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El triunfo de Martín Torrijos


La derrota aplastante del Presidente Pérez Balladares en el referéndum del 30 de agosto, obligó a la actual dirigencia del PRD a replantear su estrategia de reservar a Martín Torrijos para posteriores elecciones. Hasta entonces, nadie en su sano juicio podía concebir que un joven de tan sólo 35 años, que apenas cursaba medio curso de experiencia política, se viera en la dura disyuntiva que hoy enfrenta.
Pero la cúpula no tenía otra alternativa ante las amenazas externas e internas que se le venían encima. Y así fue que Martín fue lanzado al ruedo prematuramente, acaso contra sus mejores deseos y el de los suyos. La vida es como una estación de ferrocarril, en la que las oportunidades son como un tren que se detiene por un instante, para luego marchase y, quizás, no volver jamás. Y Torrijos lo abordó.
Su inicio fue vacilante, casi torpe. Igual que su padre, carecía de una oratoria fogosa, y para colmo, lo desafiaban un hermano y un primo hermano, con su mismo apellido, lo que le privaba hasta del monopolio en ese aspecto. Mas lucía fresco, joven y sincero.
Muchos pasaron por alto su trabajo como Secretario General de la juventud de su partido, el cual asumió tras larga militancia. Pocos advirtieron que una nueva generación política ha irrumpido en el escenario a nivel de todos los partidos, lo que se evidenció durante la dura campaña del referéndum. El país ya no es el mismo del 89, ni del 94. La juventud presiona por espacio, y si no se lo dan lo arrebata.
Con el trascurrir de las semanas, las encuestas iban reflejando la fuerza de Martín, hasta sobrepasar a su primo Hugo y colocarse al lado de su más serio rival, el disidente Alfredo Oranges. Obviamente, el desempolvar un viejo expediente criminal contra el último, devino en ayuda oportuna de la vieja cúpula. Pero es un hecho que no la necesitaba.
Ganó amplio, por margen muy similar a la que la arnulfista Mireya Moscoso dispuso sobre Alberto Vallarino. Pero a diferencia de ésta, lo primero que ha hecho Martín es llamar a la unidad y a la colaboración de los vencidos, a lo que procedió con humildad encomiable. Y así debe ser, dada la alta abstención registrada, pese al voluminoso caudal de votantes, y a la nada despreciable cosecha de sus rivales. Martín es lo bastante inteligente para saber que los necesita a todos para la batalla grande.
Y mientras eso ocurría, otro joven, recién llegado al partido, Juan Carlos Navarro, barría también con sus veteranos rivales de la vieja guardia, por la Alcaldía capitalina. Los electores prefieren caras, estilo y propuestas nuevas. ¿Y la oposición qué?


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