Elecciones chilenas, hacia un cambio de su sistema
Hoy se realiza en Chile la segunda vuelta presidencial entre Michele Bachelet, la primera mujer socialista que puede ganar una elección sudamericana, y Sebastián Piñera, el primer líder no pinochetista que une a la actual derecha mapochina. Sea cual sea el resultado, es probable que el modelo bipolar chileno vaya entrando a su fin y que se abra paso a un nuevo sistema basado en cuatro o cinco campos.
La década del 80 se fue junto a la dictadura militar. Desde que la democracia representativa retornó en los años 90 las presidenciales chilenas quedaban polarizadas entre dos campos: la de los que estuvieron por el No o por el Sí a Pinochet. Esto permitió la sobrevivencia de la Concertación, la misma que ha gobernado 16 años. Chile es el único país en que socialcristianos y socialdemócratas han compartido tanto tiempo el poder. Ambas corrientes internacionales son las principales fuerzas en la Unión Europea y las coaliciones nacionales entre ambas suelen ser transitorias.
Piñera plantea un doble reto ante el oficialismo. Las anteriores tres presidenciales chilenas fueron ganadas por antipinochetistas que derrotaban a antiguos asociados de la junta. Sin embargo, estuvo por el no a Pinochet y, más bien, ha logrado captar cuadros y militantes democristianos.
Mientras los socialistas chilenos creen que manteniendo la antigua polarización entre pro y anti pinochetistas les garantiza la continuidad en el poder (sobre todo tras el enorme descrédito del ex dictador), Piñera busca remplazar esa polarización por una nueva. El llama a los democristianos a hacer un campo con él por el "humanismo cristiano" que se enfrente a los "socialistas apoyados por los comunistas".
La Democracia Cristiana no se ha roto y se mantiene, aunque no demasiado entusiasta, apoyando a Bachelet. No obstante, varios estrategas van realizando que la democracia chilena no sólo ya ha dejado de ser el principal partido de su país, sino también la principal sección socialcristiana de las Américas. Bachelet, para poder conseguir los votos comunistas, ha prometido cambiar las reglas para permitir que la izquierda "dura" pueda tener sus propios curules.
Sectores de la derecha, que antes quisieron evitar el ingreso de los comunistas al parlamento, ahora verían ello como algo de lo que podrían sacar ventaja, pues les permitiría escindir a la Concertación. Los socialistas chilenos históricamente más tiempo han estado en alianza con los comunistas que con los democristianos. El hecho que la derecha chilena se escinda en dos partidos (uno social conservador y otro liberal), que la Democracia Cristiana se separe de los socialdemócratas y que aparezca una quinta fuerza parlamentaria comunista alteraría el mapa chileno haciendo que su modelo vuelva a asemejarse al europeo.
Pronostican un triunfo de Bachelet, quien sería la única mujer presidenta sudamericana. Pese a que la socialdemocracia chilena ha mantenido el pinochetismo económico y los TLC, es probable que, dado el giro continental hacia la izquierda, adopte algunos cambios radicales que terminen dividiendo a la Concertación.
Si Piñera se impone, sería el único multimillonario que ganase una elección en un subcontinente que ha tendido a elegir presidentes de cuna humilde o con discursos en pro de los pobres. Un eventual triunfo suyo haría de Santiago el principal aliado de Estados Unidos en medio de una Sudamérica que se inclina hacia la izquierda.
Para la Internacional Socialista (IS) ganar Chile es algo clave. Por ello en estos días han llegado a apoyar los mítines de Bachelet desde Felipe González y Miguel Bosé hasta Ségoléne Royal, la precandidata favorita del socialismo francés.
Para Bachelet sería una muestra que es posible compatibilizar una orientación social y pro derechos humanos con una buena relación con los mercados y EU, así como ser un factor de "moderación" frente al radicalismo "anti-imperialista" de los presidentes de de Bolivia y Venezuela, respectivamente, Evo Morales y Hugo Chávez.
La receta chilena consistiría en una prolongada concertación con el centro socialcristiano.
Desde la caída de Pinochet, la derecha mapochina no ha podido ganar ninguna presidencial debido a que la Concertación Socialdemócrata/Democristiana polarizaba al país entre quienes estuvieron por el No o el Sí a la dictadura. Piñera quiso romper esta dicotomía. Fue el primer candidato de la derecha en atacar al hoy procesado ex general y buscó dividir a la Concertación proponiendo a cuadros y electores democristianos hacer un campo "humanista cristiano" contra los rojos. Mas, parece que en ese astuto giro, en vez de romper a la Democracia Cristiana (DC) puede haberse divorciado de un importante sector de votantes pinochetistas duros quienes podrían abstenerse y quitarle el triunfo.
Una eventual derrota de Piñera acentuaría el giro continental hacia la centroizquierda y hacia distanciarse de candidatos ligados directamente al gran empresariado. Si el dueño de LAN no ganase la presidencia, podría conseguir un avance y prepararse para el 2011 si logra minar el sistema bipolar chilena y hacer que la DC rompa con los "progresistas".
La década del 80 se fue junto a la dictadura militar. Desde que la democracia representativa retornó en los años 90 las presidenciales chilenas quedaban polarizadas entre dos campos: la de los que estuvieron por el No o por el Sí a Pinochet. Esto permitió la sobrevivencia de la Concertación, la misma que ha gobernado 16 años. Chile es el único país en que socialcristianos y socialdemócratas han compartido tanto tiempo el poder. Ambas corrientes internacionales son las principales fuerzas en la Unión Europea y las coaliciones nacionales entre ambas suelen ser transitorias.
Piñera plantea un doble reto ante el oficialismo. Las anteriores tres presidenciales chilenas fueron ganadas por antipinochetistas que derrotaban a antiguos asociados de la junta. Sin embargo, estuvo por el no a Pinochet y, más bien, ha logrado captar cuadros y militantes democristianos.
Mientras los socialistas chilenos creen que manteniendo la antigua polarización entre pro y anti pinochetistas les garantiza la continuidad en el poder (sobre todo tras el enorme descrédito del ex dictador), Piñera busca remplazar esa polarización por una nueva. El llama a los democristianos a hacer un campo con él por el "humanismo cristiano" que se enfrente a los "socialistas apoyados por los comunistas".
La Democracia Cristiana no se ha roto y se mantiene, aunque no demasiado entusiasta, apoyando a Bachelet. No obstante, varios estrategas van realizando que la democracia chilena no sólo ya ha dejado de ser el principal partido de su país, sino también la principal sección socialcristiana de las Américas. Bachelet, para poder conseguir los votos comunistas, ha prometido cambiar las reglas para permitir que la izquierda "dura" pueda tener sus propios curules.
Sectores de la derecha, que antes quisieron evitar el ingreso de los comunistas al parlamento, ahora verían ello como algo de lo que podrían sacar ventaja, pues les permitiría escindir a la Concertación. Los socialistas chilenos históricamente más tiempo han estado en alianza con los comunistas que con los democristianos. El hecho que la derecha chilena se escinda en dos partidos (uno social conservador y otro liberal), que la Democracia Cristiana se separe de los socialdemócratas y que aparezca una quinta fuerza parlamentaria comunista alteraría el mapa chileno haciendo que su modelo vuelva a asemejarse al europeo.
Pronostican un triunfo de Bachelet, quien sería la única mujer presidenta sudamericana. Pese a que la socialdemocracia chilena ha mantenido el pinochetismo económico y los TLC, es probable que, dado el giro continental hacia la izquierda, adopte algunos cambios radicales que terminen dividiendo a la Concertación.
Si Piñera se impone, sería el único multimillonario que ganase una elección en un subcontinente que ha tendido a elegir presidentes de cuna humilde o con discursos en pro de los pobres. Un eventual triunfo suyo haría de Santiago el principal aliado de Estados Unidos en medio de una Sudamérica que se inclina hacia la izquierda.
Para la Internacional Socialista (IS) ganar Chile es algo clave. Por ello en estos días han llegado a apoyar los mítines de Bachelet desde Felipe González y Miguel Bosé hasta Ségoléne Royal, la precandidata favorita del socialismo francés.
Para Bachelet sería una muestra que es posible compatibilizar una orientación social y pro derechos humanos con una buena relación con los mercados y EU, así como ser un factor de "moderación" frente al radicalismo "anti-imperialista" de los presidentes de de Bolivia y Venezuela, respectivamente, Evo Morales y Hugo Chávez.
La receta chilena consistiría en una prolongada concertación con el centro socialcristiano.
Desde la caída de Pinochet, la derecha mapochina no ha podido ganar ninguna presidencial debido a que la Concertación Socialdemócrata/Democristiana polarizaba al país entre quienes estuvieron por el No o el Sí a la dictadura. Piñera quiso romper esta dicotomía. Fue el primer candidato de la derecha en atacar al hoy procesado ex general y buscó dividir a la Concertación proponiendo a cuadros y electores democristianos hacer un campo "humanista cristiano" contra los rojos. Mas, parece que en ese astuto giro, en vez de romper a la Democracia Cristiana (DC) puede haberse divorciado de un importante sector de votantes pinochetistas duros quienes podrían abstenerse y quitarle el triunfo.
Una eventual derrota de Piñera acentuaría el giro continental hacia la centroizquierda y hacia distanciarse de candidatos ligados directamente al gran empresariado. Si el dueño de LAN no ganase la presidencia, podría conseguir un avance y prepararse para el 2011 si logra minar el sistema bipolar chilena y hacer que la DC rompa con los "progresistas".