Elecciones aleccionadoras
Paso a comentar algunos aspectos de las elecciones presidenciales gringas que tanto interés han despertado en todo el mundo. Creo que las mayorías sabemos que en EE.UU. se vota simultáneamente por los miembros del Colegio Electoral, de cada estado, y por los candidatos a presidente, nacionalmente. Luego los primeros, denominados electores, designan al presidente. Tradicionalmente los electores votan por el candidato que obtuvo la mayoría en su estado respectivo. No obstante, puede darse el caso que el ganador del voto popular no reciba los votos de la mayoría de los electores. Ahí lo dejo para evitar mayor confusión.
Este sistema establecido por los fundadores de esa república abarca varios conceptos o principios: la necesidad de considerar a cada estado individual, esto es, su soberanía, con el propósito de cohesionar todavía más la unidad de la federación; y la importancia de tomar en cuenta los votos de las minorías, lo cual evidentemente fortalece la democracia en el país. Este último principio se aplica cuando a cada estado soberano de la federación se le asignan dos senadores, sin importar el tamaño ni la población de cada estado. De modo que Delaware, que es un estado pequeñísimo, tiene el mismo número de senadores que estados enormes y poderosos como lo son California y Nueva York.
Por supuesto que la situación electoral en Florida confunde. Lo que mayormente está sucediendo en Florida es que las autoridades federales evitan a toda costa inmiscuirse en la jurisdicción del estado. Es decir, no quieren decirle a Florida cómo aplicar e interpretar las leyes electorales que le son exclusivas a ese estado. Dicho en otra forma, la federación respeta al máximo la soberanía de todos sus estados miembros.
La enorme lección que debemos aprender de los gringos es la forma admirable que han mantenido la unión, por de más sólida, de sus 51 estados soberanos. ¿No sería fabuloso que las repúblicas latinoamericanas hubiéramos podido unirnos tal como fue el sueño de Simón Bolívar?
Ahora bien, los gringos no son perfectos. También sufren de nepotismo, amiguismo, elitismo y dominación de los sectores poderosos económicamente. La dinastía Bush es un ejemplo gráfico. Bush, padre, llegó a ocupar posiciones políticas cimeras y creo que ello no se debió a una idoneidad tipo "carrera administrativa". Su fortuna y el apoyo de personas influyentes fueron decisivos. Ahora su hijo George W., tiene fortuna, gran parte de la cual se alega que la obtuvo jugando-vivo en negocios de petróleo. Ya fue electo gobernador de Texas, uno de los megaestados de la unión. Su acceso a la presidencia del país más poderoso del mundo también aparenta ser ayudado por el hecho de que su hermano menor, Jeb, es gobernador de Florida. Y ya todos sabemos que la Secretaria de Estado de la Florida, como directora de elecciones del estado, está haciendo decisiones cuya imparcialidad muchos ponen en tela de duda.
Por estas razones el final cardíaco de las elecciones presidenciales gringas, que se escenifica en Florida, llega a la Corte Suprema de Florida y cuidado que alcanza la Corte Suprema del estado federal. A pesar de lo negativo que todo esto parezca, los gringos nos están dando todavía otra lección: evitan a toda costa lavar sus trapos sucios en público y hacen esfuerzos titánicos por vivir bajo el dominio de la ley (rule of law).
Panamá debe aprender de las lecciones señaladas. Por eso es que con frecuencia hago referencia en mis escritos al nepotismo, amiguismo y elitismo en nuestro medio. No porque sienta aversión hacia los sectores pudientes, sino porque esos sectores mangonean a los gobiernos panameños consistente y caprichosamente. No todos los días se ve un laboratorio tan gráfico como el de las primeras elecciones presidenciales gringas del milenio. ¡Aprovechémoslo!
Este sistema establecido por los fundadores de esa república abarca varios conceptos o principios: la necesidad de considerar a cada estado individual, esto es, su soberanía, con el propósito de cohesionar todavía más la unidad de la federación; y la importancia de tomar en cuenta los votos de las minorías, lo cual evidentemente fortalece la democracia en el país. Este último principio se aplica cuando a cada estado soberano de la federación se le asignan dos senadores, sin importar el tamaño ni la población de cada estado. De modo que Delaware, que es un estado pequeñísimo, tiene el mismo número de senadores que estados enormes y poderosos como lo son California y Nueva York.
Por supuesto que la situación electoral en Florida confunde. Lo que mayormente está sucediendo en Florida es que las autoridades federales evitan a toda costa inmiscuirse en la jurisdicción del estado. Es decir, no quieren decirle a Florida cómo aplicar e interpretar las leyes electorales que le son exclusivas a ese estado. Dicho en otra forma, la federación respeta al máximo la soberanía de todos sus estados miembros.
La enorme lección que debemos aprender de los gringos es la forma admirable que han mantenido la unión, por de más sólida, de sus 51 estados soberanos. ¿No sería fabuloso que las repúblicas latinoamericanas hubiéramos podido unirnos tal como fue el sueño de Simón Bolívar?
Ahora bien, los gringos no son perfectos. También sufren de nepotismo, amiguismo, elitismo y dominación de los sectores poderosos económicamente. La dinastía Bush es un ejemplo gráfico. Bush, padre, llegó a ocupar posiciones políticas cimeras y creo que ello no se debió a una idoneidad tipo "carrera administrativa". Su fortuna y el apoyo de personas influyentes fueron decisivos. Ahora su hijo George W., tiene fortuna, gran parte de la cual se alega que la obtuvo jugando-vivo en negocios de petróleo. Ya fue electo gobernador de Texas, uno de los megaestados de la unión. Su acceso a la presidencia del país más poderoso del mundo también aparenta ser ayudado por el hecho de que su hermano menor, Jeb, es gobernador de Florida. Y ya todos sabemos que la Secretaria de Estado de la Florida, como directora de elecciones del estado, está haciendo decisiones cuya imparcialidad muchos ponen en tela de duda.
Por estas razones el final cardíaco de las elecciones presidenciales gringas, que se escenifica en Florida, llega a la Corte Suprema de Florida y cuidado que alcanza la Corte Suprema del estado federal. A pesar de lo negativo que todo esto parezca, los gringos nos están dando todavía otra lección: evitan a toda costa lavar sus trapos sucios en público y hacen esfuerzos titánicos por vivir bajo el dominio de la ley (rule of law).
Panamá debe aprender de las lecciones señaladas. Por eso es que con frecuencia hago referencia en mis escritos al nepotismo, amiguismo y elitismo en nuestro medio. No porque sienta aversión hacia los sectores pudientes, sino porque esos sectores mangonean a los gobiernos panameños consistente y caprichosamente. No todos los días se ve un laboratorio tan gráfico como el de las primeras elecciones presidenciales gringas del milenio. ¡Aprovechémoslo!