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El transporte urbano


Durante los últimos años, la ciudad de Panamá ha confrontado un grave problema de transporte urbano que afecta a cada uno de sus habitantes. Cada cierto tiempo el problema se posiciona en los primeros planos de la opinión pública, debido a alguna solicitud de los prestadores del servicio de transporte público o por alguna tragedia en la que participa alguno de ellos. Sin embargo, a pesar de los debates y discusiones, los cambios legales o los ajustes de tarifas persiste el caos vial. Así las cosas, una conclusión lógica que se puede asumir es el hecho de que nuestras autoridades no han podido enfocar el problema de manera correcta y, por lo tanto, no surgen soluciones adecuadas a este problema.
Es importante acotar que este problema es común en todos los grandes centros urbanos del mundo y, consecuentemente, se encuentra en la agenda pública en todas partes. En este sentido, el problema se puede abordar desde una perspectiva diferente, la cual permita plantear algunos conceptos que deben tomarse en cuenta para buscar una solución integral.
Un elemento que salta a la vista inmediatamente es la dicotomía que se hace del transporte público y del transporte particular como si fueran dos realidades diferentes, lo que a mi juicio constituye un error. En realidad, ambos son componentes de un mismo problema: el transporte urbano.
Con la definición del transporte urbano como el problema básico, se puede determinar cuál es la necesidad que se debe atender y cuáles son las características que debe cumplir la solución propuesta de forma integral. La necesidad de los habitantes de trasladarse de un punto a otro de la ciudad debe ser atendida con por lo menos estas características: rapidez, comodidad, bajo costo y ser ambientalmente amigable. Si se conjugan éstas eficientemente se obtiene un sistema de transporte urbano óptimo, que es, evidentemente, el objetivo al que se quiere lograr.
Al día de hoy, en la ciudad de Panamá, el transporte urbano de pasajeros no está logrando conjugar las variables descritas de manera eficiente. Con las alternativas con que contamos los ciudadanos en la actualidad es imposible trasladarse de un punto de la capital a otro con rapidez, comodidad, bajo costo y siendo ambientalmente amigables.
Son ampliamente conocidas las perversas condiciones con las que funciona el transporte público, por lo que obviaremos abundar en ellas. En cambio, sí es necesario apuntar que la pauperización del servicio público ha forzado a una parte de la ciudadanía a elegir como sistema de transporte urbano el vehículo propio.
Se puede afirmar que la escasa infraestructura vial de la ciudad es compartida por dos sistemas: uno colectivo pésimo y otro individual, que es incapaz de conjugar las variables eficientemente y que además obstruye la fluidez del sistema colectivo. Aflora, entonces, que el problema del transporte urbano de pasajeros es un problema económico: ¿Cómo satisfacer las necesidades de la mayor cantidad posible de personas con recursos limitados? Al ser éste un problema que nos afecta a todos, es necesario definir a cuál de los sistemas que conviven en nuestra escasa estructura vial se le debe dar prioridad. En mi opinión la respuesta es obvia: el transporte urbano colectivo es más eficiente en términos de costo/pasajero que el sistema de transporte urbano individual particular y, por lo tanto, es el sistema que debe contar con prioridad en el uso de la escasa infraestructura vial que poseemos. Darle prioridad al sistema colectivo de transporte urbano implica que el sistema particular debe pasar a un segundo plano, lo que significa que debe ceder parte del espacio que usa hoy.
Algunas medidas en este sentido serían la asignación amplia y en toda la ciudad de carriles exclusivos para el transporte colectivo, lo que aumentaría su fluidez y disminuiría la del sistema particular. Carriles exclusivos que no deben ser invadidos por otros vehículos. También se deberían eliminar los espacios de estacionamiento en las vías públicas, lo que debe estimular el uso de estacionamientos privados. El modelo de la Avenida Central peatonal debe ser extendido a todo el sector antiguo de la ciudad. Toda medida tendiente a desestimular la circulación de carros particulares que sea universal e igualitaria es válida porque contribuye a solucionar el problema del transporte urbano. Por otra parte, es imprescindible que simultáneamente se tomen las medidas adecuadas para eficientizar el transporte colectivo. Estas medidas necesariamente tienen que ver con el ordenamiento de las paradas de buses, en términos de distancia y selectividad de la ruta.
Las rutas actuales deben reasignarse y deben crearse nuevas rutas, así como deben establecerse horarios, itinerarios y frecuencias de estricto cumplimiento, las que deben tomar en cuenta trasbordos fluidos. Estas medidas deben surgir de la apertura del mercado de transporte colectivo, ya que deben responder a una demanda en aumento, la cual debe ser atendida con calidad y eficiencia.
La recreación del tranvía en su ruta original debe servir para atender la demanda de transporte en la parte antigua de la ciudad, además de que puede valorizar turísticamente el área. A nivel de transporte individual y en distancias cortas, se deben establecer los espacios para los ciclistas y peatones, que son medios de transporte inocuos con el ambiente y saludables para el usuario.
Con una solución del transporte urbano que contenga este enfoque se obtendrían beneficios económicos en el corto plazo tales como: la reducción de la dependencia petrolera, reducción en las pérdidas materiales y humanas por accidentes de tránsito, reducción en los costos de mantenimiento vial, reducción en los costos familiares de transporte, ahorros a futuro en asuntos de reparación de la contaminación ambiental. Pero, el mayor logro que obtendremos es un incremento en la calidad de vida que ofrece nuestra ciudad y, por ende, un incremento en el capital humano; ya que contaríamos con una población que no estaría expuesta a las emanaciones contaminantes de tantos tubos de escape, pitos y motores. Libre del estrés que provocan los congestionamientos, el temor a llegar tarde, el abordar autobuses a empujones, y que en lugar de eso camina y anda en bicicleta más tiempo debería ser mucho más sana que la actual. Este es un elemento particularmente deseable, pues está demostrado que la calidad de vida de una ciudad es un elemento que se toma en cuenta al decidir sobre inversión. Se trata del rescate de la ciudad para los seres humanos, arrebatándosela a los carros; se trata de poner en su correcta perspectiva nuestra relación con las máquinas, hay que ser los amos no los esclavos.

101 años de Panamá América

 
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