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El triunfo de Alvaro Uribe


Con impresionante demostración de madurez, el pueblo colombiano desafió las amenazas de las bandas terroristas y eligió en primera vuelta presidente de la república al candidato Alvaro Uribe, quien presentó al electorado el plan más firme y coherente para desaparecer la violencia que desde hace más de cinco décadas convulsiona la estabilidad del país. Después de los desastrosos resultados del proceso de paz impulsado por el conservador Andrés Pastrana, el electorado colombiano concentró su atención en la propuesta de los candidatos para resolver el problema del que depende todo en la nación.
Afirmar que Uribe ganó porque prometió mano dura es simplificar la fórmula de arreglo y recargarla de presagios catastrofistas. En verdad, Uribe mantiene la fórmula de la solución negociada a través del diálogo con las fuerzas subversivas. Pero condiciona el diálogo a varios aspectos decisivos, a saber, el rechazo a la entrega de una zona desmilitarizada como la del vasto territorio del municipio de San Vicente del Caguán concedido por Pastrana; el cese del fuego y de las hostilidades de las FARC; la verificación de las condiciones; y la mediación internacional como arbitraje del diálogo.
No queda duda, luego de la experiencia del proceso desarrollado por Pastrana, que sin estas firmes condiciones, el diálogo no tiene razón de ser, porque es absurdo hablar de paz, mientras simultáneamente se atacan poblaciones, se secuestran políticos y empresarios, se disemina el terrorismo urbano y se utiliza la mal llamada zona de distensión como centro de planificación de la guerrilla y santuario de sus operaciones subversivas.
Por la claridad del planteamiento de su postura sobre el proceso de paz, Alvaro Uribe logró vencer las vallas que encontró en el camino de su campaña. La primera de ellas fue quizás la de mantenerse como político liberal disidente, sin romper con su matriz ideológica, pero marcando distancias con el candidato oficial del partido. No ha dividido el partido liberal, como le imputaron sus detractores del patio. Más bien fortaleció al partido, subiéndose a una plataforma de proyección nacional que atrajo votos de diversos sectores de la comunidad colombiana.
Todos queremos la estabilidad de la democracia colombiana. Todos deseamos que se desvanezca la guerrilla y no se enfrenten más colombianos contra colombianos. Todos los panameños queremos que la frontera con Colombia sea un punto de encuentro sustentado en la paz. Por eso debemos felicitarnos que llegue a la presidencia del hermano país un político del fuste de Alvaro Uribe.
(pcavallero@lycos.com)

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