El voto civilista útil
Más como civilista convencido (y no tanto como arnulfista inscrito), pertenezco al grueso del electorado que hace ya casi cinco años, con mucha ilusión y esfuerzo, enfrentó y derrotó en las urnas al partido fundado por los militares. Fueron jornadas llenas de esperanza, no sólo para los miembros de la Alianza Unión Por Panamá, sino para todos los que comprometieron su fe en el futuro, creyendo en la promesa de un verdadero y necesario cambio para el país.
Ese cambio se suponía que iba a acabar con las nefastas tropelías y las groseras arbitrariedades del anterior gobierno; que iba a adecentar a la bochornosa cosa pública; que iba a responderle a los pobres y a la clase media, con medidas de recuperación económica, justicia y equidad social; que iba a darle la espalda al neoliberalismo salvaje y vendepatria, que liquidó ilegalmente a las empresas estatales y que festinó con el patrimonio del pueblo panameño. Íbamos a levantar este país del suelo y a limpiarle el rostro. Pero la historia ha sido otra. Hemos visto cómo el Programa Electoral "Nuestro Compromiso por el Cambio" fue abandonado e incumplido, casi en su totalidad. Por muchos años tuvimos que vivir amargamente una desmoralizante decepción.
Desde 1999 hemos estado viviendo un gobierno que es una mezcolanza de intereses, amiguismos y politiquería y que es de todo, menos arnulfista o civilista. Preocupados por sus apetitos personalistas, los personeros del Gobierno no han sabido (o no han querido) responderle al PRD con la verdad, señalándoles su enorme cuota de responsabilidad por la crisis actual, el saqueo criminal de las empresas estatales, el endeudamiento estratosférico en que nos han sumido ni por la insolvencia de un país, que fue dejado por Guillermo Endara y su equipo económico con un enorme superávit en 1994. ¿Cómo hacerlo, cuando este gobierno ha emulado y superado las prácticas escandalosas de sus antecesores? Por eso, no es de extrañar cómo esa alianza tenebrosa de la pseudo-oposición, explota los crasos errores de este mal gobierno, repite mentiras, exagera verdades y confunde a muchos conciudadanos que tienen una memoria muy corta. Son viejos operadores de las malas artes de la política y cuentan con que, explotando la impopularidad de este gobierno mediocre, los ciudadanos se olviden de sus latrocinios y de su pasado militarista y les beneficien con el voto, especialmente de los que van a las urnas a votar por rabia.
Las delicadas circunstancias actuales nos obligan a pensar y a actuar, con el desprendimiento que siempre ha ennoblecido a los hombres y mujeres que abrazaron las banderas de la lucha civilista y democrática. Debemos superar el temor y tomar acciones que nos devuelvan al cauce doctrinario correcto, a la senda de ideas patrióticas que nos ha legado los más preclaros forjadores de este país (Belisario Porras, Ricardo J. Alfaro, Harmodio y Arnulfo Arias).
Es necesario que tengamos carácter y entereza suficiente como para recuperar y reafirmar los valores de la auténtica doctrina panameñista, para responderle contundentemente al enemigo con la fuerza de la unidad del pueblo. Porque, aunque no quieran aceptarlo nuestros adversarios, los demócratas civilistas (afiliados o no a partidos) constituimos la inmensa mayoría de los electores en este país. Este pueblo, en su gran mayoría, no es ni nunca será PRD.
Debemos pensar ahora sobre la inminente definición del horizonte electoral y reconsiderar nuestro curso de acción con una gran dosis de visión, entrega, liderazgo y nobleza. El triunfo de la opción no-PRD en 2004 pasa por la reunificación del voto de la familia civilista (y panameñista, en primera instancia). Y como punto de partida en esta redefinición, es necesario aceptar y entender que el único hombre que puede garantizar la derrota del PRD se llama Guillermo Endara, por mucho odio que le tengan quienes hoy dirigen, muy circunstancialmente, al Partido Arnulfista. Es el único que tiene la estatura moral, la capacidad, la experiencia y la reputación de honestidad suficientes como para derrotar a nuestros bien financiados y apertrechados adversarios. El Dr. José Miguel Alemán carga con los muchos pecados de este gobierno desprestigiado y no lleva chance alguno de ganar.
En un ejercicio íntimo y honesto, cada arnulfista, molirena, liberal, civilista e independiente pueden y debe medir las opciones reales que tenemos enfrente y, por el bien de la Patria, para garantizar un verdadero gobierno por los pobres y para salvar la amenazada democracia istmeña, la decisión ante las urnas es clara: votar por Guillermo Endara.
Ese cambio se suponía que iba a acabar con las nefastas tropelías y las groseras arbitrariedades del anterior gobierno; que iba a adecentar a la bochornosa cosa pública; que iba a responderle a los pobres y a la clase media, con medidas de recuperación económica, justicia y equidad social; que iba a darle la espalda al neoliberalismo salvaje y vendepatria, que liquidó ilegalmente a las empresas estatales y que festinó con el patrimonio del pueblo panameño. Íbamos a levantar este país del suelo y a limpiarle el rostro. Pero la historia ha sido otra. Hemos visto cómo el Programa Electoral "Nuestro Compromiso por el Cambio" fue abandonado e incumplido, casi en su totalidad. Por muchos años tuvimos que vivir amargamente una desmoralizante decepción.
Desde 1999 hemos estado viviendo un gobierno que es una mezcolanza de intereses, amiguismos y politiquería y que es de todo, menos arnulfista o civilista. Preocupados por sus apetitos personalistas, los personeros del Gobierno no han sabido (o no han querido) responderle al PRD con la verdad, señalándoles su enorme cuota de responsabilidad por la crisis actual, el saqueo criminal de las empresas estatales, el endeudamiento estratosférico en que nos han sumido ni por la insolvencia de un país, que fue dejado por Guillermo Endara y su equipo económico con un enorme superávit en 1994. ¿Cómo hacerlo, cuando este gobierno ha emulado y superado las prácticas escandalosas de sus antecesores? Por eso, no es de extrañar cómo esa alianza tenebrosa de la pseudo-oposición, explota los crasos errores de este mal gobierno, repite mentiras, exagera verdades y confunde a muchos conciudadanos que tienen una memoria muy corta. Son viejos operadores de las malas artes de la política y cuentan con que, explotando la impopularidad de este gobierno mediocre, los ciudadanos se olviden de sus latrocinios y de su pasado militarista y les beneficien con el voto, especialmente de los que van a las urnas a votar por rabia.
Las delicadas circunstancias actuales nos obligan a pensar y a actuar, con el desprendimiento que siempre ha ennoblecido a los hombres y mujeres que abrazaron las banderas de la lucha civilista y democrática. Debemos superar el temor y tomar acciones que nos devuelvan al cauce doctrinario correcto, a la senda de ideas patrióticas que nos ha legado los más preclaros forjadores de este país (Belisario Porras, Ricardo J. Alfaro, Harmodio y Arnulfo Arias).
Es necesario que tengamos carácter y entereza suficiente como para recuperar y reafirmar los valores de la auténtica doctrina panameñista, para responderle contundentemente al enemigo con la fuerza de la unidad del pueblo. Porque, aunque no quieran aceptarlo nuestros adversarios, los demócratas civilistas (afiliados o no a partidos) constituimos la inmensa mayoría de los electores en este país. Este pueblo, en su gran mayoría, no es ni nunca será PRD.
Debemos pensar ahora sobre la inminente definición del horizonte electoral y reconsiderar nuestro curso de acción con una gran dosis de visión, entrega, liderazgo y nobleza. El triunfo de la opción no-PRD en 2004 pasa por la reunificación del voto de la familia civilista (y panameñista, en primera instancia). Y como punto de partida en esta redefinición, es necesario aceptar y entender que el único hombre que puede garantizar la derrota del PRD se llama Guillermo Endara, por mucho odio que le tengan quienes hoy dirigen, muy circunstancialmente, al Partido Arnulfista. Es el único que tiene la estatura moral, la capacidad, la experiencia y la reputación de honestidad suficientes como para derrotar a nuestros bien financiados y apertrechados adversarios. El Dr. José Miguel Alemán carga con los muchos pecados de este gobierno desprestigiado y no lleva chance alguno de ganar.
En un ejercicio íntimo y honesto, cada arnulfista, molirena, liberal, civilista e independiente pueden y debe medir las opciones reales que tenemos enfrente y, por el bien de la Patria, para garantizar un verdadero gobierno por los pobres y para salvar la amenazada democracia istmeña, la decisión ante las urnas es clara: votar por Guillermo Endara.