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Elecciones infantiles


Panamá está a escasos 14 meses para la realización de elecciones generales. Creo que ésta es una magnífica oportunidad para que el Tribunal Electoral, conjuntamente con asociaciones cívicas, gremiales y partidos políticos, organicen un ejercicio de formación ciudadana para educar a la niñez en los valores y en las prácticas de la democracia, difundir los derechos de la niñez y colocar el tema en la agenda pública nacional. Este ejercicio ya lo realizó con mucho éxito el Colegio Nacional de Abogados en las elecciones de 1994 y convendría que nuevamente se tomara la iniciativa para llevar adelante este proyecto, que bien puede ser auspiciado por el Tribunal Electoral y algún organismo de Naciones Unidas mediante un convenio de colaboración, que tenga como objetivo fundamental promover la participación cívica infantil, la cultura democrática y la difusión de los derechos de la niñez.
La educación cívica debe constituirse en un proceso de formación ciudadana con carácter permanente, mediante la educación formal e informal, no solamente para la población adulta, sino que la infancia y la juventud deben beneficiarse del aprendizaje de los valores y las prácticas de la democracia, favoreciendo así la construcción de capacidades cívicas.
La organización y realización de elecciones infantiles debe tener como objetivos, entre otros, los siguientes: Difundir el conocimiento de los derechos fundamentales de la niñez. -Contribuir a su reconocimiento y a su protección. -Promover en la niñez y en la juventud, el aprendizaje de los derechos y las obligaciones cívicas, para que, en su oportunidad, estén en disposición de ejercer efectivamente sus derechos como ciudadanos/as y de cumplir con sus obligaciones de manera responsable, libre, consciente e informada. -Propiciar en la niñez y en la juventud el conocimiento del valor de las elecciones como medio para expresar sus preferencias, con respeto hacia sus propias opiniones y a las de los demás. -Generar un espacio de participación que permita conocer la percepción y las opiniones de la niñez y la juventud sobre los temas que les atañen directamente.
No tengo la menor duda de que la realización de elecciones infantiles representaría un instrumento invaluable para la construcción de valores y de prácticas democráticas en los ciudadanos y ciudadanas del futuro.
Es un ejercicio que pone de relieve el papel que la educación cívica puede tener y de hecho tiene, en los procesos de formación ciudadana y al mismo tiempo sus resultados, pueden ofrecer un material excepcionalmente valioso para la reflexión sobre el sentido, el alcance y las modalidades de la educación cívica, de las tareas pendientes en materia de difusión tanto de los valores y prácticas democráticos como de los derechos de la niñez y, finalmente, sobre el propio significado de las expresiones de los niños y niñas manifestadas a través de su voto.
Evidentemente, los obispos de EU, como cualquiera persona civilizada, no han tenido ninguna ilusión sobre el comportamiento o las intenciones de Sadam Hussein. Según ellos, el Gobierno que él encabeza "tendría que ponerle fin a la represión interna, parar las amenazas a sus vecinos, cesar su apoyo al terrorismo, abandonar sus esfuerzos por desarrollar armas de destrucción masiva y destruir todas las armas semejantes que tenga". Los obispos apoyaron el trabajo de EU por lograr nuevas medidas del Consejo de Seguridad para asegurarse que Irak cumpla con la obligación de desarmarse y se unieron a otros en insistir que Irak cumpla con la última resolución del Consejo (No. 1441 del 8 de noviembre de 2002), considerada no como un preludio a la guerra, sino como un medio de evitarla.
Sin llegar a una conclusión definitiva en este caso, los obispos de EU admitieron que gente de buena fe puede discrepar acerca de la manera de aplicar las normas de la guerra justa en casos particulares. Pero sobre la base de los hechos que ellos conocen, continuaron a encontrar difícil la justificación del recurso a la guerra contra Irak, en la ausencia de una clara y adecuada evidencia de un ataque inminente de naturaleza grave. Y enumeraron las condiciones de una guerra justa, según la enseñanza de la Iglesia, que a su juicio este recurso a la guerra no satisface:
1. Que la causa sea justa. Desde este punto de vista les ha preocupado el recurso preventivo a la fuerza militar, en vez de su recurso en respuesta a un daño duradero, grave y seguro por parte de un agresor.
2. Que la declare una autoridad legítima. Desde ese punto de vista se requiere el cumplimiento de las exigencias constitucionales de los EU, un amplio consenso dentro de la nación estadounidense y alguna forma de sanción internacional, razón por la cual es tan importante tanto la acción del Congreso de los EU como la acción del Consejo de Seguridad de la ONU. Y en esta perspectiva es necesario distinguir el esfuerzo por cambiar los comportamientos de un gobierno del esfuerzo por ponerle fin a la existencia de un gobierno.
3. Que tenga probabilidad de éxito y sea proporcional a su objetivo. La seria probabilidad de éxito incluye no producir más males que los que se pretenden eliminar. Si bien no tomar acción militar puede tener consecuencias negativas, les ha preocupado que una guerra contra Irak podría tener impredecibles consecuencias para la paz y la estabilidad. Puede provocar el tipo de ataque que pretende prevenir.
4. Que se apliquen las normas que deben regir la conducta de guerra. Desde este punto de vista son decisivas las normas de inmunidad de los civiles y de proporcionalidad de la acción. Aunque se ha mejorado la capacidad de evitar que los civiles sean blancos en la guerra, el uso de la fuerza militar puede infligir daños incalculables a una población civil que ya ha sufrido guerra, represión y un embargo debilitador. "Al evaluar si el daño colateral es proporcional, la vida de hombres, mujeres y niños de Irak debe ser evaluada igual que la vida de miembros de nuestra propia familia y de los ciudadanos de nuestro propio país."
La evaluación general que hicieron los obispos de EU, los ha conducido a urgir a su nación a que prosiga activamente las alternativas a la guerra y persista en legítimas maneras de contener y disuadir acciones agresivas por parte de Irak, para lo cual se puede recurrir a un embargo militar, a sanciones políticas y sanciones económicas mejor enfocadas de manera que no pongan en peligro la vida de habitantes inocentes de Irak. Por lo demás, la preocupación por las armas de destrucción masiva de Irak debe acompañarse de medidas más amplias y fuertes de no-proliferación de tales armas, incluyendo más apoyo para programas de protección de dichas armas en todas las naciones, controles más estrictos en la exportación de misiles y de tecnología de armamento y mejor aplicación de las convenciones sobre armas biológicas y químicas.
Terminaron los obispos afirmando que "rezan por el presidente Bush y por los otros líderes mundiales para que encuentren la voluntad y las maneras de retroceder un paso del borde de la guerra con Irak y para que trabajen por una paz que sea justa y duradera."
Aunque la conclusión de los obispos de los EU adopta un tono formalmente tentativo, el análisis de las condiciones que una guerra ha de cumplir para ser justa de acuerdo con la doctrina católica, no deja la menor duda que para ellos el recurso a la guerra preventiva contra Irak no las cumple.
Cabe destacar la madurez del pueblo norteamericano en el ejercicio de la libertad, ya que la política seguida por el Gobierno en materia que es de gravedad para el país puede ser abiertamente enjuiciada por diversos sectores, lo cual es imposible hacer en países que hacen gala de su oposición a todo lo que representa o simboliza a los EU. Vale, por ello, la pena tener presente las palabras del escritor Humberto Ecco: "Se puede amar a los Estados Unidos, como tradición, como pueblo, como cultura y con el respeto que se debe a quien ha ganado a pulso los galones del país más poderoso del mundo, se puede haber estado golpeado en lo más íntimo por la herida que sufrió hace más de un año, sin por ello eximirnos de advertirle que su Gobierno está tomando una decisión equivocada y debe sentir no nuestra traición, sino nuestro franco desacuerdo. De otro modo lo que se habría conculcado sería el derecho al desacuerdo."
Fiel a su misión religiosa, el Papá y varios episcopados, sobre todo el de los EU, han proyectado valores y principios morales sobre la realidad de una guerra preventiva preconizada por la única superpotencia mundial contra un gobierno cuyo líder es moralmente condenable por una conducta criminal contra su pueblo y contra los pueblos vecinos, y por una actividad armamentista sumamente peligrosa para su región e incluso para el mundo. Y con extraordinario coraje han concluido, en desacuerdo con el gobierno de EU, que una guerra semejante sería inmoral por gravemente dañina tanto física como espiritualmente.
En el proceso han demostrado cuán insustituible puede ser su magisterio, incluso cuando la primera potencia del mundo le hace frente a una figura nefasta, pero en el proceso pierde su equilibrio y compromete su humanismo. En tales circunstancias se comprende que el Concilio Vaticano Segundo, al redactar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, para iniciar su texto haya querido asociar la Iglesia a la función de Cristo como "Lumen Gentium", Luz de los Pueblos.
(iyan@sinfo.net)

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