El uso de símbolos patrios
En esta ocasión, nos planteamos la posibilidad de aprovechar para que abordemos también el tema del uso de la bandera y sus colores, generalmente restringido a fechas, ocasiones y lugares especiales, bajo el argumento de la solemnidad y el respeto que se le debe.
Hace algunos años, en un extraño incidente, un grupo de estudiantes del Instituto Nacional irrumpió en el local de un banco norteamericano que operaba una sucursal en Plaza 5 de Mayo. La seguridad de la entidad quedó petrificada cuando los muchachos cargaron con el pendón panameño con todo y su asta, el cual hasta ese momento lucía al lado de la enseña estadounidense tras el flamante escritorio del gerente del establecimiento.
La gerencia del banco estudió entonces la posibilidad de denunciar a los estudiantes por hurto y violación de domicilio. Tenían un sólido punto válido al respecto, incluso para acudir a la rectoría del citado plantel si no querían ir a mayores. Pero, al revisar la legislación vigente, un detalle los paralizó: no les estaba permitido, como establecimiento comercial que era, usar la bandera nacional en días que no fueren patrios y menos una extranjera.
Las sanciones por el mal uso del símbolo, incluía respetables multas, aparte del ridículo de verse expuesto por ignorancia de la ley. Obviamente, no hicieron nada y dieron la orden de retirar de todos los locales la bandera nacional. ¿Qué daño hacía? Ninguno. Se trataba de un lugar respetable, donde aparecía al lado de su similar del país de origen del banco, donde seguramente no existía tal restricción. Su emplazamiento era más bien una señal de respeto y gratitud hacia el país anfitrión, no una propaganda comercial. Y por el contrario, contribuía a recordar a los clientes del banco las raíces nacionales de esta tierra que se esforzaba entonces orgullosa por consolidar un centro financiero internacional.
Difícilmente encontraremos un país con más raíces patrióticas que Estados Unidos. Y puede que hayan otros. Pero el hecho que nos interesa destacar es el extensivo uso de los colores de su bandera en cuanta lata, refrigeradora, camiseta, ropa interior, pañuelos de cabeza, gorras, desodorantes, automóviles, propaganda comercial y sitio u ocasión inimaginable exista. La amplitud de su uso no ha menoscabado en nada la conciencia nacional y, por el contrario, la ha fortalecido a todos los niveles, donde los consumidores se esmeran en buscar su bandera en cuanto producto de supermercado se encuentren. En Inglaterra ocurre igual.
Y no es que aboguemos por copiar e irnos al extremo norteamericano y británico. Más bien abogamos por un uso más extensivo de los símbolos y colores patrios, para integrar más al sector popular a la conciencia patria, en un país como el nuestro, de muy profundas raíces nacionales, pero dormidas. En ese sentido, más hace una canción como "Patria", de Rubén Blades, que un día libre.
Hace algunos años, en un extraño incidente, un grupo de estudiantes del Instituto Nacional irrumpió en el local de un banco norteamericano que operaba una sucursal en Plaza 5 de Mayo. La seguridad de la entidad quedó petrificada cuando los muchachos cargaron con el pendón panameño con todo y su asta, el cual hasta ese momento lucía al lado de la enseña estadounidense tras el flamante escritorio del gerente del establecimiento.
La gerencia del banco estudió entonces la posibilidad de denunciar a los estudiantes por hurto y violación de domicilio. Tenían un sólido punto válido al respecto, incluso para acudir a la rectoría del citado plantel si no querían ir a mayores. Pero, al revisar la legislación vigente, un detalle los paralizó: no les estaba permitido, como establecimiento comercial que era, usar la bandera nacional en días que no fueren patrios y menos una extranjera.
Las sanciones por el mal uso del símbolo, incluía respetables multas, aparte del ridículo de verse expuesto por ignorancia de la ley. Obviamente, no hicieron nada y dieron la orden de retirar de todos los locales la bandera nacional. ¿Qué daño hacía? Ninguno. Se trataba de un lugar respetable, donde aparecía al lado de su similar del país de origen del banco, donde seguramente no existía tal restricción. Su emplazamiento era más bien una señal de respeto y gratitud hacia el país anfitrión, no una propaganda comercial. Y por el contrario, contribuía a recordar a los clientes del banco las raíces nacionales de esta tierra que se esforzaba entonces orgullosa por consolidar un centro financiero internacional.
Difícilmente encontraremos un país con más raíces patrióticas que Estados Unidos. Y puede que hayan otros. Pero el hecho que nos interesa destacar es el extensivo uso de los colores de su bandera en cuanta lata, refrigeradora, camiseta, ropa interior, pañuelos de cabeza, gorras, desodorantes, automóviles, propaganda comercial y sitio u ocasión inimaginable exista. La amplitud de su uso no ha menoscabado en nada la conciencia nacional y, por el contrario, la ha fortalecido a todos los niveles, donde los consumidores se esmeran en buscar su bandera en cuanto producto de supermercado se encuentren. En Inglaterra ocurre igual.
Y no es que aboguemos por copiar e irnos al extremo norteamericano y británico. Más bien abogamos por un uso más extensivo de los símbolos y colores patrios, para integrar más al sector popular a la conciencia patria, en un país como el nuestro, de muy profundas raíces nacionales, pero dormidas. En ese sentido, más hace una canción como "Patria", de Rubén Blades, que un día libre.