El valor y el amor
SE NECESITA una entrega profunda y total para amar y mucho valor para eso. ¿Tiene usted ese valor para amar y entregarse de verdad con el riesgo de ser rechazado? Hay muchas personas que en la actualidad tienen temor de llegar al matrimonio, prefiriendo vivir juntos antes de enfrentarse a un sacramento y a un compromiso formal. En el fondo lo que temen es un juramento de continuidad y, por eso, no se casan. La verdad es que se necesita mucho valor para amar. El amor nos lleva, inevitablemente, al compromiso. ¿Tiene usted el valor para amar o le falta valentía para entregarse?
También se necesita valor para perdonar. No es posible amar por mucho tiempo, si no tenemos la capacidad de perdonar con facilidad. En todas las relaciones interpersonales, nuestro amor no va a durar mucho a menos que podamos perdonar con prontitud. Cada vez que se entrega totalmente en el amor, tendrá en algún momento que perdonar a las personas que ama, porque no todos le van a devolver lo mismo que usted da. Quizás usted está alimentando un resentimiento contra su esposo, o contra su esposa, o contra su hijo, o contra su maestro y no tiene el ánimo para perdonar. Si realmente usted perdonara, tendría que tragarse su orgullo. Las personas que tienen el valor de perdonar llegan, para eso, a ser muy humildes. Se requiere valor para amar, se requiere valor para perdonar, porque cuando uno ama y cuando uno perdona, corre el peligro de ser rechazado por aquellos a quienes ama. También quienes nos rodean se pueden burlar de nuestro acto de amor y de misericordia, confundiéndolo con un acto de debilidad.
Y, ¿qué es realmente el valor? Entendemos bien el valor del bombero y del policía, pero el valor del hombre y la mujer que se acercan a un altar y se comprometen a amarse hasta que la muerte los separe, es un valor tan grande como el valor del bombero, del policía o del soldado. También el valor es necesario para comprometerse en la vida a trabajar en las comunidades cristianas o en apostolados, por ejemplo. Se necesita valor para dar un sí hasta la muerte al mismo Señor. Existen personas que son en verdad valientes, enfrentándose a una dura batalla contra una enfermedad incurable asumiendo el compromiso de mantenerse estable emocionalmente y hasta sonrientes, generosos, alegres y dispuestos a servir hasta el último momento. Estas personas son auténticos gigantes. Son verdaderos héroes y han hecho elección entre dos alternativas: auto compadecerse, quejarse siempre de la enfermedad, querer acabar pronto y morirse o mantenerse firmes, lo más valientes y optimistas que sea posible, hasta que Dios detenga el último latido. Y eligen mantener firme hasta el final su propósito de compromiso, servicio y ayuda a otros dando gloria al Señor con una vida en la cual el amor prevalece siempre.
Modelo de valor es el caso de una niña llamada Charlotte V. quien vivía en los Estados Unidos y que a la edad de 6 años había entrado y salido del hospital alrededor de 85 veces. Tenía una extraña enfermedad que la hacía sufrir de fracturas constantes con suma facilidad. A la edad de 10 años ya tenía 200 fracturas, pero seguía siendo una niña encantadora, sonriente y optimista. Decía una persona muy cercana a ella que solamente la vio llorar tres veces: Cuando se fracturó un brazo días antes de la boda de su hermana y tuvo que quedarse en el hospital, cuando convocó un llamado comunitario para alentar a la gente a hacer donaciones para que los lisiados pudieran caminar y cuando le regalaron una máquina de escribir, la única cosa material que esta niña había deseado poseer. ¡Esto es valor! Charlotte siguió sus estudios secundarios y se graduó. Luego eligió una universidad que tenía rampas para personas con impedimentos físicos. La aceptaron y cuatro años después se graduaba con honores. Pero Charlotte no se detuvo allí. Siguió estudiando leyes y sacó su título de abogada. Pesaba solamente 62 libras cuando se graduó; no pudo crecer. Nunca se auto compadeció, nunca se quejó por su enfermedad, sino que luchó. ¡Cuántos de nosotros por cualquier cosa nos quejamos!
Dice el Dr. Robert Chulert: "Valor es la otra cara del amor". - Valor es alguien que ama la vida lo suficiente como para querer vivir cada minuto, no importa lo alto del precio. Alguien tan enamorado de la vida que sea capaz de combatir cada día el dolor de la quimioterapia y los rayos de cobalto como yo he conocido; alguien que ha sido capaz de mantener una firmeza, una estabilidad emocional y un buen carácter, aun sufriendo terribles dolores por el cáncer. - ¡Esto es valor!
Valor es aquella persona capaz de decir en su matrimonio: En verdad te acepto en el bien y en el mal, en la pobreza y en la riqueza, en la salud o en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe. Valor es el caso de alguien que tanto ama a Dios que es capaz de ser testigo de Él, de dar la vida por Él, de no ceder nada en relación con su vida en Cristo y mantenerse firme hasta el final. ¡Valor! Necesitamos gente con valor.
Que Dios nos conceda la gracia de mantener vivo el valor. Con Él es posible, porque ¡CON ÉL SOMOS INVENCIBLES!
También se necesita valor para perdonar. No es posible amar por mucho tiempo, si no tenemos la capacidad de perdonar con facilidad. En todas las relaciones interpersonales, nuestro amor no va a durar mucho a menos que podamos perdonar con prontitud. Cada vez que se entrega totalmente en el amor, tendrá en algún momento que perdonar a las personas que ama, porque no todos le van a devolver lo mismo que usted da. Quizás usted está alimentando un resentimiento contra su esposo, o contra su esposa, o contra su hijo, o contra su maestro y no tiene el ánimo para perdonar. Si realmente usted perdonara, tendría que tragarse su orgullo. Las personas que tienen el valor de perdonar llegan, para eso, a ser muy humildes. Se requiere valor para amar, se requiere valor para perdonar, porque cuando uno ama y cuando uno perdona, corre el peligro de ser rechazado por aquellos a quienes ama. También quienes nos rodean se pueden burlar de nuestro acto de amor y de misericordia, confundiéndolo con un acto de debilidad.
Y, ¿qué es realmente el valor? Entendemos bien el valor del bombero y del policía, pero el valor del hombre y la mujer que se acercan a un altar y se comprometen a amarse hasta que la muerte los separe, es un valor tan grande como el valor del bombero, del policía o del soldado. También el valor es necesario para comprometerse en la vida a trabajar en las comunidades cristianas o en apostolados, por ejemplo. Se necesita valor para dar un sí hasta la muerte al mismo Señor. Existen personas que son en verdad valientes, enfrentándose a una dura batalla contra una enfermedad incurable asumiendo el compromiso de mantenerse estable emocionalmente y hasta sonrientes, generosos, alegres y dispuestos a servir hasta el último momento. Estas personas son auténticos gigantes. Son verdaderos héroes y han hecho elección entre dos alternativas: auto compadecerse, quejarse siempre de la enfermedad, querer acabar pronto y morirse o mantenerse firmes, lo más valientes y optimistas que sea posible, hasta que Dios detenga el último latido. Y eligen mantener firme hasta el final su propósito de compromiso, servicio y ayuda a otros dando gloria al Señor con una vida en la cual el amor prevalece siempre.
Modelo de valor es el caso de una niña llamada Charlotte V. quien vivía en los Estados Unidos y que a la edad de 6 años había entrado y salido del hospital alrededor de 85 veces. Tenía una extraña enfermedad que la hacía sufrir de fracturas constantes con suma facilidad. A la edad de 10 años ya tenía 200 fracturas, pero seguía siendo una niña encantadora, sonriente y optimista. Decía una persona muy cercana a ella que solamente la vio llorar tres veces: Cuando se fracturó un brazo días antes de la boda de su hermana y tuvo que quedarse en el hospital, cuando convocó un llamado comunitario para alentar a la gente a hacer donaciones para que los lisiados pudieran caminar y cuando le regalaron una máquina de escribir, la única cosa material que esta niña había deseado poseer. ¡Esto es valor! Charlotte siguió sus estudios secundarios y se graduó. Luego eligió una universidad que tenía rampas para personas con impedimentos físicos. La aceptaron y cuatro años después se graduaba con honores. Pero Charlotte no se detuvo allí. Siguió estudiando leyes y sacó su título de abogada. Pesaba solamente 62 libras cuando se graduó; no pudo crecer. Nunca se auto compadeció, nunca se quejó por su enfermedad, sino que luchó. ¡Cuántos de nosotros por cualquier cosa nos quejamos!
Dice el Dr. Robert Chulert: "Valor es la otra cara del amor". - Valor es alguien que ama la vida lo suficiente como para querer vivir cada minuto, no importa lo alto del precio. Alguien tan enamorado de la vida que sea capaz de combatir cada día el dolor de la quimioterapia y los rayos de cobalto como yo he conocido; alguien que ha sido capaz de mantener una firmeza, una estabilidad emocional y un buen carácter, aun sufriendo terribles dolores por el cáncer. - ¡Esto es valor!
Valor es aquella persona capaz de decir en su matrimonio: En verdad te acepto en el bien y en el mal, en la pobreza y en la riqueza, en la salud o en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe. Valor es el caso de alguien que tanto ama a Dios que es capaz de ser testigo de Él, de dar la vida por Él, de no ceder nada en relación con su vida en Cristo y mantenerse firme hasta el final. ¡Valor! Necesitamos gente con valor.
Que Dios nos conceda la gracia de mantener vivo el valor. Con Él es posible, porque ¡CON ÉL SOMOS INVENCIBLES!