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El transporte sin solución


Ahora hay otra lucha con los transportistas. Hace unos seis meses se llegó a un acuerdo en el que intervenía el Banco Nacional poniendo 30 millones al servicio de préstamos para mejorar el transporte y, cada día, escuchamos quejas de parte de ellos contra el banco. Parece que en esa institución hay un dueño de buses y sus préstamos demoran sólo tres días (lo escuché en la radio). Esto trae protesta de parte de los otros transportistas. Por su parte, el Banco declara que los transportistas no cuentan con los créditos para ser sujetos de préstamos. Así vamos dando tumbos sin resolver el problema y los usuarios esperando.
Pero si vemos que los principales detalles para mejorar el servicio no necesitan dinero de préstamos, vemos también que se dificulta más aún la solución de las pugnas entre las partes. Los usuarios del transporte piden ser tratados como seres humanos, pues los conductores gritan, bajan a quienes protestan, permiten los robos y asaltos dentro de los buses; se vuelven indiferentes ante la falta de respeto de cientos de hombres hacia las damas que allí viajan.
Contra toda ley y reglamentación, los conductores utilizan los equipos de música para enloquecer a los usuarios... y que no se les ocurra decir nada porque hasta allí llegan. Es una lástima que en Panamá no puedan arreglar el problema del transporte, porque existen demasiados intereses particulares de los empresarios que son dueños de muchos buses. Cada vez que sale alguien con voluntad para resolver la discrepancia, chocan contra esos intereses.
Pero, algo que es peor, luchan contra la falta de cultura vial y de toda clase, de parte de los conductores. Mientras estas personas no cambien su mentalidad, su patrón cultural y sus modales, es inútil cualquier esfuerzo que hagan las autoridades y los dueños de medios. ¿De quién es la responsabilidad? ¿Quién responde cuando dos buses hacen carreras de velocidad entre ellos, causando accidentes en los que pierden la vida seres inocentes? Y luego qué con la justicia. Vuelven a manejar y a ser reincidentes e igual de irresponsables.
Insisto en que debe instituirse la enseñanza de una materia que se llama Educación Vial, que ofrezca un panorama completo de los derechos y deberes de peatones y conductores. Esta materia sería de aprendizaje obligatorio. Pero, falta cultura total y absoluta. Deben cambiar todo el sistema de transporte. Pero, ¿quién le pone el cascabel al gato? Si se habla de privatizar el servicio de transporte, salta un sector; si se trata de municipalizarlo, salta el otro sector. Pareciera que, en otros países, no existieran modelos del manejo del transporte dignos de imitar. Pero, a los dueños de transporte no les importa que las paradas de buses estén llenas de gente esperando un transporte que los traslade a su casa a las 6 ó 7 de la noche. Mientras ellos están con sus familiares en sus casas, la pobre gente que no tiene otro medio de locomoción, llega a reunirse con su familia a las 9 de la noche, cuando han salido de sus hogares desde las cinco de la mañana.
De los taxis hablaremos en otra ocasión. Pero, a nuestro transporte le falta humanismo, le falta sensibilidad, cultura y buena voluntad. Les falta todo menos intereses creados, que de eso sobra. Ojalá encontremos solución pronta al transporte para beneficio de la comunidad y no sólo de los dueños de medios de transporte.

101 años de Panamá América

 
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