El tramo final
Hemos entrado esta semana en la cuenta regresiva de la administración Moscoso, con todo lo que ello ha significado y significará en los meses por venir. Por experiencia vivida, manifiesto que para los que forman parte de un gobierno se hacen meses interminables. El valor político que por sinceridad o conveniencia se otorga a los funcionarios en sus primeros años comienza a decrecer. El más importante, el del mandatario, comienza a sufrir de irrelevancia en todos los órdenes de sus actividades, acompañada de un incremento paulatino de lo que se puede llamar, la soledad del poder. Es el momento en el que se comienzan a alinear los nuevos intereses y a agradecerse los favores por recibir. También, a lo interno de cada quien y juzgando el tiempo transcurrido y lo que has hecho como gobernante o como parte del equipo de gobierno, se te viene a la mente una pregunta que, si estás tranquilo contigo mismo, se responde fácil: ¿Dónde estaré yo dentro de un año?
Lo anterior viene a cuento porque reitera algo que es importante tener claro desde el primer momento en que se logra detentar o tener acceso al poder político: “el poder hay que administrarlo para cuando no se tenga”. Y esto, claro está, guarda relación no sólo con las actuaciones públicas, las cuales de por sí son muchas, sino a lo cómodo y rápido con que te acostumbras a que las puertas se abran y proliferen los halagos, amigos y otras arandelas que, si no las tienes claras y entiendes que sólo pertenecen al puesto que ocupas, te vas a frustrar mucho cuando estén ausentes y rodeando a otro. El que se aleja de sus verdaderos amigos en estos momentos, los puede perder y los nuevos, jamás fueron tus amigos. Son realidades claras que, por suerte y una seria disciplina y realismo, no me afectaron en lo personal, pero que cuánto daño te pueden hacer si te crees todos lo cuentos que escuchas.
En otro orden de cosas, este período de tiempo poco es lo que puedes hacer como gobierno, salvo, empeñarte en conducir con transparencia y neutralidad el proceso electoral que corresponde. El mantener al gobierno al margen de la campaña es una gran cosa, pero una tremenda tentación, máxime cuando el candidato oficial no repunta y se mantiene débil. A estas alturas, casi siempre, se puede percibir con facilidad el futuro que le depara a las fuerzas oficialistas en el torneo por venir. Se puede percibir si tiene opción o si el castigo será grande. No hace falta contratar asesores para que te digan lo que puedes intuir con un poco de sentido común. Creo que ya eso está dicho, salvo milagros, cosa en la que no necesariamente hay uniformidad de criterios en cuanto a su existencia. Y, si se lo dejas a la suerte, podemos decir que la misma, está echada. Revertir lo malo o la percepción de malo que pueda haber acumulado el gobierno es imposible, sobre todo porque el gobernar desgasta y el gobernar mal, mucho más.
El equipo gubernamental se recompone habida cuenta de las renuncias que se dan de parte de todo aquel que aspira a correr a puestos de elección, de los que se separan del gobierno por razón de la recomposición de las alianzas electorales o por la simple distancia que algunos siempre tratan de poner con el saliente.
El gabinete ministerial queda compuesto con los que deciden acompañar al Presidente hasta el final y con los que recién llegan, algunos ya con limitaciones propias que trae consigo la temporada final del gobierno. Se comienza a vislumbrar las decisiones con la óptica de lo realizable en los escasos meses que quedan y dejar para el que viene el peso de las que no se pueden adoptar por las razones que impone el final de un mandato. Son meses críticos y si el gobierno se acostumbró rápido a la buena vida, de seguro la van a extrañar porque todo dura hasta cuando se acaba y eso, está próximo.
Juega un papel importante la correlación de fuerzas en el Organo Legislativo. No es casual lo que sucedió el pasado 1 de septiembre. Más que por buscar logros, es un factor de tranquilidad el que busca la mandataria al controlar a ese Poder, por ahora. Preocupante los comentarios en torno a la futura conformación de la Corte Suprema, que ya se dice presidirá un recién nombrado Magistrado. A diferencia del otro Poder, el pretender tal cosa, deja dudas respecto del verdadero propósito de lo que se desea hacer. Ojalá esté equivocado.
Llegan las elecciones y luego de ellas la transición de cuatro meses. Si la gana el candidato oficialista, el final debe ser más fácil, cosa que no veo cómo pueda pasar esta vez, como no ha pasado en las anteriores. Guillermo Endara ideó y realizó una transición civilizada que sirvió de mucho al gobierno siguiente. No sé ahora cómo anden los ánimos de ayudar al adversario. Esos cuatro meses terminan en el casi absoluto aislamiento del presidente saliente. Por responsabilidad y cortesía, casi todo se tiene que consultar con el nuevo gobierno, haciendo de la administración un ente bicéfalo, pero con una sola cabeza que decide, casi en todo lo relevante. En fin, es entonces cuando de verdad se siente que se acabó la cosa, con la tranquilidad o el desasosiego que tal realidad puede producir, dependiendo de las características de cada quien.
Como he escrito antes, vivir esa experiencia fue tremendamente aleccionador para mí. Bajé las escaleras de la presidencia junto al presidente Endara el último día, con pocos amigos como era de esperarse, y escuché en la fuente de las garzas cuando tomó agua entre las manos y la lanzó al viento diciendo: volveremos, recordando la célebre frase de su mentor político. Ahora entiendo por qué lo hizo, (mi recordado amigo Joaquín Franco no paró de decirme en los últimos años de su vida, pélale el ojo a Endara). Salimos de allí a entregar el gobierno y al día siguiente retornamos todos a nuestras vidas privadas, pudiendo caminar siempre con la frente en alto y la satisfacción del deber bien cumplido, con la seguridad de que actuamos de buena fe y honestamente en nuestras posiciones, en una de las épocas más difíciles e incomprendida de nuestra historia polaca. Esa tranquilidad no tiene precio, de verdad lo digo. Se la recomiendo a todo aquel que gobierne en el futuro y, a los que pronto dejan de hacerlo, ojalá también la puedan disfrutar.
Una vez más serán los consumidores, o sea la sociedad en su conjunto, los perjudicados.
Con estas innovaciones a lo “gatopardo”, ¿realmente podemos sorprendernos de la decepción que embarga a nuestros pueblos con respecto a las reformas llamadas de “libre mercado”?
*Analista uruguaya.
(c)www.aipenet.com
Lo anterior viene a cuento porque reitera algo que es importante tener claro desde el primer momento en que se logra detentar o tener acceso al poder político: “el poder hay que administrarlo para cuando no se tenga”. Y esto, claro está, guarda relación no sólo con las actuaciones públicas, las cuales de por sí son muchas, sino a lo cómodo y rápido con que te acostumbras a que las puertas se abran y proliferen los halagos, amigos y otras arandelas que, si no las tienes claras y entiendes que sólo pertenecen al puesto que ocupas, te vas a frustrar mucho cuando estén ausentes y rodeando a otro. El que se aleja de sus verdaderos amigos en estos momentos, los puede perder y los nuevos, jamás fueron tus amigos. Son realidades claras que, por suerte y una seria disciplina y realismo, no me afectaron en lo personal, pero que cuánto daño te pueden hacer si te crees todos lo cuentos que escuchas.
En otro orden de cosas, este período de tiempo poco es lo que puedes hacer como gobierno, salvo, empeñarte en conducir con transparencia y neutralidad el proceso electoral que corresponde. El mantener al gobierno al margen de la campaña es una gran cosa, pero una tremenda tentación, máxime cuando el candidato oficial no repunta y se mantiene débil. A estas alturas, casi siempre, se puede percibir con facilidad el futuro que le depara a las fuerzas oficialistas en el torneo por venir. Se puede percibir si tiene opción o si el castigo será grande. No hace falta contratar asesores para que te digan lo que puedes intuir con un poco de sentido común. Creo que ya eso está dicho, salvo milagros, cosa en la que no necesariamente hay uniformidad de criterios en cuanto a su existencia. Y, si se lo dejas a la suerte, podemos decir que la misma, está echada. Revertir lo malo o la percepción de malo que pueda haber acumulado el gobierno es imposible, sobre todo porque el gobernar desgasta y el gobernar mal, mucho más.
El equipo gubernamental se recompone habida cuenta de las renuncias que se dan de parte de todo aquel que aspira a correr a puestos de elección, de los que se separan del gobierno por razón de la recomposición de las alianzas electorales o por la simple distancia que algunos siempre tratan de poner con el saliente.
El gabinete ministerial queda compuesto con los que deciden acompañar al Presidente hasta el final y con los que recién llegan, algunos ya con limitaciones propias que trae consigo la temporada final del gobierno. Se comienza a vislumbrar las decisiones con la óptica de lo realizable en los escasos meses que quedan y dejar para el que viene el peso de las que no se pueden adoptar por las razones que impone el final de un mandato. Son meses críticos y si el gobierno se acostumbró rápido a la buena vida, de seguro la van a extrañar porque todo dura hasta cuando se acaba y eso, está próximo.
Juega un papel importante la correlación de fuerzas en el Organo Legislativo. No es casual lo que sucedió el pasado 1 de septiembre. Más que por buscar logros, es un factor de tranquilidad el que busca la mandataria al controlar a ese Poder, por ahora. Preocupante los comentarios en torno a la futura conformación de la Corte Suprema, que ya se dice presidirá un recién nombrado Magistrado. A diferencia del otro Poder, el pretender tal cosa, deja dudas respecto del verdadero propósito de lo que se desea hacer. Ojalá esté equivocado.
Llegan las elecciones y luego de ellas la transición de cuatro meses. Si la gana el candidato oficialista, el final debe ser más fácil, cosa que no veo cómo pueda pasar esta vez, como no ha pasado en las anteriores. Guillermo Endara ideó y realizó una transición civilizada que sirvió de mucho al gobierno siguiente. No sé ahora cómo anden los ánimos de ayudar al adversario. Esos cuatro meses terminan en el casi absoluto aislamiento del presidente saliente. Por responsabilidad y cortesía, casi todo se tiene que consultar con el nuevo gobierno, haciendo de la administración un ente bicéfalo, pero con una sola cabeza que decide, casi en todo lo relevante. En fin, es entonces cuando de verdad se siente que se acabó la cosa, con la tranquilidad o el desasosiego que tal realidad puede producir, dependiendo de las características de cada quien.
Como he escrito antes, vivir esa experiencia fue tremendamente aleccionador para mí. Bajé las escaleras de la presidencia junto al presidente Endara el último día, con pocos amigos como era de esperarse, y escuché en la fuente de las garzas cuando tomó agua entre las manos y la lanzó al viento diciendo: volveremos, recordando la célebre frase de su mentor político. Ahora entiendo por qué lo hizo, (mi recordado amigo Joaquín Franco no paró de decirme en los últimos años de su vida, pélale el ojo a Endara). Salimos de allí a entregar el gobierno y al día siguiente retornamos todos a nuestras vidas privadas, pudiendo caminar siempre con la frente en alto y la satisfacción del deber bien cumplido, con la seguridad de que actuamos de buena fe y honestamente en nuestras posiciones, en una de las épocas más difíciles e incomprendida de nuestra historia polaca. Esa tranquilidad no tiene precio, de verdad lo digo. Se la recomiendo a todo aquel que gobierne en el futuro y, a los que pronto dejan de hacerlo, ojalá también la puedan disfrutar.
Una vez más serán los consumidores, o sea la sociedad en su conjunto, los perjudicados.
Con estas innovaciones a lo “gatopardo”, ¿realmente podemos sorprendernos de la decepción que embarga a nuestros pueblos con respecto a las reformas llamadas de “libre mercado”?
*Analista uruguaya.
(c)www.aipenet.com