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Elecciones en Venezuela


Las recientes elecciones para escoger legisladores y gobernadores en Venezuela, parece corroborar el ascenso de fuerzas independientes, hostiles al establishment civil, y el ocaso de los partidos históricos. Algunos observadores internacionales predicen que Venezuela acusa la tendencia de regresar a los tiempos del populismo antidemocrático del general Marcos Pérez Jiménez, quien gobernó despóticamente persiguiendo a los partidos políticos, ganando el respaldo del lumpen con programas de viviendas populares, grandes obras públicas y medidas económicas de corte espectacular.
Aunque el coronel (r) Hugo Chávez en esta ocasión no se orienta por la vía del golpe de Estado sino por el sufragio, es muy perceptible, hasta se diría peligrosamente perceptible, su animadversión por el sistema democrático cimentado en patrones políticos civiles. El lenguaje apocalíptico que empleó en la campaña puede traducirse en hechos, habiendo ganado la agrupación Polo Patriótico, que él encabeza, cerca del cincuenta por ciento de los escaños en ambas cámaras y en las gobernaciones. En sentido contrario, bastiones tradicionales como los partidos Acción Democrática, Copei y otros, han menguado su presencia en el Congreso, recibiendo claramente del electorado un contundente voto de castigo por sus divisiones internas y, particularmente, por su incapacidad para manejar la grave crisis económica y social que confronta el país.
Tal como se presentan las perspectivas electorales, no se descarta que Chávez pueda alcanzar la presidencia de la República en las elecciones del seis de diciembre próximo, a menos que los partidos tradicionales respalden en las urnas al independiente de origen social-cristiano Henrique Salas Romer, que resultó cabeza de la segunda fuerza electoral. En los hechos las elecciones parlamentarias tienen el efecto de una primera vuelta y las presidenciales, de una segunda vuelta, propiciando la rearticulación de fuerzas civiles frente al adverario común.
Gane Chávez o gane Salas, la problemática económica venezolana no mejoraría como por arte de magia. Chávez, por línea de carrera, lejos de aliviar, agravaría la crisis que deja Caldera, con su renuencia a seguir las pautas financieras internacionales en medio de la inestabilidad de los precios del petróleo, recurso básico en la economía venezolana. Cuando Chávez lleve al hastío de las masas su discurso antipartidario podría ser arrollado por la incapacidad del país para atender las promesas demagógicas de orden social. Pérez Jiménez subsistió entre ingresos petroleros millonarios. Chávez gobernaría en medio de la pobreza fiscal, del desempleo galopante y de las presiones de los empleados públicos para obtener mejoras salariales sin financiamiento. En otras palabras, un gobierno del exmilitar golpista tiene perspectivas tan oscuras como el petróleo de la Faja del Orinoco.

101 años de Panamá América

 
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