El vuelo de la mariposa
Nada es gratis en la vida. Todo lo valioso requiere esfuerzo y sacrificio. Ese mito de que los ricos se hicieron ricos de la noche a la mañana, o que todo se resolverá cuando uno se gane la lotería, es un engaño que mantiene a demasiadas personas en la miseria a la espera pasiva de su "chance premiado".
Los que han salido de la pobreza no se gastaban sus primeros realitos comprando lotería, mucho menos celebrando cada negocio en la cantina, ellos trabajaron intensamente, ahorraron todo lo que pudieron para formar un capital, estudiaron, sea formal o informalmente, adquirieron hábitos personales y familiares de respeto al derecho ajeno, puntualidad, higiene, frugalidad y audacia. Supieron aprovechar las oportunidades que le brindaba la vida en el momento, y no las dejaron "para mañana".
Para salir de la pobreza hay que sacrificarse. Sacrificar los placeres inmediatos que no podemos pagar sino fiados, por el bienestar futuro que podremos disfrutar confiados.
Si queremos que más personas salgan de la pobreza debemos dejar de estudiar a los que son pobres y empezar a estudiar a los que ya no lo son. Luego, debemos transmitir sus enseñanzas para sacar de la pobreza a nuestros congéneres. Debemos enseñar a pescar el lugar de regalar pescado.
Una alegoría ilustra muy bien esta situación en donde por querer hacer un bien provocamos un mal. Habla la historia de una niña que veía cómo una mariposa luchaba denodadamente por salir de su capullo. La niña angustiada decidió "ayudar" a la "pobre" mariposa y cortó el capullo para liberarla de la tortura de abrirse paso con sus débiles alitas. La mariposa salió del capullo y cayó al piso incapaz de extender sus alas y volar. Al poco tiempo, la mariposa murió de inanición.
Su padre, que la observó todo el rato, le preguntó por qué había roto el capullo antes de tiempo, y la niña le contestó que lo hizo para "ayudar" a la "pobre" mariposa. El padre entonces le explicó que para la mariposa, era muy importante forcejear con el capullo hasta romperlo, porque esto era lo que fortalecería sus alas y le permitiría volar, y que al "ayudar" a la "pobre" mariposa la había condenado a no poder volar y por ende, a morir casi inmediatamente.
¿Cuántas veces regalamos pescado a quienes quieren aprender a pescar? ¿Cuántas veces rompemos el capullo de quienes necesitan fortalecerse para poder llegar a las alturas a las que nuestra "compasión" les impidió alcanzar?
¿No debiéramos reservar nuestra compasión y caridad para con los que realmente no pueden valerse por si mismos y dejar a los que sí podrían, que lo logren por su propio esfuerzo? ¿No respeta más la dignidad humana del pobre salir del capullo de la pobreza por su propio esfuerzo?
Los que han salido de la pobreza no se gastaban sus primeros realitos comprando lotería, mucho menos celebrando cada negocio en la cantina, ellos trabajaron intensamente, ahorraron todo lo que pudieron para formar un capital, estudiaron, sea formal o informalmente, adquirieron hábitos personales y familiares de respeto al derecho ajeno, puntualidad, higiene, frugalidad y audacia. Supieron aprovechar las oportunidades que le brindaba la vida en el momento, y no las dejaron "para mañana".
Para salir de la pobreza hay que sacrificarse. Sacrificar los placeres inmediatos que no podemos pagar sino fiados, por el bienestar futuro que podremos disfrutar confiados.
Si queremos que más personas salgan de la pobreza debemos dejar de estudiar a los que son pobres y empezar a estudiar a los que ya no lo son. Luego, debemos transmitir sus enseñanzas para sacar de la pobreza a nuestros congéneres. Debemos enseñar a pescar el lugar de regalar pescado.
Una alegoría ilustra muy bien esta situación en donde por querer hacer un bien provocamos un mal. Habla la historia de una niña que veía cómo una mariposa luchaba denodadamente por salir de su capullo. La niña angustiada decidió "ayudar" a la "pobre" mariposa y cortó el capullo para liberarla de la tortura de abrirse paso con sus débiles alitas. La mariposa salió del capullo y cayó al piso incapaz de extender sus alas y volar. Al poco tiempo, la mariposa murió de inanición.
Su padre, que la observó todo el rato, le preguntó por qué había roto el capullo antes de tiempo, y la niña le contestó que lo hizo para "ayudar" a la "pobre" mariposa. El padre entonces le explicó que para la mariposa, era muy importante forcejear con el capullo hasta romperlo, porque esto era lo que fortalecería sus alas y le permitiría volar, y que al "ayudar" a la "pobre" mariposa la había condenado a no poder volar y por ende, a morir casi inmediatamente.
¿Cuántas veces regalamos pescado a quienes quieren aprender a pescar? ¿Cuántas veces rompemos el capullo de quienes necesitan fortalecerse para poder llegar a las alturas a las que nuestra "compasión" les impidió alcanzar?
¿No debiéramos reservar nuestra compasión y caridad para con los que realmente no pueden valerse por si mismos y dejar a los que sí podrían, que lo logren por su propio esfuerzo? ¿No respeta más la dignidad humana del pobre salir del capullo de la pobreza por su propio esfuerzo?