy se sabe cuántos y quiénes son los involucrados, pero de allí no se pasa. Es menester que el nuevo Ministerio de la Mujer, el Niño, la Juventud y la Familia, se involucre en serio en dar una respuesta. Todos estamos hartos de propaganda gastada. El primer derecho de todo niño es ser niño.