Elecciones en Perú
En el umbral de las elecciones en Perú, a verificarse mañana, no existen garantías confiables de un proceso limpio e imparcial. La misión de observadores de la OEA emitió un comunicado señalando cuestionamientos concretos sobre uso ilegal de recursos estatales del presidente candidato Fujimori y la lentitud sospechosa de una juez para investigar a los responsables de una fábrica de falsificación de firmas de ciudadanos que aparecen respaldando la inscripción del mismo personaje oficial. En sentido contrario, otro juez actuó con celeridad inusual para desempolvar una reclamación tributaria contra la imprenta que edita un diario opositor.
La OEA carece de facultades para impedir la realización de las elecciones del Perú y de cualquier país y así lo ha dejado sentado en su comunicado. Sin embargo, el peso político de sus objecciones no satisfechas por el gobierno se mantienen como testimonio elocuente de la turbiedad de un sufragio organizado por autoridades electorales denunciadas por su presunta participación en falsificación de firmas y otros hechos punibles.
Bajo estas circunstancias, a pocas personas parece sorprender, fuera y dentro del Perú, que, ante las evidencias de irregularidades electorales, un grupo de congresistas norteamericanos haya propuesto la posible suspensión de la ayuda económica de Estados Unidos. Por otro lado, la declaración de la empresa calificadora Duff & Phelps, destacando la pérdida de confianza que se levanta en la comunidad financiera por las criticadas elecciones, subraya la responsabilidad asumida por la obstinación continuista inconstitucional de Fujimori.
¿ Ambición política desorbitada, estrategia para impedir investigaciones sobre derechos humanos, manejos absolutistas de una cúpula militar disfrazada de régimen civil? Cualquiera que sea la motivación, más podrá la voluntad del pueblo peruano de ejercer su derecho de votar sin restricciones y de vigilar que el recuento de sus votos se efectúe objetivamente y sin actas falsificadas o adulteradas. Por lo pronto, el inesperado repunte de la popularidad de algunos candidatos independientes, que no han tenido acceso a la publicidad por TV, indica que las decisiones de los ciudadanos acaban derrotando las maquinarias del fraude electoral. Confiamos en que esto acontezca así el día de mañana.
La OEA carece de facultades para impedir la realización de las elecciones del Perú y de cualquier país y así lo ha dejado sentado en su comunicado. Sin embargo, el peso político de sus objecciones no satisfechas por el gobierno se mantienen como testimonio elocuente de la turbiedad de un sufragio organizado por autoridades electorales denunciadas por su presunta participación en falsificación de firmas y otros hechos punibles.
Bajo estas circunstancias, a pocas personas parece sorprender, fuera y dentro del Perú, que, ante las evidencias de irregularidades electorales, un grupo de congresistas norteamericanos haya propuesto la posible suspensión de la ayuda económica de Estados Unidos. Por otro lado, la declaración de la empresa calificadora Duff & Phelps, destacando la pérdida de confianza que se levanta en la comunidad financiera por las criticadas elecciones, subraya la responsabilidad asumida por la obstinación continuista inconstitucional de Fujimori.
¿ Ambición política desorbitada, estrategia para impedir investigaciones sobre derechos humanos, manejos absolutistas de una cúpula militar disfrazada de régimen civil? Cualquiera que sea la motivación, más podrá la voluntad del pueblo peruano de ejercer su derecho de votar sin restricciones y de vigilar que el recuento de sus votos se efectúe objetivamente y sin actas falsificadas o adulteradas. Por lo pronto, el inesperado repunte de la popularidad de algunos candidatos independientes, que no han tenido acceso a la publicidad por TV, indica que las decisiones de los ciudadanos acaban derrotando las maquinarias del fraude electoral. Confiamos en que esto acontezca así el día de mañana.