Elecciones en Venezuela, Colombia y Ecuador
Tal parece que la democracia transita por oscuros laberintos por los predios sudamericanos. Al fin de inminentes procesos electorales, cualquier cosa puede suceder si gana la presidencia de Venezuela el militar golpista Hugo Chávez, a la cabeza de las encuestas de popularidad; la estrecha franja de distancia entre Andrés Pastrana y Horacio Serpa augura una segunda vuelta en Colombia, mientras que en Ecuador la gran mayoría de los electores tiene la seguridad de que quién gane la presidencia no podrá resolver rápidamente el conglomerado de problemas de ingobernabilidad política y económica que azota a la nación sureña.
El coronel Chávez no tiene quien la escriba el guión de un gobierno coherente y estable. El pueblo venezolano profundamente desilusionado de los partidos tradicionales es probable que endose la papeleta del militar que trató derrocar a Carlos Andrés Pérez.
La otra opción también refleja sentimientos antipartidos y la encarna una exreina de belleza, Irene Sáenz, cuya única experiencia administrativa es la que obtuvo como alcaldesa del más pequeño municipio de Caracas.
Cualquiera de estos dos candidatos tendrá que remontar una montaña de problemas más alta que el Monte Avila: delincuencia desatada por doquier, galopante costo de vida, desempleo gigantesco, descrédito de los partidos históricos, ausencia de liderazgo nacional.
Como recalcó hace poco una analista colombiano, los militares de pasado golpista intentan tomar el poder a través de la vía democrática, pero pocos se arriesgan a garantizar que volverán a las viejas prácticas despóticas.
El excepticismo generalizado es la tónica de la opinión de los comentaristas de los principales diarios y revistas de Colombia al abordar las elecciones. El contexto del proceso electoral se ensombrece día a día por el avance de la guerrilla a lo largo y ancho del territorio y por los fracasos de las fuerzas armadas.
Los espacios territoriales en manos de las organizaciones subversivas han puesto en situación crítica la gobernabilidad. Estados Unidos no oculta su preocupación por la creciente desestabilización y según versión del Washington Post, habría enviado instructores militares para coadyuvar en la estrategia antisubversiva.
Por otro lado la política de ojo por ojo que ejercitan los paramilitares y grupos de autodefensa siembra el terror entre las ONG de derechos humanos y contribuye al debilitamiento de la unidad nacional, arrasando poblados y asesinando campesinos indiscriminadamente sin saber a ciencia cierta si ayudan bajo amenaza o por adhesión ideológica a los guerrilleros.
Quienquiera que gane las elecciones herederá la peor crisis desde que insurgieron las guerrillas y los paramilitares. Dicen que Jorge Eliécer Gaitán pronosticó poco antes de su asesinato que la violencia duraría más de cincuenta años. Los hechos parecieran convertir la predicción en macabra profecía.
Las calamidades del Niño, la baja del precio del petróleo y los enfrentamientos entre la Asamblea Constituyente y el gobierno han llevado la situación de Ecuador a un grado de inestabilidad más bajo que bajo el efímero y pintoresco régimen de Abdalá Bucaram. Los principales contendientes Jamil Mahuad y Humberto Noboa repiten la contienda política anterior, sin salidas convincentes a la vista.
Por otro lado, las fuerzas armadas están a la espera del desenlace sobre las negociaciones fronterizas con Perú para definir su posición. Algunos observadores ecuatorianos temen que si el gobierno de Alarcón suscribe un acuerdo en términos insatisfactorios para las fuerzas armadas, la situación podría cobrar un nuevo y riesgoso perfil para el futuro inmediato.
El coronel Chávez no tiene quien la escriba el guión de un gobierno coherente y estable. El pueblo venezolano profundamente desilusionado de los partidos tradicionales es probable que endose la papeleta del militar que trató derrocar a Carlos Andrés Pérez.
La otra opción también refleja sentimientos antipartidos y la encarna una exreina de belleza, Irene Sáenz, cuya única experiencia administrativa es la que obtuvo como alcaldesa del más pequeño municipio de Caracas.
Cualquiera de estos dos candidatos tendrá que remontar una montaña de problemas más alta que el Monte Avila: delincuencia desatada por doquier, galopante costo de vida, desempleo gigantesco, descrédito de los partidos históricos, ausencia de liderazgo nacional.
Como recalcó hace poco una analista colombiano, los militares de pasado golpista intentan tomar el poder a través de la vía democrática, pero pocos se arriesgan a garantizar que volverán a las viejas prácticas despóticas.
El excepticismo generalizado es la tónica de la opinión de los comentaristas de los principales diarios y revistas de Colombia al abordar las elecciones. El contexto del proceso electoral se ensombrece día a día por el avance de la guerrilla a lo largo y ancho del territorio y por los fracasos de las fuerzas armadas.
Los espacios territoriales en manos de las organizaciones subversivas han puesto en situación crítica la gobernabilidad. Estados Unidos no oculta su preocupación por la creciente desestabilización y según versión del Washington Post, habría enviado instructores militares para coadyuvar en la estrategia antisubversiva.
Por otro lado la política de ojo por ojo que ejercitan los paramilitares y grupos de autodefensa siembra el terror entre las ONG de derechos humanos y contribuye al debilitamiento de la unidad nacional, arrasando poblados y asesinando campesinos indiscriminadamente sin saber a ciencia cierta si ayudan bajo amenaza o por adhesión ideológica a los guerrilleros.
Quienquiera que gane las elecciones herederá la peor crisis desde que insurgieron las guerrillas y los paramilitares. Dicen que Jorge Eliécer Gaitán pronosticó poco antes de su asesinato que la violencia duraría más de cincuenta años. Los hechos parecieran convertir la predicción en macabra profecía.
Las calamidades del Niño, la baja del precio del petróleo y los enfrentamientos entre la Asamblea Constituyente y el gobierno han llevado la situación de Ecuador a un grado de inestabilidad más bajo que bajo el efímero y pintoresco régimen de Abdalá Bucaram. Los principales contendientes Jamil Mahuad y Humberto Noboa repiten la contienda política anterior, sin salidas convincentes a la vista.
Por otro lado, las fuerzas armadas están a la espera del desenlace sobre las negociaciones fronterizas con Perú para definir su posición. Algunos observadores ecuatorianos temen que si el gobierno de Alarcón suscribe un acuerdo en términos insatisfactorios para las fuerzas armadas, la situación podría cobrar un nuevo y riesgoso perfil para el futuro inmediato.