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El valor de las encuestas


Las encuestas, ya lo han dicho sus autores, no son más que una muestra del sentir de los encuestados durante el período en que las mismas son tomadas; claro está, ese resultado por exclusión o inclusión refleja en una buena medida ciertos factores -algunos muy propios de nuestro patio- que inciden en el mismo, y hacen que el resultado numérico arrojado per se deba ser entendido y analizado no como algo definitivo, ni siquiera del momento en que la muestra se obtiene, sino como referencia, dentro de un contexto, tomando en cuenta también los factores aludidos. Solo así podríamos utilizar las encuestas como referencia para aproximarnos a una medición más coherente con la realidad y, quizá, atrevernos a proyectar un posible resultado en los comicios generales.
Así las cosas, leemos las encuestas que se han estado presentando y concluimos lo siguiente: Todas presentan al candidato del continuismo perredista en primer lugar, con una tendencia descendente; a la candidata natural y legítima de la oposición pro cambio en segundo lugar, con una tendencia ascendente; y, en un remoto tercer lugar, a la bien llamada "tercera fuerza", que representa al candidato perdedor de las primarias arnulfistas, con una tendencia gravemente descendente. Ahora bien, en la opinión de este humilde servidor, teniendo como referencia esas mismas encuestas y los factores a que hemos hecho referencia, la Dama de los Desamparados debe estar en realidad en primer lugar entre las preferencias de los votantes. Me explico:
Todos recordamos muy bien que hace cinco años, una de las empresas encuestadoras más serias nos decía, a escasos días de las elecciones, que doña Mireya estaba en un cuarto lugar, con aproximadamente 11% de preferencias; la realidad demostró que doña Mireya estaba en realidad, ella sola, en un cercano segundo lugar con aproximadamente 29% de los votos en las elecciones generales de 1994. ¿En qué falló esa empresa encuestadora? No convence que ahora nos expliquen que la concentración multitudinaria de Mireya antes de las elecciones influyó tanto en las preferencias de los votantes. Lo cierto, y que explica el fenómeno, es simplemente que, por un lado, el panameño no se mide bien en las encuestas por aprehensiones muy particulares y por no estar muy familiarizado aún con ese sistema; pero, principalmente, es evidente que al gran caudal electoral del partido arnulfista y de doña Mireya Moscoso, el votante rural, no se le mide adecuadamente en esas encuestas.
De manera que, teniendo lo anterior en cuenta y, repetimos, utilizando como referencia las encuestas hechas públicas recientemente, es muy lógico concluir que ese voto rural, de poder ser bien medido, sumaría varios puntos porcentuales a doña Mireya, y son estos puntos porcentuales que perdería mayormente Martín Torrijos, pues la tercera fuerza, en tercer lugar, poquísimos simpatizantes tiene entre el campesinado militante y consciente. Ese cálculo inmediatamente pondría a Mireya en primer lugar, como líder indiscutible de la oposición política; a Martín Torrijos en segundo lugar y, en último lugar, muy distante, a la tercera fuerza del banquero.
Agrego más: Todas las encuestas señalan que existe un porcentaje de personas que aún no han decidido por quién votar. Pensemos, siendo conservadores, que solo la mitad de esos indecisos sean votos opositores (la proporción en realidad es mayor); la lógica ordena que un gran porcentaje de esa mitad de votos opositores indecisos, al momento de depositar su voto, lo harán por la opción con mayores posibilidades de triunfo, para no desperdiciar sus votos, evitando así caer en la confusión presentada hace cinco años cuando el voto opositor quedó lamentablemente dividido.
Queda claro, entonces, que la Unión por Panamá y su candidata Mireya Moscoso, resultará triunfadora (vaticino yo que recibiendo un mandato contundente), en los próximos comicios .y lo dicen las mismas encuestas, con un simple y lógico análisis objetivo en atención a la realidad e idiosincracia panameñas. Resulta evidente, además, que doña Mireya representa la opción genuina y legítima por un verdadero cambio, en favor de los excluidos y en pos de un Panamá más humano, pero de eso nos ocuparemos una próxima contribución.

101 años de Panamá América

 
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