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El transporte y otros problemas


En este país pareciera que cada persona o grupo de profesionales tiene una especie de concesión monopólica única para brindar un servicio a la comunidad: El servicio de energía eléctrica es ofrecido sólo por Unión Fenosa o Edemet Edechi, que es lo mismo; el de combustible lo ofrece una corporación distribuidora que es la que abastece a las diversas gasolineras del país; el de transporte lo ofrece una sola concesionaria dividida, a su vez, en diferentes cupos. ¿No sé por qué se sigue manteniendo esta situación? ¿No sería más viable que se abran, mediante ley, múltiples opciones para brindar estos y otros servicios a los ciudadanos para que sea éste el que escoja entre esas ofertas?

Un ejemplo reciente de la viabilidad de la competencia la tenemos a partir de que se dio la apertura en los servicios telefónicos; las empresas actuales y las que van a entrar al sistema han empezado una lucha por ofrecer mejores servicios a los más bajos precios, lo cual beneficia a los ciudadanos. En este país capitalista nadie piensa en que la competencia, que precisamente es lo que mejor favorece al usuario, es el camino para mejorar la calidad y eficiencia, ni siquiera el gobierno toma conciencia de esta alternativa.

En México existen servicios paralelos o múltiples concesiones para el transporte, la gente escoge entre el metro, el trolebús (bus impulsado por electricidad), el ferrocarril y los buses normales. Así ese país mueve casi tres millones de personas diariamente en el distrito federal, que tiene una extensión de más de 20 kilómetros. Es preocupante que Panamá hayan concesiones únicas para servicios que son de interés público, lo cual trae como consecuencia la especulación con los precios. Aunque no me lo crean, el cemento traído de China pudiera venderse a razón de cinco dólares cada el saco; sin embargo, aquí nos lo tenemos que aguantar hasta diez dólares la bolsa, ya que los ofertantes saben que sólo existen dos empresas cementeras, únicas concesionarias y que no ofrecen real competencia.

Un gran economista señaló que las personas y las organizaciones no deben temer a la competencia, lo relevante es ser competente para ofrecer la mejor calidad a los más bajos precios. En Panamá nos quitamos la perpetuidad de la presencia de los gringos en el Canal y nos hemos quedado con la perpetuidad de las concesionarias en diversos servicios y bienes de uso general. ¿Cómo es posible que tengamos gran cantidad de diputados tan miopes que no hayan podido afrontar esta situación que se extiende a todos los ámbitos de la vida nacional?

Recientemente, un grupo de médicos también hizo una huelga para pedir incrementos salariales y luchar contra lo que se cree es una ley de apertura de los servicios de salud y que la contratación sea con base a la calidad del servicio. Con este panorama tan incierto, ¿quién defenderá  los derechos de los usuarios? Algo así se confronta en la educación, donde los que están llamados a llevar a la práctica políticas y proyectos educativos, son los que quieren decidir cómo, cuándo y de qué manera se debe  dar este servicio a la comunidad.

Vivimos en un país donde las diferentes organizaciones, concesionarias y ciertos grupos profesionales, nos mantienen casi cautivos y a merced de lo que decidan esos organismos con respecto a los diferentes servicios y bienes de uso masivo. Es cierto que hay una proliferación de maleantes que actúan contrario a la ley, pero existen también otra cantidad de individuos que, basados en la ley, sojuzgan al indefenso pueblo, brindándole un servicio o bien, como quieren, donde quieren y al costo que les da la gana, al extremo que da la impresión que más que dar un servicio por el cual se les paga, nos están haciendo un favor por el mismo y no que deben brindar un servicio con calidad y eficiencia para que el cliente se sienta satisfecho.

101 años de Panamá América

 
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