Elabore tranquilizadores mentales (I)
Estamos en el tiempo de las drogas. No solamente de las drogas que usan para transportarse a otros mundos mentales y escaparse de la realidad, sino también en tiempos de las drogas usadas diariamente y recomendadas para calmar los nervios, forzar el reposo, etc. El problema es que causan hábito y dependencia. Queremos indicarle un camino que, basado en esfuerzo y constancia, puede ayudarle a elaborar sus propios tranquilizadores en este mundo tan difícil.
¿Sabe usted lo que hacen las drogas que venden en las farmacias? Reducen, por una operación química, nuestras propias respuestas alteradas o negativas a los estímulos perturbadores que vienen de afuera. El mayor problema que generalmente tenemos no es el “problema”, sino la manera negativa en que reaccionamos a los mismos. Por ejemplo: hay personas que reaccionan descontroladamente ante los relámpagos y los truenos. Saben conscientemente que nada va a pasar, pero emocionalmente y subconscientemente, su reacción no está acomodada a la realidad. Quizás de pequeñitos se asustaron mucho en una noche de truenos; esto les produjo un trauma y condicionó a estas personas a temer a los truenos y relámpagos.
La palabra condición apareció en los círculos sicológicos luego que un sabio ruso llamado Pavlov, mediante sus famosos experimentos, logró condicionar a un perro para que salivase al oír el sonido de una campanilla, que se agitaba segundos antes de alimentar al animal con carne. Cada vez que el perro iba a comer, le ponía la carne enfrente y tocaba una campanita unos segundos antes; esto fue condicionando al perrito, que ya producía saliva en su hocico, antes de ver la carne, sólo con oír la campanita. Era un sujeto condicionado.
Interesante este experimento y esto le puede pasar a usted. Está condicionado a actuar de determinada manera cuando se presenta el estímulo exterior. Existen multitud de campanillas o estímulos perturbadores en las diversas circunstancias de nuestro ambiente que, al experimentar algunos sucesos, automáticamente nos condicionan a actuar de determinada manera. Somos muchas veces sujetos condicionados. Por ejemplo, de pequeñitos muchos hemos experimentado lo siguiente: Papá y mamá nos enseñaron sabiamente a desconfiar de la gente extraña debido a los numerosos incidentes que han ocurrido, en relación con personas adultas y niños. Nos decían: “Nunca aceptes dulces de personas desconocidas; nunca subas al automóvil de una persona extraña”. Lo invito ahora que recuerde la campanilla. La reacción de evitar a los extraños es excelente cuando uno es un niño pequeño, pero hay mucha gente que teniendo 25, 30 ó 40 años continúan sintiéndose mal en presencia de cualquier sujeto desconocido.
La gente extraña se convierte en campanillas y la respuesta aprendida se transforma en temor, en ganas de evitar a esas personas o en un deseo de rehuirlas. ¿Qué les pasó? Simplemente son sujetos condicionados por experiencias que sufrieron generalmente de pequeños.
El primer paso para la curación mental es saber cuál es el problema. Así tenemos el 50% de la solución en nuestras manos. Ya sabemos lo que significa esto de estar condicionado. No es más que una respuesta estipulada y traumatizante de nuestra mente ante los estímulos exteriores que le lleva a tener miedos y angustias ante cualquier cosa en la vida.
Viendo ya el problema que quizás sea el suyo, el mío y el de mucha gente, vamos a darle unos cuantos tranquilizadores mentales, unas pastillas para los nervios, pero no pastillas físicas, sino elaboradas por usted mismo. Le sugerimos lo siguiente: Ignore la campanilla. Ya usted se ha propuesto cambiar y tiene ese objetivo, vivir con más paz, ser menos nervioso. Pues oyó el trueno (la campanilla) y usted va a saltar de la silla agitado. Inmediatamente, hace el siguiente razonamiento: “No tengo por qué obedecer a esa campanilla, me resisto a reaccionar infantilmente a esa señal que antes me provocaba nervios”. Condiciona su mente positivamente. Se dirá: “Esto no tiene ningún poder sobre mí, no me voy a alterar”. Inmediatamente, ignore el suceso. Haga un vacío en su mente. Esto requiere fortaleza y disciplina.
Supongamos que usted siempre se enoja cuando su niñito rompe algo o escribe en las paredes de su casa y va a gritar o a pegarle al niño. ¡Alto! Dígase a sí misma: “Esto es una reacción condicionada. Pues no. No va a suceder esta vez. Este acontecimiento no tiene poder sobre mí”. Se repite esto varias veces interiormente y logrará calmarse antes de explotar. Va a reaccionar racionalmente y esto es lo que queremos de usted. Controló su emoción negativa, respiró profundamente, relajó sus músculos y le dio tiempo a su mente para que su razón funcionara. Permitió que la razón tomara parte sobre su emoción.
Controle sus emociones y no permita que los estímulos lo hagan actuar de manera irracional. Y recuerde con Dios, todo es posible. Con Dios, usted es ¡Invencible!
¿Sabe usted lo que hacen las drogas que venden en las farmacias? Reducen, por una operación química, nuestras propias respuestas alteradas o negativas a los estímulos perturbadores que vienen de afuera. El mayor problema que generalmente tenemos no es el “problema”, sino la manera negativa en que reaccionamos a los mismos. Por ejemplo: hay personas que reaccionan descontroladamente ante los relámpagos y los truenos. Saben conscientemente que nada va a pasar, pero emocionalmente y subconscientemente, su reacción no está acomodada a la realidad. Quizás de pequeñitos se asustaron mucho en una noche de truenos; esto les produjo un trauma y condicionó a estas personas a temer a los truenos y relámpagos.
La palabra condición apareció en los círculos sicológicos luego que un sabio ruso llamado Pavlov, mediante sus famosos experimentos, logró condicionar a un perro para que salivase al oír el sonido de una campanilla, que se agitaba segundos antes de alimentar al animal con carne. Cada vez que el perro iba a comer, le ponía la carne enfrente y tocaba una campanita unos segundos antes; esto fue condicionando al perrito, que ya producía saliva en su hocico, antes de ver la carne, sólo con oír la campanita. Era un sujeto condicionado.
Interesante este experimento y esto le puede pasar a usted. Está condicionado a actuar de determinada manera cuando se presenta el estímulo exterior. Existen multitud de campanillas o estímulos perturbadores en las diversas circunstancias de nuestro ambiente que, al experimentar algunos sucesos, automáticamente nos condicionan a actuar de determinada manera. Somos muchas veces sujetos condicionados. Por ejemplo, de pequeñitos muchos hemos experimentado lo siguiente: Papá y mamá nos enseñaron sabiamente a desconfiar de la gente extraña debido a los numerosos incidentes que han ocurrido, en relación con personas adultas y niños. Nos decían: “Nunca aceptes dulces de personas desconocidas; nunca subas al automóvil de una persona extraña”. Lo invito ahora que recuerde la campanilla. La reacción de evitar a los extraños es excelente cuando uno es un niño pequeño, pero hay mucha gente que teniendo 25, 30 ó 40 años continúan sintiéndose mal en presencia de cualquier sujeto desconocido.
La gente extraña se convierte en campanillas y la respuesta aprendida se transforma en temor, en ganas de evitar a esas personas o en un deseo de rehuirlas. ¿Qué les pasó? Simplemente son sujetos condicionados por experiencias que sufrieron generalmente de pequeños.
El primer paso para la curación mental es saber cuál es el problema. Así tenemos el 50% de la solución en nuestras manos. Ya sabemos lo que significa esto de estar condicionado. No es más que una respuesta estipulada y traumatizante de nuestra mente ante los estímulos exteriores que le lleva a tener miedos y angustias ante cualquier cosa en la vida.
Viendo ya el problema que quizás sea el suyo, el mío y el de mucha gente, vamos a darle unos cuantos tranquilizadores mentales, unas pastillas para los nervios, pero no pastillas físicas, sino elaboradas por usted mismo. Le sugerimos lo siguiente: Ignore la campanilla. Ya usted se ha propuesto cambiar y tiene ese objetivo, vivir con más paz, ser menos nervioso. Pues oyó el trueno (la campanilla) y usted va a saltar de la silla agitado. Inmediatamente, hace el siguiente razonamiento: “No tengo por qué obedecer a esa campanilla, me resisto a reaccionar infantilmente a esa señal que antes me provocaba nervios”. Condiciona su mente positivamente. Se dirá: “Esto no tiene ningún poder sobre mí, no me voy a alterar”. Inmediatamente, ignore el suceso. Haga un vacío en su mente. Esto requiere fortaleza y disciplina.
Supongamos que usted siempre se enoja cuando su niñito rompe algo o escribe en las paredes de su casa y va a gritar o a pegarle al niño. ¡Alto! Dígase a sí misma: “Esto es una reacción condicionada. Pues no. No va a suceder esta vez. Este acontecimiento no tiene poder sobre mí”. Se repite esto varias veces interiormente y logrará calmarse antes de explotar. Va a reaccionar racionalmente y esto es lo que queremos de usted. Controló su emoción negativa, respiró profundamente, relajó sus músculos y le dio tiempo a su mente para que su razón funcionara. Permitió que la razón tomara parte sobre su emoción.
Controle sus emociones y no permita que los estímulos lo hagan actuar de manera irracional. Y recuerde con Dios, todo es posible. Con Dios, usted es ¡Invencible!