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Elecciones en EEUU


Elegidos los compañeros de campaña y concluidas las convenciones de los partidos Demócrata y Republicano de los Estados Unidos, comienza la verdadera carrera para lograr captar la mayoría de los votos en noviembre. Aunque hasta ahora eran difícilmente discernibles las diferencias entre los planteamientos de los candidatos, la selección de vicepresidentes podría contribuir a resaltar las divergencias entre las ofertas políticas, las cuales definirán el resultado de las elecciones.
Primero George W. Bush eligió su vicepresidente. Esa honra recayó sobre el Secretario de Defensa durante la Guerra del Golfo, Dick Cheney. Luego el actual vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, escogió a Joe Lieberman, un senador judío.
Después de esos nombramientos y las convenciones de los partidos, al menos en dos áreas comienzan a sobresalir diferencias. En materia de seguro social, Bush propone permitir a los asegurados utilizar 2% de las contribuciones que por 12.4% de sus salarios hacen hoy día, para ser invertidos en cuentas de jubilación privada. Gore, quien también busca promover el ahorro para jubilación, rechaza dicha propuesta y en su lugar sugiere un subsidio federal dirigido a los más necesitados. En el fondo, el primero busca reestructurar el sistema hoy mientras que el segundo pretende crear mayor independencia para presumiblemente reestructurarlo después.
En educación, en la cual Gore desea gastar cuatro veces lo que propone Bush, éste busca promover competencia entre las escuelas públicas y privadas, permitiendo a los padres utilizar dineros federales contribuidos a las escuelas públicas, para las escuelas privadas que seleccionen para sus hijos.
Aún con estas diferencias, con aristas ideológicas profundas, las elecciones están lejos de tener las marcadas tonalidades de los planteamientos hechos por Ronald Reagan en 1980.
No obstante lo anterior, la apatía de los ciudadanos estadounidenses pareciera estar en aumento. La audiencia televisiva de las convenciones ha sido la más baja en la historia. Además, las diferentes encuestas confirman el desinterés ciudadano. En una de ellas, el 44% de los encuestados dijeron que no estaban siguiendo la campaña presidencial, mientras que en una encuesta similar en julio de 1996 el 36% dijo no prestarle atención a la política.
Pero para cualquiera que ha seguido una campaña presidencial en los Estados Unidos, donde cualquier desliz puede tener consecuencias trágicas para un candidato, todavía queda mucho terreno por recorrer. Por ahora, salvo por los radicales cambios en las encuestas después de los cierres de cada convención, todo parece indicar que cualquiera de los dos podría ganar, aunque sobre el papel apuntemos la ventaja que para Gore tenga la actual época de bonanza económica que coincide con una administración demócrata.


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