El verdadero cambio
Entendamos las próximas elecciones como una oportunidad para cambiar lo que se está desmoronando en el país. ¿Qué es eso tan urgente? Nuestra actitud. Los problemas de inacción, de improvisación política y administrativa, de antivalores, de falta de educación, de juega vivo, de mentiras fáciles, de palabras incumplidas, de inequidad social y económica, de falta de oportunidades; sí, esos problemas de los que tanto nos quejamos, no son exclusividad de los partidos políticos y los gobernantes. Es la sociedad panameña la que está enferma; somos todos y cada uno de nosotros quienes debemos dar el paso y mejorar para reestructurar el futuro.
Pero el cambio no está en manos de un partido político ni de un líder. Eso ya debe estar bastante claro. Es la sociedad, manifestada en diversos círculos sistémicos, la que debe avanzar y transformarse. El cambio no nos caerá del cielo. Mientras sigamos siendo el mismo pueblo bribón, adepto de la “palanca” como fórmula de movilidad social, en desprecio del mérito, ningún cambio será posible. Si continuamos alienados por el julepe, sin preocuparnos por una óptima productividad técnica e intelectual, seguiremos siendo un rebaño manipulable.
Una radical reforma educativa es clave en este cambio. Es cierto que debe ser el grupo gobernante el del impulso inicial, pero de nada servirá si la comunidad entera no acepta dar los pasos hacia el nuevo camino. Nos toca reformular los planes de estudio, mejorar los métodos de enseñanza-aprendizaje, tan obsoletos; desarticular aquellos gremios docentes más preocupados por mantener el status quo que por el éxito académico y humano de sus estudiantes; diversificar la opciones; despolitizar las universidades estatales y el Ministerio de Educación.
Nadie ha dicho que será fácil. La historia de la humanidad demuestra que cada paso hacia la modernidad y la civilización tiene un precio alto, sobre todo para aquellos que se niegan a evolucionar.