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El verdadero maestro


DECÍA el Doctor José Daniel Crespo: "No es en efecto el hecho de ser maestro lo que es digno del aprecio y de la consideración pública. Cualquiera que lo desee, con muy pocos conocimientos, por desgracia, adquiere un nombramiento y aún con mediana inteligencia y unos cortos años de estudio, el diploma de una Escuela Normal. El verdadero maestro, el que sin exigirlo inspira aprecio, respeto y consideración, es aquel que no sólo tiene el nombre, si no que ha penetrado en el espíritu de su noble misión. Modesto, sin humillación, suave, dulce, sin bajeza, consagrado, sin estrechez individual, orgulloso, sin vanidad y sin menosprecio de los demás hombres, amable, bueno, justo y siempre noble y siempre digno, tal es el verdadero maestro".
El empecinamiento y la falta de capacidad para dialogar de un gran sector de educadores de la República con las autoridades del Ministerio de Educación, están golpeando, severamente las estructuras de la educación nacional y mantiene a gran número de escuelas y colegios a lo largo y a lo ancho del país en un paro indefinido. La situación imperante en el ramo educativo es crítica y se está corriendo el riesgo que el año escolar 2006 tenga un final desastroso. Padres de familia, alumnos, sociedad civil y otros sectores han comenzado a dejar oír su voz de protesta frente a la actitud negativa e interesada de maestros y profesores que exigen un aumento de salario a toda costa, sin pensar en los miles de estudiantes que están perdiendo clases, sin pensar que en estos momentos, lo importante es salvar la educación, llevar a cada rincón del territorio nacional el mensaje de una mejor vida a través del proceso enseñanza aprendizaje, sin pensar que lo importante son los padres de familia que anhelan que sus esfuerzos y sueños de una mejor educación para sus hijos sea una realidad. No es el momento para la huelga, para la protesta desarticulada, para la pérdida de oportunidades para profundizar en los problemas que están afectando el sistema educativo y encontrar las soluciones. Necesitamos, con urgencia, la unidad de todos los educadores de la República, a las autoridades del Ministerio, a los padres de familia y a la sociedad civil para que en diálogo sincero, busquen soluciones a corto y a largo plazo para la problemática de la educación panameña.
El Gobierno Nacional ha actuado con tolerancia frente a los tranques de vías importantes en distintos puntos de la República, frente a las manifestaciones que han ocasionado pérdidas millonarias a la economía de la nación y perjuicios a panameños que tienen libertad para movilizarse. El sector de educadores en huelga (FAM) está exigiendo un aumento de B/. 120.00, pero el gobierno, con muchos sacrificios para la economía del país y afectando la deuda social, ha decidido aprobar un aumento de B/. 90.00, que ha sido aceptado por la Coordinadora de Unidad Magisterial, lo que ha dado origen al rompimiento entre los trabajadores de la enseñanza.
Es muy lamentable lo que está ocurriendo en las filas del magisterio nacional; hay una pérdida de confianza en quienes tienen la grave responsabilidad de orientar las presentes y futuras generaciones del país. Por un aumento de salario no debemos olvidar los principios predicados por el Dr. Crespo y que contribuyen a la formación del verdadero educador. No cabe dentro de la lucha magisterial el interés personal y partidista; lo que cuenta es el niño, la escuela, el padre de familia y todo aquello que es instrumento para el proceso enseñanza-aprendizaje se supere cada día y permita la formación del hombre y la mujer que necesita nuestra sociedad.
Hacemos los mejores votos, porque las diferencias que hoy existen entre los gremios de educadores: Coordinadora de Unidad Magisterial y el Frente de Acción Magisterial desaparezcan y surja, nuevamente, la unidad indestructible, que siempre ha hecho de los educadores del país un frente de lucha para la conquista de un mejor futuro para nuestra patria.

101 años de Panamá América

 
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