El trabajo infantil no es trabajo
El trabajo es una de las actividades que mejor definen las capacidades del ser humano. En sentido abstracto, desarrolla las capacidades del individuo y crea riqueza para la sociedad. Pero estas verdades generales no nos deben hacer perder de vista lo que realmente ocurre cuando el sujeto que conjuga el verbo trabajar es un niño. El trabajo toma el tiempo que debería tomar la escuela, y el hombre que ha dejado de ser niño y que no tiene un nivel de preparación adecuado a las exigencias del mercado laboral está destinado a vivir pobre o con muy bajos ingresos, lo que a su vez merma su capacidad para ofrecer la debida protección a sus hijos, en los que ve repetirse el mismo ciclo del cual él fue primero una víctima.
Un niño que trabaja es una señal trágica de que la sociedad se está empobreciendo y minando su potencial de desarrollo. Digámoslo sin ambages: el trabajo infantil no es trabajo, es explotación. Las realidades mundiales pesan demasiado sobre nuestra conciencia para entretenernos con anécdotas sobre los millonarios de hoy que trabajaron cuando chicos. Son 132 millones de niños y niñas, menores de 15 años, que en el mundo sufren diariamente de explotación, según estimados de Naciones Unidas. El 70% es explotado en actividades agropecuarias. Sólo en África viven 72 millones explotados diariamente. Pero el mal no se limita a los llamados países pobres. También hay explotación laboral de niños en el mundo industrializado.
En Panamá hay cerca de 50 mil niños entre las edades de 5 y 15 años víctimas de la explotación laboral. La erradicación del trabajo infantil es uno de los objetivos del milenio establecido por la comunidad de naciones y sería bueno que el gobierno y la sociedad civil, empresarios y sindicatos, y los partidos de todos los colores, dedicaran un espacio en su apretada agenda para comprometerse públicamente con la eliminación de este mal, fuente de otros males.
Un niño que trabaja es una señal trágica de que la sociedad se está empobreciendo y minando su potencial de desarrollo. Digámoslo sin ambages: el trabajo infantil no es trabajo, es explotación. Las realidades mundiales pesan demasiado sobre nuestra conciencia para entretenernos con anécdotas sobre los millonarios de hoy que trabajaron cuando chicos. Son 132 millones de niños y niñas, menores de 15 años, que en el mundo sufren diariamente de explotación, según estimados de Naciones Unidas. El 70% es explotado en actividades agropecuarias. Sólo en África viven 72 millones explotados diariamente. Pero el mal no se limita a los llamados países pobres. También hay explotación laboral de niños en el mundo industrializado.
En Panamá hay cerca de 50 mil niños entre las edades de 5 y 15 años víctimas de la explotación laboral. La erradicación del trabajo infantil es uno de los objetivos del milenio establecido por la comunidad de naciones y sería bueno que el gobierno y la sociedad civil, empresarios y sindicatos, y los partidos de todos los colores, dedicaran un espacio en su apretada agenda para comprometerse públicamente con la eliminación de este mal, fuente de otros males.