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El turista Montesinos


El arribo a Panamá, amparado por el sigilo de la noche y de la tica, del ciudadano peruano Vladimiro Montesinos Torres en calidad de turista -motivado sin duda por alguna extraordinaria publicidad del IPAT- nos confirma que cada día más en Panamá todo es posible...hasta lo imposible.
Al leer y escuchar lo que los adversarios de las libertades del pueblo peruano han dicho en Panamá, para justificar la presencia de quien aparece como responsable de graves violaciones a los derechos humanos y poseedor durante muchos años, de una gran influencia y control sobre diferentes instituciones del Estado peruano, uno no puede menos que sentir una mezcla de asco y asombro, en medio de los sobresaltos que producen ciertas "versadas opiniones"
El turista Montesinos nos ha ayudado a descubrir que gran parte de lo que políticamente llevaba a ciertos personajes y a algunas personas a oponerse al torrijismo y a su versión norieguista, solo tenía eso de bueno, su oposición, pero que en sí mismo no era (ni es) mucho mejor ni siquiera demasiado distinto del propio torrijismo o norieguismo. Termina uno por aceptar, gracias a los promotores y defensores locales de la presencia del turista Montesinos, que uno de los corolarios perversos de las dictaduras es propiciar involuntariamente formas de resistencia tan obtusas como ellas mismas y alternativas cuya irracionalidad, autoritarismo y aversión a la democracia se les parece.
El caso del turista Montesinos es a la par ambiguo y significativo. Ambiguo porque leemos como compatriotas que fueron víctimas directas de las acciones dictatoriales de 1968 a 1989, se identifican con el turista Montesinos (a pesar que no les resulta simpático) porque "durante sus días de gloria, jugó un papel esencial en la pacificación de un Perú anárquico". Significativo, porque al mismo tiempo reconocen que "comandó un implacable aparato de seguridad que impuso el orden a sangre y fuego".
En otras palabras, el asilo deja de ser de un solo plumazo una protección especial para personas cuyos derechos fundamentales son violados en su propio país y que son objeto de persecución por parte de su propio gobierno, para pasar a ser un instrumento de protección a quien, entre otros casos ampliamente conocidos, se le acusa de "participar en el secuestro y tortura en 1997 de la ex-agente del Servicio de Inteligencia del Ejército peruano, Leonor de la Rosa Bustamente, la tortura y ejecución extrajudicial en el mismo año de Mariela Lucy Barreto Riofano y la tortura en mayo del presente año del periodista Fabián Salazar precisamente por tener en su poder vídeos que supuestamente comprometían al Servicio de Inteligencia Nacional en actividades de espionaje político".
Así entonces, los panameños tenemos que reordenar nuestros principios y valores para sumarnos al coro de aquellos que, frente a la llegada del turista Montesinos, quien parece clonado de Manuel Antonio Noriega, postulan sin asomo de bochorno que el tenebroso personaje del Pentagonito es "un perseguido político, por más polémica que haya sido su conducta". Quienes opinemos lo contrario y digamos en alta voz que Panamá no debe concederle ni visa ni asilo a Montesinos, hemos pasado de inmediato a engrosar las filas (igual que en tiempos de la dictadura) de los "locos" porque no apoyamos la perversa falacia de creer que: "Todo lo que hacemos es acoger el pedido de ayuda de la OEA y otros países que procuran el retorno de la democracia y una salida pacífica a la crisis peruana".
Pero, aun hay más. No han faltado quienes nos venden las visiones apocalípticas y nos dicen que si el turista Montesinos no era recibido en Panamá, "Perú iba a una guerra civil, tropas leales al binomio Montesinos-Fujimori se hubiesen enfrentado a las que buscaban la democratización del Perú. De allí el interés de presidentes del continente, del Secretario General de la OEA, del Departamento de Estado de USA, de aceptar la salida que Montesinos proponía (sic), su asilo político."
La presencia del turista Montesinos viene a corroborar que, a pesar de los progresos alcanzados por la humanidad en materia de libertades, garantías fundamentales, derechos humanos y democracia; aquí en Panamá hay, tanto en el gobierno central como en los del Pacto META, una caterva de partidarios de las atrocidades y desafueros y de nostálgicos de la dictadura.
Es muy importante y una lección primordial que quienes luchamos y abogamos por un Estado de derecho, por una democracia participativa y por una actitud responsable hacia el futuro, tengamos muy presente las desdichas que se pueden reproducir contra nuestra dignidad de nación y de pueblo si permitimos que predominen la fuerza, la habilidad y el afán de ganancia como instrumentos rectores de las acciones de gobierno. La falta de transparencia en el manejo del arribo y permanencia en Panamá del turista Montesinos y sus colaboradores hace obligante que reforcemos nuestra toma de partido por la libertad y por la vida.

101 años de Panamá América

 
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