Elecciones en Colombia
De las dos elecciones que tienen lugar hoy en el continente, en Ecuador y Colombia, ninguna reviste tanta importancia para Panamá que la última. Consideraciones de proximidad geográfica e histórica nos obligan a hacer un alto y mirar lo que ocurre en nuestra vecina.
En Panamá viven varias decenas de miles de colombianos y nuestra frontera Este no es más que una mera línea imaginaria, sólo visible en los mapas. Darién en especial, se ha beneficiado y perjudicado a un mismo tiempo de una corriente migratoria que no tiene fin.
El tratado de Montería otorgó prioritarios derechos a Colombia sobre el tránsito de sus naves por el Canal y es de esperar que ella sea socia relevante de nuestro proyecto de Centro Multilateral Antidrogas.
Y como quiera que estamos inmersos en nuestra propia problemática electoral, siempre es interesante examinar la experiencia colombiana en busca de respuestas para nuestra propia realidad, puesto que compartimos más semejanzas que diferencias.
Colombia logró sin embargo el bipartidismo, cuando liberales y conservadores se cansaron de dirimir por las armas sus contiendas electorales. Y durante muchos años ambos se alternaron en el poder mediante un convenio que respetaron escrupulosamente.
Pero en ocasiones han aparecido terceras fuerzas que han distorsionado el esquema y llevado pesadilla a liberales y conservadores. Uno de ellos fue la ANAPO, fundada en 1965 por el exdictador Gustavo Rojas Pinilla; y en 1970 por poco derrota a ambos partidos aliados, emergiendo triunfante el conservador Misael Pastrana Borrero por estrecho margen con olor a fraude. Facciones extremistas de ANAPO tomaron entonces las armas y crearon el M19.
La hija del exdictador, María Eugenia Rojas continuó con el partido, pero no pudo heredar el liderazgo de su padre hasta que la ANAPO virtualmente desapareció sin dejar rastro tras amplias y sucesivas derrotas en las urnas.
En esta oportunidad, se repite la coyuntura. Una poderosa tercera fuerza, esta vez liderizada por una abogada independiente, Noemí Sanín, está repuntando las encuestas en ascenso vertiginoso, colocándose a pocos puntos de los favoritos, el conservador Andrés Pastrana y el liberal Horacio Serpa. Las encuestas colocan a Sanín con el 23% de preferencia, Serpa con el 27% y Pastrana con el 32%. Se descarta que ninguno obtenga la mitad más uno para ganar la presidencia, por lo que será inevitable la segunda vuelta el 21 de junio próximo. Las mismas encuestas señalan que si Sanín logra remontar la estrecha diferencia que la separa del segundo lugar, se alzaría sólidamente triunfadora en una segunda vuelta.
Colombia en todo caso parece tentada a probar lo nuevo, como hicieron los peruanos con un oscuro profesor, Alberto Fujimori en 1990 en una de las mayores sorpresas de todos los tiempos. Panamá por poco lo hace en 1994 con Rubén Blades. Las lecciones son más que evidentes para quien las quiera entender. El liderazgo no se hereda, los fraudes traen violencia y las terceras fuerzas son opciones cuando los grandes partidos abusan de las mayorías.
En Panamá viven varias decenas de miles de colombianos y nuestra frontera Este no es más que una mera línea imaginaria, sólo visible en los mapas. Darién en especial, se ha beneficiado y perjudicado a un mismo tiempo de una corriente migratoria que no tiene fin.
El tratado de Montería otorgó prioritarios derechos a Colombia sobre el tránsito de sus naves por el Canal y es de esperar que ella sea socia relevante de nuestro proyecto de Centro Multilateral Antidrogas.
Y como quiera que estamos inmersos en nuestra propia problemática electoral, siempre es interesante examinar la experiencia colombiana en busca de respuestas para nuestra propia realidad, puesto que compartimos más semejanzas que diferencias.
Colombia logró sin embargo el bipartidismo, cuando liberales y conservadores se cansaron de dirimir por las armas sus contiendas electorales. Y durante muchos años ambos se alternaron en el poder mediante un convenio que respetaron escrupulosamente.
Pero en ocasiones han aparecido terceras fuerzas que han distorsionado el esquema y llevado pesadilla a liberales y conservadores. Uno de ellos fue la ANAPO, fundada en 1965 por el exdictador Gustavo Rojas Pinilla; y en 1970 por poco derrota a ambos partidos aliados, emergiendo triunfante el conservador Misael Pastrana Borrero por estrecho margen con olor a fraude. Facciones extremistas de ANAPO tomaron entonces las armas y crearon el M19.
La hija del exdictador, María Eugenia Rojas continuó con el partido, pero no pudo heredar el liderazgo de su padre hasta que la ANAPO virtualmente desapareció sin dejar rastro tras amplias y sucesivas derrotas en las urnas.
En esta oportunidad, se repite la coyuntura. Una poderosa tercera fuerza, esta vez liderizada por una abogada independiente, Noemí Sanín, está repuntando las encuestas en ascenso vertiginoso, colocándose a pocos puntos de los favoritos, el conservador Andrés Pastrana y el liberal Horacio Serpa. Las encuestas colocan a Sanín con el 23% de preferencia, Serpa con el 27% y Pastrana con el 32%. Se descarta que ninguno obtenga la mitad más uno para ganar la presidencia, por lo que será inevitable la segunda vuelta el 21 de junio próximo. Las mismas encuestas señalan que si Sanín logra remontar la estrecha diferencia que la separa del segundo lugar, se alzaría sólidamente triunfadora en una segunda vuelta.
Colombia en todo caso parece tentada a probar lo nuevo, como hicieron los peruanos con un oscuro profesor, Alberto Fujimori en 1990 en una de las mayores sorpresas de todos los tiempos. Panamá por poco lo hace en 1994 con Rubén Blades. Las lecciones son más que evidentes para quien las quiera entender. El liderazgo no se hereda, los fraudes traen violencia y las terceras fuerzas son opciones cuando los grandes partidos abusan de las mayorías.