El urbanismo y el urbanista
Los problemas de la ciudad se entienden y se atienden mejor cuando se incorporan los espacios circundantes sobre los cuales ejerce influencia. Con esta incorporación se le denomina ciudad metropolitana o metrópolis. Esta, a su vez, como parte de la geografía nacional, muy relacionada con aquella, tiene que visualizarse en el contexto país/región, para procurar el desarrollo armónico y equilibrado del territorio nacional. Son niveles de desarrollo y de administración interdependientes que condicionan la efectividad de las respuestas a los problemas de desarrollo nacional, regional y local (metropolitano).
Las responsabilidades de desarrollo, a todos los niveles, tienen que ver con la protección del patrimonio natural e histórico, la evolución histórica, y con la provisión -en su medida- de eficientes infraestructuras sociales, físicas, económicas y culturales básicas. Deben ser administrados y aprovechados correctamente para protegerlos, asegurar su sostenibilidad y hacerlos productivos en beneficio de la población actual y de las generaciones futuras.
Presentado el marco anterior, con el propósito de limitar los comentarios al título de este artículo, es oportuno aclarar el significado del término urbanismo. La Real Academia lo define como un "conjunto de conocimientos relativos a la creación, desarrollo, reforma, y progreso de las poblaciones, según conviene las necesidades de la vida humana".
Aquella definición sugiere la participación coordinada de distintas capacidades profesionales para incluir arquitectos, ingenieros, sociólogos, geógrafos, economistas, administradores, estadígrafos y abogados, entre otros. Sus contribuciones consisten en la investigación y análisis de los elementos que integran la estructura del territorio y las disciplinas relacionadas con los problemas de la metrópoli, incluyendo información referente al entorno físico, ambiental, y estadísticas sobre población (número, estructura, y proyecciones, así como de pobreza y desempleo). Como quiera que en un medio democrático se requerirá siempre de la aprobación de las autoridades legislativas del territorio para dar fuerza legal a las disposiciones del plan, la consulta pública previa y amplia es siempre indispensable para evitar la aplicación arbitraria de propuestas que pudieran perjudicar intereses legítimos de las comunidades involucradas. En la práctica del urbanismo el interés general siempre priva sobre el interés particular, y de allí la necesidad de esa consulta antes de la puesta en marcha de cualquier plan. Así se evita al máximo el ejercicio del poder de "Expropiación", proceso tortuoso, y se reducen las posibilidades de éxito de las "Apelaciones" a las decisiones que son adversas a los intereses de las personas naturales, jurídicas o de grupos.
La integración de los espacios físicos-geográficos destinados a los distintos usos del suelo de manera armónica, "Zonificación", se ejecuta para lograr conjuntos saludables, eficientes, económicamente viables, y de estética visuales, con el propósito de satisfacer las necesidades y la promoción del progreso de la población habitante. Las soluciones prácticas son las que se formulan acorde con las condiciones socio-culturales y económicas de los entornos, y en los esfuerzos por cumplir esos requisitos el mercantilismo, que favorece a unos pocos, en perjuicio de las mayorías, no debe tener espacio. Es obligación de todo urbanista lograr la excelencia, por respeto a sí mismo y a la sociedad donde convive.
Dado que la vida de la metrópoli evoluciona continuamente, con vistas a prever para esa dinámica, el plan siempre se acompaña de ordenanzas y reglamentos explícitos, destinados a dar orden y fisonomía al área en cuestión, proyectados en el largo plazo. Comprenden, entre muchas otras disposiciones, normas y restricciones referentes a cambios en los usos del suelo, densidad ocupacional y de protección ecológica. Sin un plan previamente aprobado para orientar la aplicación diaria de las ordenanzas, el ejercicio de la función denominada "Control de Desarrollo" -autoridad vestida en una "Junta" asesorada por un cuerpo técnico- puede imponer decisiones improvisadas o arbitrarias, y abrir puertas a la corrupción. No obstante, la existencia de ese plan no es garantía absoluta de que no ocurrirá lo anterior, por lo que la comunidad debe estar siempre vigilante ante las decisiones que se tomen, sobre los usos conflictivos, para "protestar" por la vía del proceso establecido en la ley.
Hago un paréntesis para informar que he escrito varias artículos sobre el desarrollo de la Ciudad de Panamá y de su Area Metropolitana, publicados en el diario El Panamá América, en distintas fechas. Informo, además, que desde finales del año de 1998, Panamá cuenta con los planes metropolitanos de las ciudades de Panamá y Colón, preparados por una firma extranjera.
En nuestro medio, el urbanista es generalmente un arquitecto o un ingeniero. Según la Real Academia "es la persona versada en la teoría y técnica del urbanismo". Además de esas condiciones, las experiencias aconsejan que en el ejercicio de la profesión, debe tener siempre presente su responsabilidad social con la sociedad. Por principio ético debe evitar los prejuicios que afectan los intereses de esa sociedad, y abstenerse de participar en procesos que promueven decisiones en beneficio propio o de grupos de intereses contrarios a los de la comunidad. Cuando ejerce la función pública y tiene acceso anticipado a información privilegiada sobre propuestas de desarrollo, debe proceder con ética ; tiene que ser discreto y mantener una conducta intachable para no generar la menor sospecha sobre el uso de la información a su disposición en provecho propio, de grupos de su particular interés, o para fines especulativos. Como fiel defensor del interés público -la sociedad es su principal cliente- tiene que velar porque las decisiones que se tomen, o las modificaciones que se introduzcan a las disposiciones del plan y sus ordenanzas sean en beneficio de la sociedad y del sano y eficiente desarrollo de la comunidad.
Independientemente de la importancia de ganar el apoyo político a sus propuestas, el urbanista debe frenar su ambición de poder y no convertirse en oportunista de oficio; esas conductas, el egocentrismo y el manipuleo de personas y situaciones para excluir, son responsables de los reiterados desaciertos que han perjudicado la consolidación y progreso de la profesión. Es necesario recordar siempre que para entender el presente hay que conocer el pasado. La historia es un arma poderosa del urbanista, es memoria que lo ayuda a evitar la repetición de los errores del pasado, para asilar comportamiento ayunos de principios éticos, y encauzar las nuevas propuestas con mayores posibilidades de éxito hacia el progreso sostenido de la comunidad y su gente.
Las responsabilidades de desarrollo, a todos los niveles, tienen que ver con la protección del patrimonio natural e histórico, la evolución histórica, y con la provisión -en su medida- de eficientes infraestructuras sociales, físicas, económicas y culturales básicas. Deben ser administrados y aprovechados correctamente para protegerlos, asegurar su sostenibilidad y hacerlos productivos en beneficio de la población actual y de las generaciones futuras.
Presentado el marco anterior, con el propósito de limitar los comentarios al título de este artículo, es oportuno aclarar el significado del término urbanismo. La Real Academia lo define como un "conjunto de conocimientos relativos a la creación, desarrollo, reforma, y progreso de las poblaciones, según conviene las necesidades de la vida humana".
Aquella definición sugiere la participación coordinada de distintas capacidades profesionales para incluir arquitectos, ingenieros, sociólogos, geógrafos, economistas, administradores, estadígrafos y abogados, entre otros. Sus contribuciones consisten en la investigación y análisis de los elementos que integran la estructura del territorio y las disciplinas relacionadas con los problemas de la metrópoli, incluyendo información referente al entorno físico, ambiental, y estadísticas sobre población (número, estructura, y proyecciones, así como de pobreza y desempleo). Como quiera que en un medio democrático se requerirá siempre de la aprobación de las autoridades legislativas del territorio para dar fuerza legal a las disposiciones del plan, la consulta pública previa y amplia es siempre indispensable para evitar la aplicación arbitraria de propuestas que pudieran perjudicar intereses legítimos de las comunidades involucradas. En la práctica del urbanismo el interés general siempre priva sobre el interés particular, y de allí la necesidad de esa consulta antes de la puesta en marcha de cualquier plan. Así se evita al máximo el ejercicio del poder de "Expropiación", proceso tortuoso, y se reducen las posibilidades de éxito de las "Apelaciones" a las decisiones que son adversas a los intereses de las personas naturales, jurídicas o de grupos.
La integración de los espacios físicos-geográficos destinados a los distintos usos del suelo de manera armónica, "Zonificación", se ejecuta para lograr conjuntos saludables, eficientes, económicamente viables, y de estética visuales, con el propósito de satisfacer las necesidades y la promoción del progreso de la población habitante. Las soluciones prácticas son las que se formulan acorde con las condiciones socio-culturales y económicas de los entornos, y en los esfuerzos por cumplir esos requisitos el mercantilismo, que favorece a unos pocos, en perjuicio de las mayorías, no debe tener espacio. Es obligación de todo urbanista lograr la excelencia, por respeto a sí mismo y a la sociedad donde convive.
Dado que la vida de la metrópoli evoluciona continuamente, con vistas a prever para esa dinámica, el plan siempre se acompaña de ordenanzas y reglamentos explícitos, destinados a dar orden y fisonomía al área en cuestión, proyectados en el largo plazo. Comprenden, entre muchas otras disposiciones, normas y restricciones referentes a cambios en los usos del suelo, densidad ocupacional y de protección ecológica. Sin un plan previamente aprobado para orientar la aplicación diaria de las ordenanzas, el ejercicio de la función denominada "Control de Desarrollo" -autoridad vestida en una "Junta" asesorada por un cuerpo técnico- puede imponer decisiones improvisadas o arbitrarias, y abrir puertas a la corrupción. No obstante, la existencia de ese plan no es garantía absoluta de que no ocurrirá lo anterior, por lo que la comunidad debe estar siempre vigilante ante las decisiones que se tomen, sobre los usos conflictivos, para "protestar" por la vía del proceso establecido en la ley.
Hago un paréntesis para informar que he escrito varias artículos sobre el desarrollo de la Ciudad de Panamá y de su Area Metropolitana, publicados en el diario El Panamá América, en distintas fechas. Informo, además, que desde finales del año de 1998, Panamá cuenta con los planes metropolitanos de las ciudades de Panamá y Colón, preparados por una firma extranjera.
En nuestro medio, el urbanista es generalmente un arquitecto o un ingeniero. Según la Real Academia "es la persona versada en la teoría y técnica del urbanismo". Además de esas condiciones, las experiencias aconsejan que en el ejercicio de la profesión, debe tener siempre presente su responsabilidad social con la sociedad. Por principio ético debe evitar los prejuicios que afectan los intereses de esa sociedad, y abstenerse de participar en procesos que promueven decisiones en beneficio propio o de grupos de intereses contrarios a los de la comunidad. Cuando ejerce la función pública y tiene acceso anticipado a información privilegiada sobre propuestas de desarrollo, debe proceder con ética ; tiene que ser discreto y mantener una conducta intachable para no generar la menor sospecha sobre el uso de la información a su disposición en provecho propio, de grupos de su particular interés, o para fines especulativos. Como fiel defensor del interés público -la sociedad es su principal cliente- tiene que velar porque las decisiones que se tomen, o las modificaciones que se introduzcan a las disposiciones del plan y sus ordenanzas sean en beneficio de la sociedad y del sano y eficiente desarrollo de la comunidad.
Independientemente de la importancia de ganar el apoyo político a sus propuestas, el urbanista debe frenar su ambición de poder y no convertirse en oportunista de oficio; esas conductas, el egocentrismo y el manipuleo de personas y situaciones para excluir, son responsables de los reiterados desaciertos que han perjudicado la consolidación y progreso de la profesión. Es necesario recordar siempre que para entender el presente hay que conocer el pasado. La historia es un arma poderosa del urbanista, es memoria que lo ayuda a evitar la repetición de los errores del pasado, para asilar comportamiento ayunos de principios éticos, y encauzar las nuevas propuestas con mayores posibilidades de éxito hacia el progreso sostenido de la comunidad y su gente.