El Vaticano y la posible conversión de Bush
En el diario inglés The Independent apareció la noticia el 14 de junio. El periodista Peter Popham informaba desde Roma que Bush había sido recibido con inusitados honores por Benedicto XVI para agradecer la fiesta de cumpleaños con más de 9,000 invitados que Bush había ofrecido en honor a Benedicto XVI en Washington. En vez de comprender que el ostentoso homenaje de Bush al Papa tendría por objeto recoger votos católicos para su partido en las próximas elecciones, tras bastidores en el Vaticano se comentaba insistentemente que Bush pensaba convertirse al catolicismo.
Dijo el cardenal Pio Laghi, enviado especial del Vaticano a la Casa Blanca: "Bush cree en los valores de la Iglesia y su hermano es un converso". Explicó el diario católico L’Avennire que esos valores consisten en la oposición al aborto, al matrimonio de los "gay" y al desarrollo de la investigación de las células estaminales embrionarias.
Por lo visto, las creencias más importantes del catolicismo ahora consisten en una serie de oposiciones. Las bienaventuranzas de Cristo en las cuales está resumida toda la moral cristiana han pasado de moda.
El Vaticano sabe cuán desastrosa ha sido la presidencia de Bush, quien en ningún momento ha tenido en mente el bienestar del pueblo de Estados Unidos. No solo atacó a Irak en base a mentiras inventadas por su propio equipo, siendo responsable por miles de muertos, heridos y desplazados, sino que lo hizo a pesar de que el finado Papa Juan Pablo II le rogó que no invadiera.
Además, su administración es censurada mundialmente por su abierta violación a los derechos humanos. En la Corte Internacional de la Haya esperan a que, vencido su término como presidente, Bush responda por la detención de prisioneros en Guantánamo por años sin que se le hayan presentado cargos, y por la nefasta práctica de la llamada "rendición extraordinaria" mediante la cual la CIA captura secretamente a quienes le parezca tienen nexos con el terrorismo y los lleva a diversos países para que los torturen inmisericordemente.
Según parece, la nueva moda es que un dirigente se convierta al catolicismo para que todo le sea perdonado. Ya el Vaticano recibió con brazos abiertos la conversión de Tony Blair, quien fue cómplice de Bush en la invasión de Irak. Y lo peor es que, dando muestras de demencia, tanto Blair como Bush han tenido la osadía de decir que Dios los aconsejó que invadieran a Irak, sugiriendo que, como portavoces del Todopoderoso, son infalibles.
Es hora de que el Vaticano decida si realmente defiende los derechos humanos o si es meramente un Estado más, una institución política disfrazada de religiosa y moral.