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"El tufo agrio a crisis..."


Para justificar los errores propios, el ser humano se toma de la mano de la acusación y la crítica a los contrarios o a quienes no conoce o no son de su grupo. Es una constante en la historia. De allí surge ese dicho eterno, "el pueblo dice que...". Sin crisis, sin las mutaciones profundas en el seno de la sociedad, no hay cambios estructurales, no se suscitan los movimientos fuertes que transforman las cosas, cosas que tienden a rutinizarse.
En este momento, con o sin encuestas, percibimos un rumor que se extiende, desde los cafés y sus diálogos irónicos hasta las cátedras de economía en la universidad (nos consta personalmente en nuestra nueva vida de estudiante de derecho), en las cuales se empieza a sostener "que la economía y la situación del país se agravan cada día más debido a la incompetencia del gobierno y particularmente, a la falta de capacidad de Mireya Moscoso". Lo que afirmo usted lo conoce, y nada nuevo representa. Pocas ideas constructivas se agregan a estos comentarios ya muy generalizados. Si agregamos otros condimentos, donde un nuevo chef inserto en el propio grupo de gobierno le ha echado sal y pimienta (Bobby Eisenmann y su dicho de que en el gobierno hay un grupo de maleantes disfrazados de empresarios); nos encontramos con los rumores bien diseminados de que "hay un descaro en las coimas que piden los que gobiernan, que ya no se cuidan de nada"... Hemos oído, personalmente, historias al respecto, supuestos que, como no nos constan, los consideramos por ahora sólo supuestos, como por ejemplo que en despachos provinciales se ha pedido por una patente comercial 50 mil dólares para otorgarla, o que en un macroproyecto con capital mixto, local y foráneo, se ha llegado a solicitar 500 mil, además de otros supuestos que hablan de una pedidera generalizada, a cambio de agilitar documentaciones, permisologías, que si no "se aceitan" no se les da trámites. Si esto fuese cierto, no sería éste el único gobierno. Hubo en el régimen anterior toda una mancha de irregularidades, donaciones con olor a cocaína, corruptelas, y una rosca pequeña, pero sólida se llenó de dinero, aunque por falta de juicios y comprobaciones, esos hechos quedan en la categoría de supuestos.
Lo que no es supuesto, ni tiene que ver solamente con Panamá, pero también mucho con Panamá, es el hecho de que las recaudaciones han bajado, obligando a recortes presupuestarios; que el peso de la deuda externa será mayor; que el desempleo y la falta de circulante aumentarán, porque casi no hay nuevas inversiones y por cierres de empresas existentes; que la dirigencia política no se concerta para un frente común a la situación que se agrava; no importa que les guste o no Mireya Moscoso.
Debemos reconocer que el PRD, y lo aceptarán si son honrados sus contrarios, no ha sido con la nueva dirigencia de Martín un partido muy "jodedor", fuera de la dialéctica normal de ser opositores al régimen, sino que desde su dominio de las comisiones de la Asamblea, han empujado proyectos y situaciones para ayudar a la gobernabilidad. La propia Presidenta sabe cuán distinta habrían sido las cosas para ella si una mente maquiavélica y megalómana como la de Pérez Balladares hubiese estado al frente de la oposición y la membresía legislativa, y la hubiese manejado a su antojo como unos años atrás. Entonces sí que a Mireya se la habría llevado Candanga, y tendría que dormir con un solo ojo por si le inventaban un juicio.
Si todas estas cosas son medianamente válidas, no vemos razones que impidan un diálogo urgente, bien serio, muy responsable, para conjurar una crisis cuyo tufo agrio sentimos, y que se agranda día a día, siendo la única manera, la única, que la clase política, y luego la empresarial, gremial y sindical, se unan en una mesa de concertación de los temas prioritarios del Estado panameño, porque lo que hay en el mundo, con la crisis de Estados Unidos, la disminución del consumo generalizado, el disparo del costo de la canasta, medicinas y otros bienes y servicios de la población, es un caos que ya llegó a Ecuador, a Argentina y otras latitudes, y que galopa hacia este Istmo.
En 1987, y ustedes saben que nos consta con dolor de sangre, algunos hicimos renunciamientos insólitos, jamás vistos antes; y aunque no se pidan condecoraciones, hubo ejemplos que claman por nuevos ejemplos. Así de simple, y así de complicado está el juego. El ego, la vanidad, la falta de visión, la corrupción per sé; o, el patriotismo, la humildad cristiana, la visión de Estado, el sentido común de evitar el desastre, harán la diferencia. Dicho está, y sabemos que no hay alternativas tibias. O se hace o no. Tiendo al pesimismo en este momento, pero mi fe me dice lo contrario.

101 años de Panamá América

 
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