El viaje presidencial fue un éxito
Como un importante éxito político y personal debe considerarse el viaje de la Presidenta de la República a la ciudad de Washington. El cálido recibimiento del presidente Bush y sus positivas respuestas a las principales solicitudes de nuestra presidenta podrían reportar grandes beneficios económicos para Panamá. En las conversaciones con miembros del Congreso y altos funcionarios de la rama ejecutiva de la administración estadounidense se tocaron otros temas de interés mutuo, en los que también se lograron avances sustantivos; pero, desde luego, los de mayor importancia fueron la disposición, expresada por el propio presidente Bush, de concertar un tratado de libre comercio, y la eventual autorización (clasificación como “home port”) para que los cruceros puedan dejar y recoger pasajeros en Panamá.
La conclusión de un tratado de libre comercio que nos asegure un mayor y más productivo acceso al mercado norteamericano daría un decisivo impulso a nuestra economía. Por ello tiene mucho significado que un distinguido grupo de empresarios haya acompañado a nuestra presidenta y reforzado con su presencia el interés de Panamá de alcanzar esa meta, que nos permitiría mejorar la desigual relación del comercio bilateral que tenemos con los Estados Unidos. Actualmente, Panamá importa cinco veces lo que exporta a ese país.
El turismo es clave para generar ingresos y puede ser uno de los principales motores para la reactivación de nuestra economía. Durante la gestión presidencial de la presidenta Moscoso el número de visitantes ha aumentado de 555,000 en 1999 a 800,000 en el 2002. A ese aumento progresivo y a los beneficios económicos consiguientes, estimados en 678,000 millones para el mismo año 2002, han contribuido en gran medida los cruceros turísticos. Lograr la condición de “home port” permitiría ampliar la permanencia de los visitantes y ello se traduciría en mayores ingresos para el país.
La concreción de esos dos objetivos no será fácil. En ambos casos estaríamos sentando precedentes. Independientemente de nuestra especial vinculación histórica con los Estados Unidos, debemos reconocer que el volumen de nuestra relación comercial no es comparable al de los sus principales socios y, por ello, deberemos esperar resistencias a la decisión del presidente Bush. Por otra parte, fuera de Puerto Rico, cuya especialísima condición de estado libre asociado le asegura un tratamiento singular, hasta donde sabemos, ningún otro destino turístico en América Latina ha sido reconocido como “home port”. Por tanto, también debemos esperar dificultades para materializar ese objetivo.
Para recorrer el camino que nos falta será de la mayor importancia que a los sectores empresariales se sumen, sin egoísmos y basados en la búsqueda del mejor interés nacional, otros estamentos de nuestra sociedad, y muy especialmente los partidos políticos de oposición. El logro de los dos objetivos indicados debe, por encima de pasiones políticas y cálculos electorales, convertirse en un tema de Estado y así, igualmente, deben tratarlo los medios de comunicación.
Con preocupación hemos visto cómo ya se han levantado pronósticos negativos que ponen en duda la sinceridad del gobierno estadounidense o que tratan de restarle méritos al avance logrado por nuestra presidenta. Ambas actitudes deben deponerse, pues nuestros interlocutores del norte, con toda seguridad, tomarán muy en cuenta nuestra unidad y el respaldo interno a las iniciativas presentadas por doña Mireya, en nombre del Estado panameño, para responder, con mayor o menor prontitud, a nuestras aspiraciones.
Hoy, tras repasar la vida y obra del “Fundador de la República”, tengo sentimientos encontrados. Por un lado, siento felicidad al recordarle. Por el otro, tristeza. Tristeza porque al estar celebrando cien años de independencia, de soberanía que tanto le costó, nuestro país está enrumbado hacia la catástrofe y la miseria. Pareciera que su labor no valió la pena.
“Ten fe en que las cosas van a cambiar. Cree en un futuro mejor para los panameños. No pierdas la esperanza”. Eso es lo que me hubiese aconsejado Manuel Amador Guerrero.
Sólo le contestaría: ¡Gracias! y ¡Feliz cumpleaños, señor Presidente!
(jayamal@hotmail.com)
La conclusión de un tratado de libre comercio que nos asegure un mayor y más productivo acceso al mercado norteamericano daría un decisivo impulso a nuestra economía. Por ello tiene mucho significado que un distinguido grupo de empresarios haya acompañado a nuestra presidenta y reforzado con su presencia el interés de Panamá de alcanzar esa meta, que nos permitiría mejorar la desigual relación del comercio bilateral que tenemos con los Estados Unidos. Actualmente, Panamá importa cinco veces lo que exporta a ese país.
El turismo es clave para generar ingresos y puede ser uno de los principales motores para la reactivación de nuestra economía. Durante la gestión presidencial de la presidenta Moscoso el número de visitantes ha aumentado de 555,000 en 1999 a 800,000 en el 2002. A ese aumento progresivo y a los beneficios económicos consiguientes, estimados en 678,000 millones para el mismo año 2002, han contribuido en gran medida los cruceros turísticos. Lograr la condición de “home port” permitiría ampliar la permanencia de los visitantes y ello se traduciría en mayores ingresos para el país.
La concreción de esos dos objetivos no será fácil. En ambos casos estaríamos sentando precedentes. Independientemente de nuestra especial vinculación histórica con los Estados Unidos, debemos reconocer que el volumen de nuestra relación comercial no es comparable al de los sus principales socios y, por ello, deberemos esperar resistencias a la decisión del presidente Bush. Por otra parte, fuera de Puerto Rico, cuya especialísima condición de estado libre asociado le asegura un tratamiento singular, hasta donde sabemos, ningún otro destino turístico en América Latina ha sido reconocido como “home port”. Por tanto, también debemos esperar dificultades para materializar ese objetivo.
Para recorrer el camino que nos falta será de la mayor importancia que a los sectores empresariales se sumen, sin egoísmos y basados en la búsqueda del mejor interés nacional, otros estamentos de nuestra sociedad, y muy especialmente los partidos políticos de oposición. El logro de los dos objetivos indicados debe, por encima de pasiones políticas y cálculos electorales, convertirse en un tema de Estado y así, igualmente, deben tratarlo los medios de comunicación.
Con preocupación hemos visto cómo ya se han levantado pronósticos negativos que ponen en duda la sinceridad del gobierno estadounidense o que tratan de restarle méritos al avance logrado por nuestra presidenta. Ambas actitudes deben deponerse, pues nuestros interlocutores del norte, con toda seguridad, tomarán muy en cuenta nuestra unidad y el respaldo interno a las iniciativas presentadas por doña Mireya, en nombre del Estado panameño, para responder, con mayor o menor prontitud, a nuestras aspiraciones.
Hoy, tras repasar la vida y obra del “Fundador de la República”, tengo sentimientos encontrados. Por un lado, siento felicidad al recordarle. Por el otro, tristeza. Tristeza porque al estar celebrando cien años de independencia, de soberanía que tanto le costó, nuestro país está enrumbado hacia la catástrofe y la miseria. Pareciera que su labor no valió la pena.
“Ten fe en que las cosas van a cambiar. Cree en un futuro mejor para los panameños. No pierdas la esperanza”. Eso es lo que me hubiese aconsejado Manuel Amador Guerrero.
Sólo le contestaría: ¡Gracias! y ¡Feliz cumpleaños, señor Presidente!
(jayamal@hotmail.com)